Sin embargo, cuando se ponga en claro el significado esotérico de este recinto, el profano podrá comprender mejor por qué David bailó “desnudo” ante el Arca de la Alianza, y estaba tan ansioso de aparecer vil por la causa de su “Señor”, y abyecto ante sus propios ojos (2).
El Arca es el Argha de los Misterios en forma de nave. Parkhurst, que hace una larga disertación sobre ella en su diccionario griego, y que no dice una palabra de esto en su diccionario hebreo, lo explica de este modo:
Archè en este sentido corresponde al Rasit hebreo o la sabiduría... una palabra que significaba el emblema del poder generativo femenino, el Arg o Arca, en la cual se suponía que el germen de toda naturaleza flotaba o se cernía sobre el gran abismo durante el intervalo que tenía lugar después de cada ciclo del mundo.
Así es, en efecto; y el Arca de la Alianza judía tenía precisamente el mismo significado, con la adición suplementaria de que, en lugar de un sarcófago casto y bello (símbolo de la matriz de la Naturaleza y de la Resurrección), como en el Sanctasanctórum de los paganos, habían hecho el Arca aún más realista en su construcción por los dos Querubines colocados, frente a frente, sobre el cofre o Arca de la Alianza, con las alas abiertas de tal manera, que formaban un Yoni perfecto (como se ve ahora en la India). Además de esto, este símbolo generador tenía su significado reforzado por las cuatro letras místicas del nombre de Jehovah, a saber I H V H; Jod, significando el membrum virile; Hé, la matriz ; Vau un garfio o gancho, un clavo, y Hé de nuevo significando también “una abertura”. El total formaba el emblema o símbolo perfecto bisexual o I (e) H (o) V (a) H, el símbolo macho y hembra.
Quizás también, cuando la gente comprenda el significado verdadero del cargo y título de las Kadesh Kadeshim, “las santas” o “las consagradas al Templo del Señor”, el “Santo de los Santos” de estas “santas”, se les presente bajo un aspecto muy poco edificante.
Iacchus es también Iao o Jehovah; y Baal o Adon, lo mismo que Baco, era un Dios fálico.
“¿Quién ascenderá al monte (el lugar elevado) del Señor?”, pregunta el santo rey David, “¿Quién ocupará su lugar sagrado (el sitio de su Kadushu?” (3). Kadesh puede significar en un sentido “dedicar”, “consagrar”, “santificar” y hasta “iniciar” o “poner aparte”; pero también significa el ministerio de los ritos lascivos -el culto de Venus- y la verdadera interpretación de la palabra Kadesh se encuentra claramente expresada (como meretriz) en el Deuteronomio, XXIII, 17; Oseas, IV 14; y Génesis, XXXVIII, 15-22. Las “santas” Kadeshim de la Biblia eran idénticas, en lo que se refiere a los deberes de su cargo a las Nautch-girls de las últimas pagodas indas. Las Kadeshim hebreas, o Galli, vivían “en la casa del Señor, en donde las mujeres tejían colgaduras para el boscaje” o el busto de Venus-Astarté (4).
El baile que ejecutó David alrededor del Arca era la “danza del círculo”, que se dice fue prescrita por las Amazonas para los Misterios. Tal era la danza de las hijas de Silo (5), y el brincar de los profetas de Baal (6). Era sencillamente una característica del culto Sabeo, pues representaba el movimiento de los Planetas alrededor del Sol. Esta danza parecía un frenesí báquico; usábanse Sistros en tales ocasiones, y el reproche de Michal y la respuesta del Rey son muy expresivos (7).
El Arca, en la cual se conservan los gérmenes de todas las cosas vivas necesarias para volver a poblar la Tierra, representa la supervivencia de la vida, y la supremacía del espíritu sobre la materia, en el conflicto de los poderes opuestos de la naturaleza. En el mapa astroteosófico del Rito Occidental, el Arca corresponde con el ombligo, y está colocada al lado izaquierdo, el lado de la mujer (la Luna), uno de cuyos símbolos es la columna de la izquierda del templo de Salomón, Boaz. El ombligo está relacionado (por medio de la placenta) con el receptáculo en donde se fructifican los embriones de la raza. El Arca es el Argha sagrada de los indos, y así no es difícil inferir su relación con el Arca de Noé, teniendo en cuenta que el Argha era un vaso oblongo, usado por los sumos sacerdotes como cáliz sacrificador en el culto de Isis, Astarté y Venus-Afrodita, todas las cuales eran Diosas de los poderes generadores de la naturaleza, o de la materia; y por tanto, representaban simbólicamente al Arca que contenía los gérmenes de todas las cosas vivas (8).
¡Cuán equivocado está el que toma las obras kabalísticas de hoy, y las interpretaciones del Zohar por los Rabinos, como sabiduría kabalística genuina de la antigüedad! (9). Pues lo mismo hoy que en los días de Federico von Schelling, la Kabalah accesible para Europa y América, no contiene mucho más que
Ruinas y fragmentos, muchos restos desfigurados de aquel sistema primitivo, clave de todos los sistemas religiosos (10).
El sistema más antiguo y la Kabalah caldea eran idénticos. Las últimas interpretaciones del Zohar son las de la Sinagoga de los primeros siglos, esto es, el Thorah (o Ley), dogmático e inflexible.
La “Cámara del Rey” en la Pirámide de Cheops es, pues, un “Sagrario de Sagrarios” egipcio. En los días de los Misterios de la Iniciación, el Candidato que representaba el Dios Solar tenía que descender dentro del Sarcófago, y representar el rayo vivificador penetrando en la matriz fecunda de la Naturaleza. Al salir de él a la mañana siguiente, tipificaba la resurrección de la Vida después del cambio llamado Muerte. En los grandes MISTERIOS, su “muerte” figurada duraba dos días, levantándose con el Sol a la tercera mañana, después de una última noche de la más crueles pruebas. Al paso que el Postulante representaba al Sol -el orbe que todo vivifica, que “resucita” todas las mañanas para comunicar vida a todo- el Sarcófago era el símbolo del principio femenino. Así era en Egipto; su forma y figura cambiaba en cada país, pero permaneciendo siempre como un barco, una “nave” simbólica o un vehículo en forma de bote, y un recipiente, simbólicamente, de los gérmenes o el germen de la vida. En la India es la Vaca “de oro”, por la cual tiene que pasar el candidato al brahmanismo si desea ser un brahman y convertirse en un Dvi-ja, “nacido por segunda vez”. el Argha en forma de media luna de los griegos era el tipo de la Reina del Cielo, Diana o la Luna. Ella era la Gran Madre de todas las Existencias, así como el Sol era el Padre. Los judíos, tanto antes como después de su metamorfosis de Jehovah en un Dios macho, rendían culto a Astoreth, lo cual hizo decir a Isaías: “Vuestras lunas nuevas y... fiestas odia mi alma” (11); dicho evidentemente injusto. Astoreth y las Fiestas de la Luna Nueva (el Argha en creciente), no tenía un significado peor, como forma de culto público, que el que tenía el sentido oculto de la Luna en general, el cual, en sentido kabalístico, estaba relacionado directamente con Jehovah, como es bien sabido; con la sola diferencia, sin embargo, de que uno era el aspecto femenino y el otro el masculino de la Luna, y de la estrella Venus.
El sol (el Padre), la Luna (la Madre), y Mercurio-Thoth (el Hijo) constituyeron la primera trinidad de los egipcios, quienes la personificaban en Osiris, Isis y Thoth (Hermes). En el Evangelio gnóstico Pistis Sopha, los siete Grandes Dioses, divididos en dos Tríadas y el Dios más elevado (el Sol), son los Poderes (Triples) inferiores, cuyos poderes residen respectivamente en Marte, Mercurio y Venus; y la Tríada superior, los tres “Dioses Invisibles” que moran en la Luna, Júpiter y Saturno (12).
Esto no requiere prueba alguna. Astoreth era, en un sentido, un símbolo impersonal de la Naturaleza, el Barco de la Vida, que lleva los gérmenes de todo ser a través del Océano Sideral sin límites. Y cuando Astoreth no era identificada con Venus, como todas las demás “Reinas de los Cielos”, a quienes se ofrecían tortas y bollos en sacrificio, se convertía en la reflexión de la “Nuah, la Madre Universal”, caldea (el Noé femenino, considerado como uno con el Arca), y de la Tríada femenina, Ana, Belita y Davkina; llamadas, cuando confundidas en una, “Diosa Soberana, Señora del Abismo Inferior, Madre de los Dioses, Reina de la Tierra y Reina de la Fecundidad”. Más tarde, Belita o Tamtu (13) (el mar), la Madre de la Ciudad de Erech (la gran Necrópolis caldea), se convirtió en Eva; y ahora es la Virgen María de la Iglesia Latina, representada de pie sobre la Luna Creciente, y, a veces, sobre el Globo, para variar el programa. La Nave, o forma de barco de la media luna, que encierra en sí todos los símbolos comunes del Barco de la Vida, tales como el Arca de Noé, el Yoni de los indos y el Arca de la Alianza, es el símbolo femenino de la “Madre de los Dioses” Universal, y se encuentra ahora bajo su símbolo cristiano en todas las Iglesias como la nave (de navis) (14). La Nave, el Barco Sideral, es fructificado por el Espíritu de la Vida, el Dios masculino; o, como lo llama el erudito Kenealy en su Apocalypse, con mucha propiedad, el Espíritu Santo. En la simbología religiosa occidental, la media luna era el aspecto macho, y la Luna llena el aspecto hembra de ese Espíritu Universal. La palabra mística ALM, que el profeta Mahoma aplicó a muchos capítulos del Korán, alude a ella como el Alm, la Virgen Inmaculada de los Cielos (15). Y de esta raíz Alm -lo sublime desciende siempre a lo ridículo- es de donde derivamos la palabra Almeh, las bailarinas egipcias. Estas últimas son “vírgenes” del mismo tipo que las Nautches en la India y que las Kadeshim (femeninas), las “santas” de los templos judíos (consagrados a Jehovah, que representaba ambos sexos), cuyas santas funciones en los templos israelitas eran idénticas a las de las Nautches.
Ahora bien; Eustaquio declara que IO significa la Luna , en el dialecto de los argianos; era también uno de los nombres de la Luna en Egipto. Jablonski dice:
Ioh, Egyptüs Lunam significat neque habent illi, in communi sermonis usu, aliud nomen quo Lunam designent proeter IO.
La Columna y el Círculo (IO), que era para Pitágoras el número perfecto contenido en la Tetraktys (16), se convirtió más tarde en un número eminentemente fálico, principalmente entre los judíos, para los cuales es el Jehovah macho y hembra.
He aquí cómo lo explica un erudito:
Veo, en la piedra Rosetta de Uhlemann, la palabra mooth (también en Seiffarth), el nombre de la Luna, usada como un ciclo de tiempo; de aquí el mes lunar del jeroglífico con y
como determinantes, presentados como el IOH copto, o IOH. El hebreo puede usarse también como IOH, pues la letra vau era usada como o y como u, y como v o w. Esto era antes de la Masora, cuyo punto (.) era usado como = o, = u, y = v o w. Ahora bien; yo había puesto en claro, buscando entre originales, que la gran función distintiva del nombre de Dios Jehovah designaba la influencia de la luna como la causa de la generación, y de su valor exacto como año lunar en la medida natural de los días, como veréis perfectamente... Y aquí se presenta esta misma palabra lingüística de un origen mucho más antiguo; esto es, el copto, o más bien del antiguo egipcio en tiempo del copto (17).
Esto es tanto más notable cuanto que la egiptología lo compara con lo poco que sabe de la Tríada tebana, compuesta de Ammon, Moth (o Mot) y su hijo Khonsoo. Esta Tríada, cuando unida, estaba contenida en la Luna como símbolo común; y cuando separada, era Khonsoo, el Dios Lunus, confundido de este modo con Thoth y Phtah. Su madre Moot, cuyo nombre, sea dicho de paso, significa “Madre”, y no la Luna, que era sólo su símbolo, es llamada la “Reina del Cielo”, la “Virgen”, etc., por ser un aspecto de Isis, Hathor y otras Diosas Madres. Más bien que la esposa era la madre de Ammon, cuyo título distintivo es el de “esposo de su madre”. En una pequeña estatua de Boulaq, Cairo, esta Tríada está representada como la momia de un Dios, teniendo en la mano tres cetros diferentes, y con el disco lunar en la cabeza, mostrando la característica trenza de pelo el designio de representarla como la de un Dios niño, o el “Sol”, en la Tríada. Era el Dios de los Destinos en Tebas, y aparece bajo dos aspectos: 1º, como Khonsoo, el Dios Lunar y Señor de Tebas, Nofir-hotpoo, “el que está en absoluto reposo”; y 2º, como “Khonsoo irisokhroo” o “Khonsoo, que ejcuta el Destino”; el primero preparando los sucesos y concibiéndolos para aquellos que nacen bajo su influencia generadora, y el último poniéndolos en acción (18). Bajo las permutaciones teogónicas Ammon se convierte en Horus, Hor-Ammon; y a Moot (h)-Isis se la ve amamantándole en una escultura de la época saítica (19). Khonsoo, a su vez, en su Tríada transformada, se convierte en Thoth-Lunus, “el que opera la salvación”. Su frente está coronada con la cabeza de un ibis adornada con el disco lunar y la diadema llamada Io-tef (IO-tef) (20).
Ahora bien; todos estos símbolos se encuentran, ciertamente, reflejados en el Yave (con el cual algunos los identifican), o el Jehovah de la Biblia. Esto lo verá claro todo el que lea The Source of Measures, o The Hebrew Egyptian Mystery, y comprenda sus pruebas claras, matemáticas e innegables de que el fundamento esotérico del sistema usado en la construcción de la Gran Pirámide, y las medidas arquitectónicas empleadas en el Templo de Salomón (ya sea éste un mito o una realidad), el Arca de Noé y el Arca de la Aliana, son lo mismo. Si hay algo en el mundo que pueda dirimir la contienda de si tanto los judíos antiguos como los modernos postbabilónicos, y especialmente los primeros, construyeron su Teogonía y Religión sobre el mismo fundamento que lo hicieron todos los paganos, es la obra en cuestión.
Y ahora puede ser conveniente recordar al lector lo que dijimos de IAO en Isis sin Velo:
Ninguna deidad presenta tanta variedad de etimologías como Iaho, ni tampoco hay otro nombre que pueda pronunciarse de tantos modos diversos. Sólo asociándolo con las puntos Masoréticos, consiguieron los últimos Rabinos que Jehovah se leyese “Adonai”, o Señor. Filón de Biblos lo escribe en letras griegas IETQ, IEVO. Theodoret dice que los samaritanos lo pronunciaban Iabé (Yahva), y los judíos Yaho; lo cual le haría ser, como hemos indicado, I-Ah-O. Diodoro declara que “entre los judíos se cuenta que Moisés llamó al Dios IAO”. Bajo la autoridad de la misma Biblia, sostenemos que Moisés, antes de su iniciación por Jethro, su suegro, nunca había conocido la palabra Iaho (21).
Lo anterior ha sido corroborado por una carta privada, de un kabalista muy erudito. En nuestro primer volumen (22), se declara que exotéricamente Brahma (neutro), que confunden con tanta ligereza y tan a menudo los orientalistas con Brahmâ (el masculino), es llamado algunas veces Kâlahamsa, el “Cisne de la Eternidad”; y el significado Esotérico de Ahamsa, se expone como “Yo (soy) él”, siendo So-ham igual a Sah “el”, y a Aham “Yo”; un anagrama y permutación místicas. Es también el Brahmâ de “cuatro caras”, el Chatur-mukham (el Cubo Perfecto) formándose dentro del Círculo Infinito, y del mismo; y también se explica el uso del 1, 3, 5, y (7 bajo 7) = 14, como la Jerarquía Esotérica de los Dhyân Chochans. Sobre este punto el corresponsal antes mencionado, comenta del siguiente modo:
Del 1, 3, 5 y doble 7, teniendo por objeto, y muy especialmente, 13514, que en un círculo pueda leerse como 31415 (o valor ‘pi’), creo que no es posible dudar; y, sobre todo, cuando se considera con marcas simbólicas sobre Sacr’ (23), “Chakra” o círculo de Vishnu.
Pero permitidme que lleve vuestra descripción un paso más lejos. Decís: “El Uno procedente del Huevo, el Seis y el Cinco (24) dan los números 1065 , valor del Primogénito”. Si es así, entonces en 1065 tenemos el famoso nombre de Jehovah, el Jve o Jave, o Júpiter; y por cambio del en , o h en n , luego o el Jun o Juno latino, base de enigma chino, clave para medir los números de Sni (Sinaí) y Jehovah, descendiendo sobre este Monte, cuyos números (1065) son sólo el uso de nuestra razón de 113 : 335; porque 1065 = 355 x 3, que es la circunferencia de un diámetro de 113 x 3 = 339. De modo que el primogénito de Brahmâ-Prajâpati (o de cualquier Demiurgo) indica el uso de la medición de una relación circular tomada del Chakra (o Vishnu), y, como se ha dicho antes, la manifestación Divina toma la forma de la Vida y del Primogénito.
Es una cosa muy singular: En el pasaje de entrada a la Cámara del Rey, la medida desde la superficie del Gran Escalón (25) y de la Gran Galería hasta el extremo de ésta, es, según las medidas muy cuidadosas de Piazzi Smyth, de 339 pulgadas. Tómese a como centro, y con este radio descríbase un círculo; el diámetro de este círculo será 339 x 2 = 678, y estos números son los de la expresión y el cuervo en las escenas o imágenes de la “paloma y del cuervo” del Diluvio de Noé (tomándose el radio para mostrar la división en dos partes, las cuales son 1065 cada una); pues 113 (el hombre) x 6 = 678, y el diámetro para una circunferencia de 1065 x 2; así que tenemos aquí una indicación del hombre cósmico en este alto grado o escalón, a la entrada de la Cámara del Rey (el Santo de los Santos), que es la matriz. Ahora bien; este pasaje tiene tal altura que para penetrar en él tiene un hombre que encorvarse. Pero un hombre derecho es 113, y dividido o encorvado se convierte en 113 sobre 2 = 56’5, ó 5,65 x 10, Jehovah. Es decir, que él le personifica (26) entrando en el Santo de los Santos. pero para el Esoterismo hebreo, la función principal de Jehovah era dar hijos, etc. y esto porque, según los números de su nombre, era la medida del año lunar, cuyo ciclo de tiempo -puesto que por medio de su factor 7 (siete) transcurría tan coordinadamente con los períodos del de la vivificación, viabilidad y gestación- fue tomado como causante de la acción generadora, y por tanto, se le adoraba e imploraba.
Este descubrimiento relaciona aún más a Jehovah con todos los demás Dioses Creadores o Generadores, Solares y Lunares, y especialmente con el “Rey” Soma, el Deus Lunus indo, la Luna, a causa de la influencia esotérica atribuida a este astro en Ocultismo. Hay, sin embargo, otras corroboraciones de eso en la misma tradición hebrea. Adán es mencionado en el More Nevochim (o “Guía de los Perplejos” -¡verdaderamente!-) de Maimónides, con dos aspectos: cual hombre nacido como todos los demás de hombre y mujer, y como el Profeta de la Luna; y la razón de esto se presenta ahora aparente y tiene que explicarse.
Adán, como supuesto gran “Progenitor de la Raza Humana”, es hecho, como Adam Kadmon, a imagen de Dios, y por tanto, es una imagen priápica. Las palabras hebreas Sacr’ y N’cabvah, son, literalmente traducidas, Lingam (Falo) y Yoni (Cteis), a pesar de su traducción en la Biblia por “macho y hembra” (27). Según se dice allí, “Dios crea al hombre a su propia imagen, a la imagen de Dios él le creó; macho y hembra los creó”: el Adam-Kadmon andrógino. Ahora bien; este nombre kabalístico no es el de ningún hombre viviente, ni aun el de un Ser humano o divino, sino el de los dos sexos u órganos de la procreación, llamados en hebreo, con esa usual sinceridad del lenguaje preeminentemente bíblica, Sacr’ y N’cabvah (28); siendo estos dos, por tanto, la imagen bajo la cual el “Señor Dios” se aparecía generalmente a su pueblo escogido. Que esto es así, está ahora probado de un modo innegable por casi todos los simbologistas y eruditos hebreos, así como por la Kabalah. Por tanto, Adán es, en un sentido, Jehovah. Esto pone en claro otra tradición general en Oriente, mencionada en Notes and Observations upon several Passages in Escriture (29), de Gregorie, y citada por Hargrave Jennings en su Phallicism:
Ese Adán fue ordenado por Dios que su cadáver permaneciese sobre la tierra hasta que, completado el tiempo, llegase a ser depositado... en medio de la tierra, por un sacerdote del Más Alto Dios...
Por este motivo,
Noé oraba diariamente en el Arca ante el “Cuerpo de Adán -(30).
o ante el Falo en el Arca, o también el Santo de los Santos. El que es kabalista y está acostumbrado a la permutación incesante de los nombres bíblicos, una vez interpretados numérica y simbólicamente, comprenderá el sentido.
Las dos palabras de que se compone el nombre de Jehovah completan la idea original de macho hembra, como causa del nacimiento; pues el era el membrum virile, y Hovah era Eva. Así... el perfecto, como originador de las medidas, toma también la forma de origen del nacimiento, como hermafrodita; de aquí, el uso fálico de la forma (31).
Además, el mismo autor demuestra numérica y geométricamente que (a) Arets, “la tierra”; Adán, “el hombre”, y H-adam-h están estrechamente relacionados, y se hallan personificados en la Biblia bajo una sola forma, como el Marte egipcio y hebreo, Dios de la Generación (32); y (b) que Jehovah, o Jah, es Noé, pues Jehovah es Noé, en hebreo sería , o literalmente, Pulgada.
Lo anterior proporciona, pues, una clave de las mencionadas tradiciones. Noé, una permutación divina, el supuesto Salvador de la humanidad, que lleva en su Arca o Argha (la Luna), los gérmenes de todas las cosas vivas, rinde culto ante el “Cuerpo de Adán”, cuyo cuerpo es la imagen del Creador, y un Creador él mismo. De aquí que Adán sea llamado el “Profeta de la Luna”, el Argha o “Santo de Santos” de Yod. Esto muestra también el origen de la creencia popular judía de que la cara de Moisés está en la Luna, esto es, las manchas de la Luna. Pues Moisés y Jehovah son, kabalísticamente, otras permutaciones, como se ha indicado. El autor de The Source of Measures, dice:
Hay un hecho referente a Moisés y a sus obras demasiado importante para ser omitido. Cuando el Señor le instruye acerca de su misión, el nombre de poder que asume la Deidad es, Yo soy lo que soy, siendo las palabras hebreas, una lectura diversa de . Ahora bien, Moisés es e igual a
345.
Añádese el valor de la nueva forma del nombre de Jehovah, 21 + 501 + 21 = 543, o leyendo a la inversa 345; mostrando así que Moisés es una forma de Jehovah en esta combinación 21 ./. 2 = 10,5 , o invertido 501; de modo que el asher o el lo que en Yo soy lo que soy es simplemente una guía para usar el 21 ó 7 x 3. 501a la 2ª potencia = 251 +, un número de pirámide muy valioso, etc. (33).
Súmense los números de estas palabras separadas, tendremos:
21 501 21
Esto se relaciona con el proceso de descenso en el Fuego, sobre el Monte, para hacer al Hombre, etc., y se explica que no es sino una contraseña y uso de los números de las montañas; pues por una lado tenemos 10 + 5 + 6 = 21, en medio de 501 y al otro lado 6 + 5 + 10 = 21 (34).
El “Santo de los Santos”, tanto kabalístico como rabínico, se ve, pues, que es un símbolo internacional y de propiedad común. Ninguno de ellos se había originado entre los hebreos; pero debido al manejo demasiado realista de los levistas medio iniciados, el símbolo había adquirido entre ellos un significado que no tiene ningún otro pueblo hasta hoy, y que originalmente nunca le fue atribuido por el verdadero kabalista. El Lingam y Yoni de la generalidad de los indos modernos, no es, por supuesto, como tal, mejor que el “Santo de los Santos” rabínico, pero tampoco es peor; lo cual es un punto ganado a los traductores cristianos de las filosofías religiosas asiáticas. Pues, en tales mitos religiosos, en el simbolismo oculto de una creencia y filosofía, el espíritu de las doctrinas propuestas debe decidir de su valor relativo. Y nadie dirá que, examinada en cualquier sentido, esta llamada “Sabiduría”, aplicada solamente a los usos y a beneficio de una pequeña nación, haya desarrollado jamás en ella algo que se asemeje a una ética nacional. Los Profetas están ahí para enseñar el camino de la vida al pueblo elegido pero “de dura cerviz”, antes, en tiempo de Moisés, y después de él. Que en un tiempo poseyeron la Sabiduría de la Religión y el uso de su lenguaje y símbolos universales está probado, por existir el mismo esoterismo hasta hoy en la India, respecto del “Santo de los Santos”. Éste, como ya se ha dicho, era y es aún el paso por la Vaca “de Oro” en la misma posición encorvada que requería la Galería de la Pirámide, y que identificaba al hombre con Jehovah en el esoterismo hebreo. Toda la diferencia radica en el espíritu de la interpretación. Para los indos, lo mismo que para los egipcios antiguos, este espíritu era y es completamente metafísico y psicológico; para los hebreos era realista y fisiológico. Señalaba la primera separación sexual de la raza humana -Eva dando a luz a Caín-Jehovah, como se muestra en The Source of Measures; la consumación de la unión y concepción fisiológica terrestre- como en la alegoría de Caín derramando la sangre de Abel, siendo Habel el principio femenino; y el parto, proceso que se ha dicho principió en la Tercera Raza, o con el Tercer hijo de Adán, Seth, con cuyo Hijo Henoch, los hombres principiaron a llamarse Jehovah o Jah-hovah, el Jod masculino y Havah o Eva, a saber, seres machos y hembras (35). De modo que la diferencia está en el sentimiento religioso y ético, pero los dos símbolos son idénticos. No hay duda que para el iniciado completo Judean Tanaim, el sentido interno del simbolismo era tan santo en su abstracción como para los antiguos Dvijas arios. El culto del “Dios en el Arca” data solamente de David; durante un millar de años, Israel no conoció ningún Jehovah fálico. Y ahora la antigua Kabalah editada y vuelta a editar, se halla plagada de él.
Entre los antiguos arios, el significado oculto era grandioso, sublime y poético, por mucho que la apariencia externa de su símbolo pueda militar ahora contra esta pretensión. La ceremonia de pasar por el Santo de los Santos -simbolizado ahora por la Vaca, pero en el principio por el templo Hiranyagarbha, el Huevo Radiante, en sí mismo símbolo de la Naturaleza Abstracta Universal- significaba la concepción y nacimiento espiritual, o más bien el renacimiento del individuo y su regeneración; el hombre encorvado a la entrada del Sanctasanctórum, pronto a pasar por la Matriz de la Madre Naturaleza, o la criatura física pronta para volver a convertirse en el Ser Espiritual original, el HOMBRE pre-natal. Entre los semitas, este hombre encorvado significaba la caída del Espíritu en la Materia, y de esta caída y degradación hacían apoteosis, con el resultado de arrastrar a la Deidad al nivel del hombre. Para los arios, el símbolo representaba el divorcio del Espíritu de la Materia, la vuelta a la Fuente primordial y la sumersión en ella; para el semita, el connubio del Hombre Espiritual con la Naturaleza Femenina Material, lo fisiológico sobreponiéndose a lo psicológico y puramente inmaterial. Los puntos de vista arios sobre el simbolismo eran los de todo el mundo pagano; las interpretaciones semíticas emanaban, y eran eminentemente propias de una tribu pequeña, marcando así sus rasgos nacionales y los defectos idiosincrásicos que caracterizan a muchos judíos hasta hoy día; realismo grosero, egoísmo y sensualidad. Habían hecho un trato, por medio de su padre Jacob, con la deidad de su tribu, exaltada por sí sobre todas las demás, y el pacto de que su “semilla será como el polvo de la tierra”; y esta deidad no podía tener en lo sucesivo una imagen mejor que la del símbolo de la generación, y como representación un número y números.
Carlyle tiene frases sabias para ambas naciones. Para los indo-arios -el pueblo más metafísico y espiritual de la tierra- la religión ha sido siempre, según sus palabras:
Una perdurable estrella-guía que brilla tanto más luminosa en el cielo cuanto más oscura es la noche que aquí en la tierra les rodea.
La religión del indo le aparta de esta tierra; por tanto, aun hoy, el símbolo de la vaca es uno de los más grandiosos y filosóficos entre todos los demás en un sentido interno. Para los “Amos” y “Señores” de las potencias europeas, los israelitas, ciertas palabras de Carlyle se aplican aún más admirablemente; para ellos
La religión es un sentimiento prudencial fundado en el mero cálculo.
y así ha sido desde su principio. Habiéndose cargado con ella, las naciones cristianas se ven obligadas a defenderla y a poetizarla a expensas de todas las demás religiones.
Pero no sucedía lo mismo con las naciones antiguas. Para ellas el pasaje de entrada y el sarcófago en la Cámara del Rey significaban regeneración, no generación. Era el símbolo más solemne un Santuario de Santuarios , verdaderamente, en donde se formaban Hierofantes Inmortales e “Hijos de Dios”, nunca hombres mortales e hijos de la lujuria y de la carne, como sucede ahora en el sentido oculto del kabalista semita. La razón de la diferencia en los puntos de vista de las dos razas, se explica fácilmente. El indo-ario pertenece a las razas más antiguas existentes ahora en la Tierra; el hebreo semita, a las últimas. El primero tiene casi un millón de años de antigüedad; el segundo pertenece a una pequeña subraza de unos 8.000 años no más de edad (36).
Pero el culto fálico se ha desarrollado solamente con la pérdida gradual de las claves de los significados íntimos de los símbolos religiosos; y hubo un día en que los israelitas tuvieron creencias tan puras como la de los arios. Ahora el judaísmo, basado sólo en el culto fálico, se ha convertido en una de las últimas creencias del Asia, y teológicamente en una religión de odio y malicia hacia todos y todo fuera de ella. Filón - el judío muestra lo que era la fe genuina hebrea. Las Escrituras Sagradas -dice- prescriben lo que debemos hacer, ordenándonos odiar a los paganos, sus leyes e instituciones. Cierto: odiaban, en efecto, públicamente, el culto de Baal o Baco, pero dejaban que sus peores rasgos se siguiesen en secreto. Entre los judíos talmúdicos era donde se profanaban más los grandes símbolos de la naturaleza. Entre ellos, como se ha demostrado ahora con el descubrimiento de la clave para la comprensión exacta de la Biblia, se profanaba la Geometría, la quinta Ciencia Divina - “quinta” en la serie de las Siete Claves para el Lenguaje y Simbología Esotéricos universales- aplicándola a ocultar los misterios sexuales más terrestres y groseros, que degradaban tanto a la Deidad como a la religión.
Se nos dice que sucede precisamente lo mismo con nuestro Brahmâ-Prajâpati, con Osiris y todos los demás Dioses Creadores. Así es, cuando se juzga a sus ritos exotérica y externamente; pero lo contrario ocurre cuando su significado interno es develado, como vemos. El Lingam hindú es idéntico a la “Columna” de Jacob; es innegable. Pero la diferencia, como se ha dicho, parece consistir en el hecho de que el significado esotérico del Lingam era verdaderamente demasiado sagrado y metafísico para poderse revelar al profano y al vulgo; de aquí que su apariencia superficial se dejase a las especulaciones de la muchedumbre. Los hierofantes arios y brahmanes, en su orulloso exclusivismo y en la satisfacción de su conocimiento, no se hubieran tomado el trabajo de ocultar su desnudez primitiva bajo fábulas ingeniosas; mientras que los Rabinos, habiendo interpretado el símbolo con arreglo a sus propias tendencias, tuvieron que velar su crudo significado; y esto sirvió para un doble propósito: el de guardar el secreto para sí mismo, y el exaltarles en su supuesto monoteísmo sobre los paganos que su ley les ordenaba odiar (37), mandamiento aceptado ahora gustosamente también por los cristianos, a pesar del otro mandamiento posterior: “Amaos los unos a los otros”. Tanto la India como el Egipto tenían y tienen sus lotos sagrados, símbolos del mismo “Santo de los Santos” -el loto, al crecer en el agua, siendo un símbolo doble femenino-, el portador de su propia semilla y raíz de todo. Virâj y Horus son ambos símbolos masculinos, emanando de la Nauralezaa Andrógina (uno de Brahmâ y de su doble femenino Vâch, el otro de Osiris e Isis), nunca del Dios Uno infinito. En el sistema judeo-cristiano es diferente. Mientras al loto, conteniendo a Brahmâ, el Universo, se le presenta saliendo del ombligo de Vishnu, Punto Central de las Aguas del Espacio Infinito, y al paso que Horus surge del loto del Nilo Celestial -todas estas ideas panteístas abstractas son empequeñecidas y terrestremente concretadas en la Biblia. Casi se siente uno inclinado a decir que en lo esotérico son los judíos más groseros y aun más antropomórficos que en sus interpretaciones exotéricas. Tómese como ejemplo el mismo símbolo, aun en su aplicación cristiana: las azucenas en la mano del Arcángel Gabriel (38). En el Hinduismo, el “Santo de los Santos” es una abstracción universal, cuyos dramatis persanae son el Espíritu Infinito y la Naturaleza; en el Judaísmo Cristiano es un Dios personal, exterior a esta Naturaleza, y la matriz humana -Eva, Sarah, etcétera-; de aquí un Dios fálico antropomórfico, y su imagen: el hombre
De modo que se sostiene que, respecto al contenido de la Biblia, hay que admitir una de estas dos hipótesis. O bien detrás del Jehovah sustituto simbólico estaba la Deidad Desconocida e Incognoscible, el Ain Seph kabalístico, o los judíos no han sido desde un principio más que adoradores del Lingam de la letra muerta (39) de la India de hoy. Nosotros decimos lo primero; y por tanto, el culto secreto o esotérico de los judíos era el mismo Panteísmo que se reprocha hoy a los filósofos vedantinos; Jehovah era un sustituto para los objetos de la fe nacional exotérica, y no tenía importancia ni realidad a los ojos de los sacerdotes y filósofos eruditos, los saduceos, la más refinada e instruida de todas las sectas israelitas, que se presentan como una prueba viviente de ello, al rechazar desdeñosamente toda creencia, excepto la Ley. Pues ¿cómo podían los que inventaron el esquema estupendo que ahora conocemos por la Biblia, ni sus sucesores, los cuales sabían, lo mismo que lo saben todos los kabalistas, que fue totalmente inventada para que sirviese como “velo” popular; cómo podían ellos, preguntamos, sentir reverencia alguna por semejante símbolo fálico y por un número, como se muestra de modo innegable, que es Jehovah, en las obras kabalísticas? ¿Qué filósofo digno de tal nombre y que supiese el sentido secreto verdadero de su “Pilar de Jacob”, de sus Bethels, de su Falo ungido de aceite, y de su “Serpiente de Bronce”, podría rendir culto a semejante símbolo grosero, y oficiar bajo el mismo, viendo en él su “Alianza”, el Señor mismo? Que el lector se dirija al Gemara Sanhedrim, y que juzgue. Según han mostrado diversos escritores, y según Hargrave Jennings declara brutalmente en su Phallicism:
Sabemos por los anales judíos que el Arca contenía una tabla de piedra; y siendo así, puede demostrarse que esta piedra era fálica, y sin embargo, idéntica al sagrado nombre de Jehovah o Yehovah, el cual, escrito en hebreo sin puntuar, con cuatro letras, es J-E-V-E- o J-H-V-H ( siendo la H meramente una letra aspirada y lo mismo que E. Este proceso nos deja las dos letras I y V (o en otra de sus formas U); luego, si colocamos la I en la U tenemos el “Santo de los Santos”; tenemos también el Linga y Yoni y Argha de los indos, el Iswara (Íshvara) o “Señor supremo”; y aquí está todo el secreto de su significación mística y de arco celestial, confirmada por sí sola, al ser idéntico al Linyoni (?) del Arca de la Alianza (40).
Los judíos bíblicos de hoy no datan de Moisés sino de David, aun admitiendo la identidad de los documentos antiguos y genuinos con los posteriores mosaicos reformados. Antes de aquel tiempo, su nacionalidad se pierde en las nieblas de la oscuridad prehistórica, cuyo velo levantamos ahora, tanto como nos lo permite es espacio. Los críticos menos severos sólo pueden referir el Antiguo Testamento a los días de la cautividad de Babilonia, como siendo aproximadamente las opiniones corrientes en los tiempos de Moisés. Hasta cristianos y adoradores de Jehovah, tan fanáticos como el Rev. Mr. Horne, tienen que admitir los numerosos cambios y alteraciones hechos por los últimos compiladores del “Libro de Dios” desde que fue encontrado por Hilkiah (41), y dado que
El Pentateuco salió de los documentos más antiguos o primitivos, por medio de uno suplementario.
Los textos Elohíticos se volvieron a escribir 500 años después de la fecha de Moisés, y los Jehovíticos 800, con arreglo a la autoridad de la misma cronología bíblica. Por esto se sostiene que la deidad, representada como el órgano de la generación en su forma de columna, y como símbolo del órgano de doble sexo en el valor numérico de las letras de su nombre -el Yod, o “falo” y Hé, la “abertura” o la “matriz” según la autoridad kabalística-, es de una fecha muy posterior a la de los símbolos de Elohim, y ha sido tomada de los ritos exotéricos paganos; y he aquí que Jehovah esté al nivel de los Lingam y Yoni que pueden verse a los lados de los caminos de la India.
Así como el IAO de los Misterios era distinto de Jehovah, el Iao y Abraxas posterior, o Abrasax, de algunas sectas gnósticas, era idéntico al Dios de los hebreos, el cual era lo mismo que el Horus egipcio. Esto está probado de modo innegable, tanto por joyas “paganas” como por las gnósticas “cristianas”. En la colección de Matter de tales joyas hay un “Horus”
Sentado en el loto, inscrito (abrasax Iao) - nombre exactamente paralelo al tan frecuente (Eis Zeus Sarapi) de las joyas paganas contemporáneas, y por tanto, que sólo puede traducirse por “Abraxas es el Jehovah Uno” (42).
Pero ¿quién era Abraxas? Según indica el mismo autor:
El valor numérico o kabalístico del nombre de Abraxas se refiere directamente al título persa del dios “Mithras”, Regente del año, adorado desde los tiempos más primitivos bajo el apelativo de Iao (43).
Así, pues, era el Sol bajo un aspecto, y la Luna o el Genio Lunar en otro, esa Deidad Generadora a quien los gnósticos saludaban como “Tú que presides sobre los Misterios del Padre y del Hijo, que brillas durante la noche, teniendo el segundo rango, el primer Señor de la Muerte.”
Sólo en su capacidad de Genio de la Luna -en la antigua cosmogonía, supuesta madre de nuestra Tierra- es como Jehovah ha podido ser considerado como Creador de nuestro Globo y de su Cielo, esto es, el Firmamento.
El conocimiento de todo esto, sin embargo, no significará prueba alguna para la generalidad de los fanáticos. Los misioneros continuarán con sus violentísimos ataques contra las religiones de la India, y los cristianos seguirán leyendo con la misma sonrisa ignara de satisfacción la siguiente injusta y absurda frase de Coleridge:
Es muy digno de notar que los escritos inspirados recibidos por los cristianos se distinguen de todos los demás libros que pretenden la inspiración, de las Escrituras de los brahmanes, y hasta del Korán, en su acentuaada y frecuente recomendación de la verdad (!!).
SECCIÓN IV
SOBRE EL MITO DE LOS “ÁNGELES CAÍDOS” EN SUS VARIOS ASPECTOS
A
EL ESPÍRITU DEL MAL: ¿QUIÉN, Y QUÉ ES?
Nuestra presente contienda es exclusivamente con la Teología. La Iglesia impone la creencia en un Dios Personal y en un Demonio Personal, al paso que los Ocultistas muestran la falsedad de semejante creencia. Para los Panteístas y Ocultistas así como para los Pesimistas, la “Naturaleza” no es más que “una madre hermosa, pero como el mármol, fría”; pero esto sólo es verdad en lo que se refiere a la Naturaleza Física externa. Ambos están acordes en que, para el observador superficial, no es más que un inmenso matadero, en donde los carniceros se convierten en víctimas, y éstas, a su vez, en verdugos. Es muy natural que el profano, de ánimo pesimista,, una vez convencido de las numerosas limitaciones y fracasos de la Naturaleza, y especialmente de sus propensiones de autófago, crea esto la mejor prueba de que no hay Deidad alguna in abscondito en la Naturaleza, así como nada de divino en ella. No es menos natural que el materialista y el físico se imaginen que todo es debido a la fuerza ciega, a la casualidad, y a la supervivencia del más fuerte, aún más que del más apto. Pero los Ocultistas, que consideran a la Na turaleza Física como un haz de las más variadas ilusiones en el plano de las percepciones engañosas; que reconocen en cada dolor y sufrimiento sólo las angustias necesarias de la procreación incesante; una serie de grados hacia una perfectibilidad siempre creciente, visible en la influencia silenciosa del infalible Karma, o Naturaleza Abstracta; los Ocultistas, repetimos, ven a la gran Madre desde un punto de vista distinto. Desgraciados de aquellos que viven sin sufrir. La paralización y la muerte es el porvenir de todo lo que vegeta sin cambio. Y ¿cómo puede haber un cambio para mejorar, sin el sufrimiento proporcionado en el grado precedente? ¿No son aquellos que han aprendido a conocer el valor engañoso de las esperanzas terrestres, y los ilusorios atractivos de la naturaleza externa, los únicos destinados a resolver los grandes problemas de la vida, el dolor y la muerte?
Si nuestros filósofos modernos -precedidos por los sabios medievales- se han apropiado más de una idea fundamental de la antigüedad, los teólogos han construido por completo su Dios y sus Arcángeles, su Satán y sus Ángeles, juntamente con el Logos y su acompañamiento, con los dramatis personae de los antiguos Panteones paganos. Muy bien venidos hubieran sido para con estos, si no hubieran desfigurado astutamente los caracteres originales, pervertido el significado filosófico, y, aprovechándose de la ignorancia de la Cristiandad -resultado de largas edades de sueño mental, durante las cuales sólo le era permitido a la humanidad pensar por procuración- no hubiesen embrollado los símbolos introduciendo la confusión más intrincada. Una de sus proezas más censurables en este particular fue la transformación del divino Alter Ego en el grotesco Satán de su teología.
Como toda la filosofía del problema del mal depende de la comprensión exacta de la constitución del Ser Interno de la Naturaleza y del Hombre, de lo divino en lo animal, y, por lo tanto, también la exactitud de todo el sistema, según se expone en estas páginas respecto a la corona de la evolución (el Hombre); nunca serán bastantes todas las precauciones que tomemos contra los subterfugios teológicos. Cuando el buen San Agustín y el fogoso Tertuliano llaman al Demonio el “simio de Dios”, podemos atribuirlo a la ignorancia de la época en que vivieron. Pero es más difícil disculpar por el mismo motivo a nuestros escritores modernos. La traducción de la literatura mazdeísta ha dado pretexto a los escritores católicos romanos para probar de nuevo su orientación respecto del mismo tema. Se han aprovechado de la naturaleza doble de Ahura Mazda y de sus Amshaspends, en el Zend Avesta y el Vendidâd, para hacer resaltar aun más sus extrañas teorías. Satán es el plagiario y el copista por anticipado de la religión que vino edades después. Éste fue uno de los golpes maestros de la Iglesia Latina, su mejor triunfo de baraja después de la aparición del Espiritismo en Europa. Aun cuando sólo es, en general, un succès d’estime, aun entre los que no tienen interés alguno en la Teosofía ni en el Espiritismo, sin embargo, el arma es a menudo usada por los kabalistas cristianos (católico romanos) contra los Ocultistas orientales.
Ahora bien; hasta los mismos materialistas son completamente inofensivos, y pudieran ser considerados como amigos de la Teosofía, comparados con algunos kabalistas fanáticos “cristianos” (según ellos se llaman), “Sectarios”, como nosotros los llamamos, del Continente. Estos leen el Zohar, no para encontrar en él la antigua Sabiduría, sino para descubrir en sus versículos, mezclando textos y significados, dogmas cristianos que jamás pudieron encerrar; y, después de pescarlos con la ayuda colectiva de la casuista erudición jesuítica, los supuestos “kabalistas” proceden a escribir libros y a descarriar a los estudiantes de la Kabalah de percepción menos penetrante (1).
¿No se nos permitirá, pues, que draguemos los profundos ríos del Pasado, para traer así a la superficie la idea fundamental que condujo a la transformación del Dios de la Sabiduría, que primeramente había sido considerado como el Creador de todo lo que existe, en un Ángel del Mal; un ridículo bípedo cornudo, medio chivo, medio mono, con cascos y cola? No necesitamos desviarnos de nuestra senda para comparar a los Demonios paganos, ya sean de Egipto, India o Caldea, con el Diablo del cristianismo, pues semejante comparación no es posible. Pero podemos detenernos a considerar la biografía del Diablo cristiano, copia robada de la mitología caldeo-judía.
El origen primitivo de esta personificación se basa en el concepto arcadio de los Poderes Cósmicos -los Cielos y la Tierra- en feudo y lucha eternos con el Caos. Su Silik-Muludag (Muru-dug?), “el Dios entre los Dioses”, el “guardián misericordioso de los hombres en la tierra”, era hijo de Hea (o Ea), el Gran Dios de la Sabiduría, llamado Nebo por los babilónicos. Entre ambos pueblos, lo mismo que sucede con los Dioses indos, sus deidades eran a la vez benéficas y maléficas. Como el mal y el castigo son los agentes del Karma, en un sentido absolutamente justo retributivo, por esto el mal era servidor de Dios (2). La lectura de los ladrillos caldeo-asirios ha demostrado ahora esto, sin sombra de duda. En el Zohar vemos la misma idea. Satán era un hijo y un Ángel de Dios. Para todas las naciones semitas, el Espíritu de la Tierra era tanto el Creador en su propio reino, como el Espíritu de los Cielos. Eran ellos hermanos gemelos e intercambiables en sus funciones, cuando no dos en uno. Nada de lo que vemos en el Génesis falta en las creencias religiosas caldeo-asirias, aun en lo poco que hasta ahora ha sido descifrado. La gran “Faz del Abismo” del Génesis se marca en el Tohu Bohu (“Abismo” o “Espacio Primordial”), o Caos de los babilonios. La Sabiduría, el Gran Dios Invisible (llamado en el Génesis el “Espíritu de Dios”), vivía para los antiguos babilonios, así como para los arcadianos, en el Mar del Espacio. Hacia los días descritos por Beroso, este Mar se convirtió en las Aguas Visibles en la superficie de la Tierra: la mansión cristalina de la Gran Madre, la Madre de Ea y de todos los Dioses, que se convirtió, más adelante aún, en el gran Dragón Tiamat, la Serpiente del Mar. Su última etapa de desarrollo fue la gran lucha del Bel con el Dragón: el Diablo.
¿De dónde procede la idea cristiana de que Dios maldijo al Demonio? El Dios de los judíos, sea el que fuese, prohibe maldecir a Satán. Tanto Filón el judío como Josefo, afirman que la Ley (el Pentateuco y el Talmud) prohiben invariablemente maldecir al Adversario, así como a los Dioses de los gentiles. “No injuriarás a los Dioses” -dijo el Dios de Moisés (3)- pues Dios es quien “(los) ha repartido en todas las naciones” (4); y aquellos que hablan mal de las “Dignidades” (Dioses), son llamados “soñadores inmundos” por Judas.
Pues hasta el Arcángel Miguel... no se atrevió a presentar una acusación injuriosa en contra de él (el Demonio), sino que dijo: El Señor te reprende (5).
Finalmente, en el Talmud se dice lo mismo (6).
Satán se apareció un día a un hombre que tenía por costumbre maldecirle diariamente, y le dijo: “¿Por qué haces esto?” Considera que Dios mismo no quiso maldecirme, sino que sólo dijo: “El Señor te reprende, Satán” (7).
Este informe del Talmud muestra claramente: a) que San Miguel es llamado “Dios en el Talmud, y algún otro el “Señor”; y b) que Satán es un Dios, a quien hasta el mismo “Señor” teme. Todo lo que leemos en el Zohar y otras obras kabalistas sobre Satán, muestra claramente que este “personaje” es simplemente la personificación del Mal abstracto, el cual es el arma de la Ley Kármica y Karma. Es nuestra naturaleza y el hombre mismo, pues se dice que “Satán está siempre cerca e intrincadamente entretejido con el hombre”. Es sólo cuestión de que ese Poder esté latente o activo en nosotros.
Es un hecho muy conocido, a lo menos por los simbologistas eruditos, que en todas las grandes religiones de la antigüedad, el Logos-Demiurgo -el Segundo Logos o la primera emanación de la Mente Mahat- es el que da, por decirlo así, la tonalidad de lo que puede llamarse la correlación de la Individualidad y de la Personalidad en el esquema subsiguiente de la evolución. El Logos es el que se muestra en el simbolismo místico de la Cosmogonía, Teogonía y Antropogonía, representando dos partes en el drama de la Creación y del Ser: la de la Personalidad puramente humana y la Impersonalidad divina de los llamados Avatâras, o Encarnaciones divinas; y la del Espíritu Universal, llamado Christos por los Gnósticos y el Fravashi (o Ferouer) de Ahura Mazda en la filosofía mazdeíta. En los peldaños inferiores de la Teogonía, los Seres Celestiales de las Jerarquías inferiores tenían cada uno un Fravashi o “Doble” Celestial. Es el mismo aserto (sólo que más místico) del axioma kabalístico “Deus est Demon inversus”; la palabra “Demonio”, sin embargo, como en el caso de Sócrates y en el espíritu de la significación que le daba toda la antigüedad, representaba el Espíritu Guardián, un “Ángel”, no un Demonio de descendencia Satánica, como quisiera la Teología. La Iglesia Católica Romana muestra su acostumbrada lógica y consecuencia aceptando a San Miguel como el Ferouer de Cristo. Este Ferouer era su “Ángel Guardián”, como está probado por Santo Tomás (8), quien, sin embargo, llama a los prototipos y sinónimos de Miguel (tal como Mercurio, por ejemplo), ¡Demonios!
La Iglesia acepta positivamente la doctrina de que Cristo tiene su Ferouer como cualquier otro Dios o mortal. De Mirville escribe:
Aquí tenemos a los dos héroes del antiguo Testamento, el Verbum (?) ( o segundo Jehovah) y su Faz (“Presencia”, como traducen los protestantes), no haciendo los dos más que uno, y sin embargo, siendo dos, un misterio que nos parecía impenetrable hasta que estudiamos la doctrina de los Ferouers mazdeístas, y supimos que el Ferouer era la potencia espiritual, imagen, faz y guardián a la vez del Alma, la cual se asimila finalmente el Ferouer (9).
Esto es casi correcto.
Entre otros absurdos, los kabalistas sostienen que la palabra Metatron, cuando dividida en meta-thronon significa cerca del trono (10). Significa todo lo contrario, puesto que meta quiere decir “más allá” y no “cerca”. esto es de gran importancia en nuestro argumento. San Miguel, el “quis ut Deus”, es pues, por decirlo así, el que traduce el mundo invisible al visible y objetivo.
Sostienen ellos además, juntamente con la Iglesia Católica Romana, que en la Teología bíblica y cristiana no existe una “personalidad celeste más elevada, después de la Trinidad, que la del Arcángel, o Serafín, Miguel” . Según ellos, el vencedor del Dragón es el Archisátrapa de la milicia sagrada, el guardián de los planetas, el rey de las estellas, el matador de Satán y el rector poderoso. En la astronomía mística de estos caballeros, es el vencedor de Ahriman, que, habiendo derribado el trono sideral del usurpador, se baña en su lugar en los fuegos solares; y, defensor del Sol-Cristo, se aproxima tanto a su Señor “que parece convertirse en uno con él” (11). Debido a esta fusión con el Verbo, los protestantes, y entre ellos Calvino, concluyeron, escribe el Abate Caron, por perder completamente de vista la dualidad, y no vieron a Miguel “sino sólo a su Señor”. Los católicos romanos, y especialmente sus kabalistas, saben esto mejor; y explican al mundo esta dualidad que les proporciona los medios de glorificar a los elegidos de la Iglesia, y de rechazar y anatematizar a todos los Dioses que se opongan a sus dogmas.
De modo que los mismos títulos y los mismos nombres se dan por turno a Dios y al Arcángel. Ambos son llamados Metatron; “a ambos se les aplica el nombre de Jehovah cuando hablan el uno en el otro” (sic), pues según el Zohar , el término significa igualmente el “Maestro y el Embajador”. Ambos son el “ángel de la faz”, porque según se nos dice, si por una parte el “Verbo” es llamado “la faz (o la Presencia) y la imagen de la substancia de Dios”, por otra, “al hablar del Salvador a los Israelitas, Isaías les dice” que “el ángel de su presencia los salvaba en su aflicción” -”por tanto él era su Salvador” (12). En otra parte Miguel es llamado muy claramente el “Príncipe de las caras del Señor”, la “Gloria del Señor”. Tanto Jehovah como Miguel son los “Guías de Israel (13)... Jefes de los ejércitos del Señor, jueces supremos de las almas y hasta serafines” (14).
Exponemos todo lo que antecede bajo la autoridad de varias obras de autores católicos romanos, y por tanto, debe ser ortodoxo. Se traducen algunas expresiones para mostrar lo que teólogos y casuistas sutiles quieren significar con el término Ferouer (15), palabra tomada por algunos escritores franceses del Zend Avesta , como se ha dicho, y utilizada en el catolicismo romano con un objeto que Zoroastro estuvo muy lejos de prever. En el Fargard XIX (versículo 14) del Vendîdâd se dice:
Invoca ¡oh Zarathushtra! a mi Fravashi, que soy Ahura Mazda, el más grande, el mejor, el más hermoso de todos los seres, el más inteligente... y cuya alma es la Palabra santa (Mâthra Spenta) (16).
Los orientalistas franceses traducen Fravashi por Ferouer.
Ahora bien; ¿qué es un Ferouer, o Fravashi? En algunas obras mazdeístas se implica claramente que Fravashi es el Hombre interno, inmortal, o el Ego que reencarna; que existía antes que el cuerpo físico, y que sobrevive a todos los cuerpos de que se reviste.
No sólo los hombres estaban dotados de un Fravashi, sino también los Dioses, y el cielo, el fuego, las aguas y las plantas (17).
Esto muestra tan claramente como es posible, que el Ferouer es la “contraparte espiritual” de todo Dios, animal, planta y hasta elemento, es decir, la parte refinada y más pura de la creación más densa, el alma del cuerpo, sea el que quiera el cuerpo. De aquí que Ahura Mazda recomiende a Zarathushtra que invoque a su Fravashi y no a él (Ahura Mazda); esto es, a la Esencia impersonal y verdadera de la Deidad, una con el propio Âtmâ (o Christos) de Zoroastro, no a la apariencia falsa y personal. esto es completamente claro.
Ahora bien; en este prototipo divino y etéreo es en lo que se han fundado los católicos romanos para elaborar la supuesta diferencia entre su Dios y sus Ángeles, y entre la Deidad y sus aspectos, o los Dioses de las antiguas religiones. Así, al paso que llaman a Mercurio, o Venus y a Júpiter (sea como Dioses o como Planetas) Demonios, hacen al mismo tiempo del mismo Mercurio el Ferouer de su Cristo. Este hecho es innegable. Vossius (18) prueba que Miguel es el Mercurio de los paganos, y Maury y otros escritores franceses lo confirman, y añaden que, seegún los grandes teólogos, Mercurio y el Sol son uno (?), y no es maravilla, dicen, puesto que Mercurio, estando tan cerca de la Sabiduría y del Verbo (el Sol), debe ser absorbido y confundido con él (19).
Esta opinión “pagana” fue aceptada desde el primer siglo de nuestra Era, como se muestra en el original de los Hechos de los Apóstoles (la traducción inglesa es inútil). Tanto es así, que Miguel es el Mercurio de los griegos y otras naciones, que cuando los habitantes de Lystra tomaron equivocadamente a Pablo y a Bernabé por Mercurio y Júpiter diciendo: “Los Dioses han descendido a nosotros en figura de hombres”, el texto añade: “Y llamaron a Bernabé, Júpiter (Zeus) y a Pablo, Mercurio (Hermes), porque era el jefe del Verbo (Logos)” y no “el orador principal”, como se halla erróneamente traducido en la Biblia inglesa autorizada, y repetido hasta en la revisada. Miguel es el Ángel de la visión en Daniel, el Hijo de Dios, “que era semejante al Hijo del Hombre”. Es el Cristo-Hermes de los gnósticos, el Anubis-Syrios de los egipcios, el Consejero de Osiris en el Amenti, el Leontoid Miguel -Ofiomorfos ( de los ofitas, que lleva una cabeza de león en ciertas joyas gnósticas, lo mismo que su padre Ildabaoth (20).
Ahora bien; a todo esto asiente tácitamente la Iglesia Católica Romana, y hasta algunos de sus escritores lo declaran públicamente. No pudiendo negar el “préstamo” flagrante hecho por su Iglesia, la cual “despojó” a sus mayores de sus símbolos, como los judíos “despojaron” a los egipcios de sus joyas de plata y oro, explican el hecho muy serena y seriamente. Así que a los escritores que hasta ahora han sido bastante tímidos para ver, en esta repetición de ideas paganas antiguas por los dogmas cristianos, “un plagio legendario, perpetrado por el hombre”, se les asegura gravemente que, lejos de ser esa la solución de la casi perfecta semejanza, debe ella atribuirse a otra causa muy distinta: “a un plagio prehistórico, de origen sobrehumano”.
Si el lector desea saber cómo ha sido esto, debe dirigirse nuevamente al mismo volumen de la obra de De Mirville (21). Obsérvese bien que este autor era el defensor oficial y reconocido de la Iglesia Romana, y que fue ayudado por la erudición de todos los jesuitas. Allí leemos:
Hemos señalado varios semidioses, y también héroes “muy históricos” de los paganos, que fueron predestinados, desde que nacieron, a remedar, a la vez que a deshonrar el nacimiento del héroe, que era precisamente Dios, ante quien la tierra toda tenía que inclinarse; hemos visto que han nacido como él nació, de una madre inmaculada; vemos que estrangularon serpientes en sus cunas, que lucharon contra demonios, que ejecutaron milagros, que murieron como mártires, que descendieron al mundo inferior y resucitaron de entre los muertos. Y hemos deplorado amargamente que cristianos demasiados tímidos y vergonzosos se hayan creído obligados a explicar todas esas semejanzas, fundándolas en la coincidencia de los mitos y símbolos. Olvidan, al parecer, las palabras del Salvador: “ todos los que vinieron antes que yo son ladrones (y bandidos); palabras que explican todo sin ninguna negación absurda, y que he comentado del siguiente modo: “El Evangelio es un drama sublime, parodiado y representado antes de su debido tiempo por rufianes”.
Los “rufianes” (les drôles) son, por supuesto, Demonios dirigidos por Satán. ‘Verdaderamente, éste es el modo más fácil a la vez que el más sublime y sencillo para salir de la dificultad! El reverendo Dr. Lundy (un De Mirville protestante) siguió la feliz ocurrencia en su Monumental Christianity , y lo mismo hizo el Dr. Sepp, de Munich, en las obras que escribió para probar la divinidad de Jesús y el origen Satánico de los demás Salvadores. Por lo cual, es tanto más de sentir que un plagio sistemático y colectivo que se sostuvo durante varios siglos en una escala de las más gigantescas, se haya explicado por otro plagio, esta vez en el cuarto Evangelio. Porque la sentencia que en él se cita: “Todos los que han venido antes que yo”, etc., es una repetición al pie de la letra de las palabras escritas en el Libro de Enoch. En la introducción a la traducción del Arzobispo Laurence de un manuscrito etíope de la Biblioteca Bodleian (Oxford), el editor, autor de Evolution of Christianity, observa:
Al revisar las pruebas del Libro de Enoch, nos hemos sentido aún más impresionados por su semejanza con la Escritura del Nuevo Testamento. Así, la parábola de la oveja, salvada por el buen Pastor de los guardianes mercenarios y de lobos feroces, se ve claramente que ha sido tomada por el cuarto Evangelista de Enoch, LXXXIX, en que el autor describe a los pastores matando y destruyendo el ganado antes del advenimiento de su Señor, y descubre así el verdadero significado de aquel pasaje, hasta entonces misterioso, de la parábola de Juan: “Todos los que vinieron antes que yo son ladrones y bandidos”, en cuyo lenguaje vemos ahora una clara referencia a los pastores alegóricos de Enoch (22).
Es hoy demasiado tarde para pretender que Enoch fue quien tomó del Nuevo Testamento, en lugar de viceversa, Judas (14, 15), cita al pie de la letra un largo pasaje de Enoch acerca de la venida del Señor con sus diez mil santos, y al nombrar al profeta reconoce específicamente el origen.
Al... perfeccionar el paralelismo entre el profeta y el apóstol, hemos puesto fuera de toda cuestión que el Libro de Enoch era, a los ojos del autor de una Epístola aceptada como relación Divina, la inspirada producción de un patriarca antediluviano...
La coincidencia acumulativa de lenguaje e ideas en Enoch y en los autores de la Escritura del Nuevo Testamento... indica claramente que la obra del Milton semítico era la fuente inagotable de la cual los Evangelistas y Apóstoles, o los hombres que escribieron en sus nombres, tomaron sus conceptos de la resurrección, juicio, inmortalidad, perdición y del reino universal de la justicia, bajo el eterno dominio del Hijo del Hombre. Este plagio evangélico culmina en el Apocalipsis de Juan, que adapta las visiones de Enoch al Cristianismo, con modificaciones en las cuales echamos de menos la sublime sencillez del gran maestro de la predicción apocalíptica, que profetizó en el nombre del patriarca antediluviano (23).
“Antediluviano”, verdaderamente; pero si la fraseología del texto data apenas de unos cuantos siglos o aun milenios antes de nuestra era histórica, entonces ya no es la predicción original de sucesos futuros, sino que es, a su vez, una copia de alguna escritura de una religión prehistórica.
En la edad Krita, Vishnu, bajo la forma de Kapila y de otros (instructores inspirados)... enseña... la verdadera sabiduría (como hacía Enoch). En la edad Tretâ refrena a los malvados bajo la forma de un monarca universal (Chakravartin, el “Rey Imperecedero” de Enoch) (24), y protege los tres mundos (o razas). En la edad Dvâpara, en la persona de Veda-vyâsa, divide el Veda en cuatro y lo distribuye en cientos (Shata) de ramas (25).
Así es, verdaderamente; el Veda de los primeros arios, antes de que fuese escrito, fue comunicado a todas las naciones de los Lemuro-Atlantes, y sembró las primeras semillas de todas las religiones antiguas ahora existentes. Los brotes del jamás moribundo Árbol de la Sabiduría han esparcido sus hojas muertas hasta sobre el judeo-cristianismo. Al fin del Kali, nuestra Edad presente, Vishnu o el “Rey Imperecedero”, aparecerá como Kalki y restablecerá la justicia sobre la tierra. Las mentes de los que entonces vivan, serán despertadas y se convertirán en diáfanas como el cristal.
Los hombres que así se transformarán por virtud de aquel tiempo especial (Sexta Raza) serán como las semillas de otros seres humanos, y darán nacimiento a una raza que seguirá las leyes de la edad Krita de la pureza;
esto es, será la Raza Séptima, la Raza de los “Buddhas”, los “Hijos de Dios”, nacidos de padres inmaculados.
B
LOS DIOSES DE LUZ PROCEDEN DE LOS DIOSES DE TINIEBLAS
Así, pues, queda bien establecido que Cristo, el Logos, o el Dios en el Espacio y el Salvador en la Tierra, es tan sólo uno de los ecos de esta misma Sabiduría antediluviana, tan desdichadamente interpretada. Su historia principia con el descenso a la tierra de los “Dioses” que encarnaron la humanidad, y esto es la “Caída”. Ya sea Brahmâ precipitado a la tierra por Bhagavân en la alegoría, o Júpiter por Cronos, todos son símbolos de las razas humanas. Una vez que han tocado este planeta de Materia densa, las níveas alas del Ángel, aun el más elevado, no pueden seguir siendo inmaculadas, ni ser perfecto el Avatâra (o encarnación); pues cada uno de estos Avatâras es la caída de un Dios en la generación. En ninguna parte está más clara la verdad metafísica explicada esotéricamente, ni más oculta a la comprensión general de aquellos que en lugar de apreciar la sublimidad de la idea sólo pueden degradarla, que en los Upanishads, glosarios esotéricos de los Vedas. El Rig Veda, como lo caracteriza Guignault, “es la concepción más sublime de los grandes derroteros de la Humanidad”. Los Vedas son y serán siempre, en el Esoterismo de la Vedânta y los Upanishads, “el espejo de la Sabiduría Eterna”.
Durante más de dieciséis siglos, las nuevas caretas puestas a la fuerza sobre la faz de los Dioses antiguos los han ocultado a la curiosidad pública; pero finalmente han resultado inadaptadas. Entretanto, la CAÍDA metafórica y la Propiciación y Crucifixión, igualmente metafóricas, han conducido a la Humanidad Occidental por caminos en que se ha hundido en sangre hasta las rodillas. Pero lo peor de todo es que la han llevado a creer en el dogma del Espíritu Maligno distinto del Espíritu de toda Bondad, siendo así que el primero vive en toda Materia, y preeminentemente en el hombre. Finalmente se ha creado el dogma blasfemo del Infierno y de la condenación eterna; él ha extendido una espesa nube entre las intuiciones superiores del hombre y las verdades divinas; siendo el resultado más pernicioso de todos, que el pueblo ha quedado en la ignorancia del hecho de que no había demonios, seres malignos tenebrosos en el Universo, antes de la aparición del hombre sobre esta Tierra, y probablemente sobre otras. De aquí que el pueblo haya sido inducido a aceptar, como consuelo problemático de las penas de este mundo, la idea del pecado original.
La filosofía de esa Ley de la Naturaleza, que implanta en el hombre, así como en todos los animales, un deseo instintivo inherente y apasionado de libertad y dirección propia, pertenece a la Psicología, y no puede tratarse ahora; pues para demostrar este sentimiento en Inteligencias superiores, para analizar y presentar una razón natural del mismo, se necesitaría una explicación filosófica interminable, para la cual nos falta aquí espacio. Quizás la mejor síntesis de este sentimiento se encuentre en tres líneas del Paraíso Perdido, de Milton. Dice “El Caído”:
Aquí podemos reinar seguros; y en mi opinión
El reinar justifica la ambición ¡hasta en el infierno!
¡Mejor es reinar en el infierno que servir en el cielo!
Mejor es ser hombre, corona de la producción terrestre y rey sobre su opus operatum, que estar confundido en el Cielo entre las Huestes Espirituales sin voluntad.
Hemos dicho en otra parte que el dogma de la primera Caída se fundaba en unos pocos versículos del Apocalipsis, los cuales se ha mostrado ahora por algunos eruditos ser un plagio de Enoch. Estos versículos han dado lugar a teorías y especulaciones sin fin, las cuales adquirieron gradualmente la importancia de dogma y de tradición inspirada. Todas trataron de explicar el versículo del dragón de siete cabezas con sus diez cuernos y siete coronas, cuya cola “arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó a la tierra”, y cuyo lugar y el de sus Ángeles “no se encontraba ya en el cielo”. Lo que significan las siete cabezas del Dragón (o Ciclo) y sus cinco reyes malos puede leerse en la Adenda con que termina la Parte III de este volumen.
Desde Newton a Bossuet, han estado desenvolviendo incesantemente especulaciones los cerebros cristianos, respecto de estos obscuros versículos. Dice Bossuet:
La estrella que cae es el heresiarca Teodosio... Las nubes de humo son las herejías de los montanistas... La tercera parte de las estrellas son los mártires, y especialmente los doctores en teología.
Bossuet, sin embargo, debiera saber que los sucesos descritos en el Apocalipsis no eran originales, y que pueden encontrarse, como se ha mostrado, en otras tradiciones paganas. Durante los tiempos védicos no había escolásticos ni montanistas, ni tampoco mucho antes en China. Pero la Teología cristiana tenía que ser protegía y salvada.
Esto es natural. Pero ¿por qué había de sacrificarse la verdad, para salvar de la destrucción las lucubraciones de los teólogos cristianos?
El “princeps aeris hujus”, el “Príncipe del “Aire”, de San Pablo, no es el Demonio, sino los efectos de la Luz Astral, como lo explica correctamente Eliphas Lévi. El Demonio es el “Dios de esta época”, según él dice, sino la Deidad de todas las edades y épocas desde que el Hombre apareció sobre la Tierra, y la Materia, en sus formas y estados innumerables, tuvo que luchar por su pasajera existencia contra otras fuerzas desintegrantes.
El “Dragón” es sencillamente el símbolo del Ciclo y de los “Hijos de la Eternidad Manvantárica”, que habían descendido sobre la tierra durante cierta época de su período formativo. Las “nubes de humo” son fenómenos geológicos. La “tercera parte de las estrellas del cielo” lanzadas a la tierra, se refiere a las Mónadas Divinas -en Astrología los Espíritus de las Estrellas- que circulan por nuestro Globo; esto es, los Egos humanos destinados a cumplir todo el Ciclo de Encarnaciones. La sentencia “qui circumambulat terram”, sin embargo, la refieren también en teología al Diablo; pues dicen que el Padre del Mal mítico “cayó como un rayo”. Desgraciadamente para esta interpretación, el “Hijo del Hombre” o Cristo, se espera, según testimonio personal de Jesús, que descienda a la Tierra del mismo modo “como el relámpago que viene del Oriente” (26), precisamente en la misma forma y bajo el mismo símbolo que Satanás, quien se ve caer “como un rayo... del cielo” (27). El origen de todas estas metáforas y figuras de lenguaje, eminentemente orientales en su carácter, tiene que buscarse en Oriente. En todas las cosmogonías antiguas, la Luz viene de la Obscuridad. En Egipto, como en otras partes, la Obscuridad fue “el principio de todas las cosas”. De aquí que Pymander, el “Pensamiento Divino”, salga como Luz de las Tinieblas. Behemoth (28) es el principio de las tinieblas, o Satán, en la teología católica romana, y sin embargo, Job dice de él que Behemoth es “el (principio) principal de los caminos de Dios” -Principium viarum Domini Behemoth!!” (29).
La consecuencia no parece ser una virtud favorita en ninguna de las partes de la llamada Revelación Divina, o por lo menos, no como la interpretan los teólogos.
Los egipcios y caldeos atribuían el principio de sus Dinastías Divinas a aquel período en que la Tierra creadora se hallaba en sus dolores postreros para dar a luz a sus cordilleras prehistóricas, que después han desaparecido, a sus mares y continentes. Su rostro se hallaba cubierto de “profundas Tinieblas, y en aquel Caos (Secundario) estaba el principio de todas las cosas” que más adelante se desarrollaron en el Globo. Nuestros geólogos han confirmado ahora que hubo tal conflagración terrestre en los períodos geológicos primitivos, hace algunos cientos de millones de años (30). En cuanto a la tradición misma, la tienen todos los países y naciones, cada uno bajo su aspecto nacional respectivo.
No son sólo Egipto, Grecia, Escandinavia y México los que tenían sus Tifón, Piton, Loki, y su Demonio “caído” sino también la China. Los hijos del Celeste Imperio tienen toda una literatura sobre el particular. Se dice que a consecuencia de la rebelión contra Ti de un Espíritu orgulloso que decía que él era el mismo Ti, fueron desterrados a la Tierra siete Coros de Espíritus Celestiales, lo cual “trajo un cambio en toda la Naturaleza, el mismo Cielo inclinándose y uniéndose con la Tierra”.
En el Y-King se lee:
El Dragón volador, soberbio y rebelde, sufre ahora, y su orgullo es castigado; creyó él que reinaría en el Cielo y sólo reina en la Tierra.
Además, el Tchoon-Tsieoo (o Chüan Hsueh pien -una obra sobre educación) dice alegóricamente.
Una noche las estrellas dejaron de brillar en la obscuridad, y la abandonaron, cayendo como lluvia sobre la Tierra, en donde ahora se hallan ocultas.
Estas estrellas son las Mónadas.
Las cosmogonías chinas tienen su “Señor de la Llama” y su “Virgen celestial”, con pequeños “Espíritus que la ayudan y sirven; así como Espíritus grandes para luchar con los enemigos de otros Dioses”. Pero todo esto no prueba que las mencionadas alegorías sean presentimiento o escritos proféticos, que se refieren todos a la Teología cristiana.
La mejor prueba que puede presentarse a los teólogos cristianos de que las declaraciones esotéricas de la Biblia, en ambos Testamentos, son el aserto de la misma idea de nuestras Enseñanzas Arcaicas; a saber, que la “Caída de los Ángeles” (atribuida simplemente a la Encarnación de los Ángeles “que habían atravesado los Siete Círculos”) se encuentran en el Zohar. Ahora bien; la Kabalah de Simeón Ben Jochaï es el alma y esencia de la narración alegórica, así como la Kabalah Cristiana posterior es el Pentateuco Mosaico “obscuramente vestido”. Y dice ella (en los manuscritos de Agrippa):
La sabiduría de la Kabalah se apoya en la Ciencia del Equilibrio y de la Armonía.
Las fuerzas que se manifiestan sin haberse equilibrado antes, perecen en el Espacio (“equilibrado” quiere decir diferenciado).
Así perecieron los primeros Reyes (las Dinastías Divinas) del Mundo Antiguo, los Príncipes de los Gigantes producidos por sí mismos. Cayeron ellos como árboles sin raíces, y no se les volvió a ver más porque eran la Sombra de la Sombra (esto es, el Chhâyâ de los nebulosos Pitris). (31). Pero los que vinieron después, los que lanzándose de lo alto como estrellas que caen, fueron encerrados en las Sombras, continúan hasta hoy (Dhyânîs, que encarnándose en esas “Sombras vacías” inauguraron la Era de la humanidad).
Todas las sentencias de las antiguas cosmogonías descubren a aquel que sabe leer entre líneas, la identidad de ideas, aunque bajo formas distintas.
La primera lección que enseña la Filosofía Esotérica es que la Causa Incognoscible no produce la evolución, ya sea consciente o incoscientemente, sino que sólo exhibe periódicamente aspectos diferentes de Sí Misma para la percepción de las mentes finitas . Ahora bien; la Mente Colectiva -la Mente Universal- compuesta de diversas e innumerables Huestes de Poderes Creadores, por más infinita que sea en el tiempo Manifestado, es, sin embargo, finita cuando se compara con el Espacio No-nacido e Inmarcesible en su aspecto esencial supremo. Lo que es finito no puede ser perfecto, y por tanto, entre estas Huestes hay seres inferiores, pero nunca ha habido Demonios ni “Ángeles desobedientes”, por la sencilla razón de que todos están regidos por la ley. Los Asuras (o llámaseles como se quiera) que encarnaron, siguieron en esto una ley tan implacable como otra cualquiera. Ellos se habían manifestado antes que los Pitris, y como el Tiempo (en el Espacio) procede por Ciclos, su vez había llegado, y de aquí las numerosas alegorías. El nombre de “Asura” fue primero aplicado por los brahmanes indistintamente a aquellos que se oponían a sus mojigangas y sacrificios, como hizo el gran Asura llamado Asurendra. Probablemente, ha debido partir de esta época el origen de la idea del Demonio como competidor o adversario.
Los Elohim hebreos, llamados “Dios” en las traducciones, que crearon la “Luz”, son idénticos a los asuras arios. También se les llama “Hijos de las Tinieblas” como contraste filosófico y lógico con la Luz Inmutable y Eterna. Los primeros mazdeístas no creían que el Mal o las Tinieblas fueran coeternos con el Bien o la Luz, y dan la misma interpretación. Abriman es la Sombra manifestada de Ahura Mazda (Asura Mazda), a su vez salido de Zeruâna Âkerne, el “(Círculo del) Tiempo Sin-límites”, o la Causa Desconocida. Dicen ellos de esta última:
Su gloria es demasiado exaltada, su luz demasiado esplendente para que ninguna humana inteligencia ni ojo mortal pueda percibir y ver.
Su emanación primordial es la Luz Eterna, la cual, por haber estado previamente oculta en las TINIEBLAS, fue llamada a la manifestación, y así fue formado Ormuzd, el “Rey de la Vida”. Es el “Primogénito” en el tiempo Sin-límites; pero, lo mismo que su antetipo (la idea espiritual preexistente), ha vivido dentro de las Tinieblas por toda la Eternidad. Los seis Amshaspends -siete contando con él mismo, el Jefe de todos-, los Ángeles y hombres Espirituales primitivos, son colectivamente su Logos. Los Amshaspends de Zoroastro crean también el mundo en seis Días o períodos, y descansan en el séptimo; pero en la Filosofía Esotérica, ese séptimo es el primer período o “Día”, la llamada Creación Primaria en la cosmogonía aria. Este AEon intermedio es el Prólogo de la Creación que se halla en las fronteras entre la Causación eterna increada y los efectos finitos producidos; un estado de actividad y energía nacientes, como primer aspecto del reposo inmutable y eterno. En el Génesis, en el cual no se ha gastado energía metafísica alguna, sino sólo una agudeza e ingenio extraordinarios para velar la Verdad Esotérica, la Creación principia en la tercera etapa de la manifestación. “Dios”, o los Elohim, son los “Siete Regentes” del Pymander. Son ellos idénticos a todos los demás Creadores.
Pero aun en el Génesis, ese período está indicado por la rudeza del cuadro, y las “Tinieblas” que estaban sobre la faz del Abismo. A los Elohim se les muestra como habiendo “creado”, esto es, construido o producido los dos Cielos o Cielo “doble” (no el Cielo y la Tierra); lo cual significa que separaron el Cielo superior (Angélico) manifestado, o plano de conciencia, del plano terrestre inferior; los (para nosotros) Eternos e Inmutables AEons de aquellos Períodos que existen en el espacio, en el tiempo y la duración; el Cielo de la Tierra -lo Desconocido de lo Conocido- para el profano. Tal es el significado de aquella sentencia del Pymander, que dice que:
El Pensamiento, el divino, que es Luz y Vida (Zeruâna Âkerne), produjo por medio de su Palabra, o primer aspecto, el otro Pensamiento operador, el cual, siendo el Dios del Espíritu y del Fuego, construyó Siete Regentes que encerraban en su Círculo al Mundo de los Sentidos, llamado “Destino Fatal”.
Lo último se refiere al Karma; los “Siete Círculos” son los siete planetas y planos, como también los siete Espíritus Invisibles, en las Esferas Angélicas, cuyos símbolos visibles son los siete planetas (32), los siete Rishis de la Osa Mayor y de otros signos. Según lo dicho por Roth de los Adityas:
No son ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, ni la aurora, sino los eternos sostenedores de esta vida luminosa que existe, por decirlo así, detrás de todos estos fenómenos.
Ellos -las “Siete Huestes”- son los que habiendo “considerado en su Padre (el Pensamiento Divino) el plan del operador”, como dice el Pymander, desearon operar (o construir el mundo con sus criaturas) del mismo modo; pues habiendo nacido “dentro de la Esfera de Operación” -el Universo Manifestado- tal es la Ley Manvantárica. Y ahora viene la segunda parte del pasaje, o más bien de dos pasajes convertidos en uno para ocultar el sentido completo. Los que nacieron dentro de la Esfera de Operación eran los “hermanos que le amaban bien”. Este último -o sea ese “le”- eran los Ángeles Primordiales; los asuras, los Abriman, los Elohim o “Hijos de Dios”, de los cuales era uno Satán: todos esos Seres Espirituales llamados los “Ángeles de las Tinieblas”, por ser estas Tinieblas la Luz absoluta, hecho descuidado ahora por la Teología si no enteramente olvidado. Sin embargo, la espiritualidad de los tan maltratados “Hijos de la Luz”, la cual es tinieblas, debe ser evidentemente tan grande, en comparación con la de los Ángeles del orden siguiente, como lo etéreo de estos últimos comparado con la densidad del cuerpo humano. Los primeros son los “Primogénitos”, y por tanto, están tan cerca de los confines del Espíritu Puro en Reposo, que son meramente las “privaciones” (en el sentido aristotélico), los Ferouers o tipos ideales, de los que siguen. Ellos no podían crear cosas corporales, materiales; y por tanto, se dijo en el transcurso del tiempo que “rehusaron” crear según les fue “ordenado por “DIOS”; o sea que se “rebelaron”.
Quizás esté esto justificado por el principio de la teoría científica, que nos enseña el efecto de dos ondas sonoras de igual longitud al encontrarse:
Si los dos sonidos son de la misma intensidad, su coincidencia produce un sonido de cuatro veces la intensidad de cada uno, mientras que su choque produce silencio absoluto.
Al explicar algunas de las “herejías” de su tiempo, Justino Mártir muestra la identidad de todas las religiones del mundo en sus puntos de partida. El primer Principio comienza invariablemente con lo Desconocido y la Deidad Pasiva, de la cual emana cierto Poder Activo o Virtud, el Misterio que a veces es llamado SABIDURÍA, a veces el Hijo, muchas otras Dios, Ángel, Señor y Logos (33). Este último término se aplica algunas veces a la primera Emanación; pero en algunos sistemas procede del primer Andrógino o Rayo Doble producido en el principio por lo Invisible. Filón describe esta Sabiduría como macho y hembra. Pero aun cuando su primera manifestación tenía un principio -pues procedía de Oulom (34) (Aión, el Tiempo), el AEon más elevado cuando surgía del Padre- había permanecido con el Padre antes de toda creación, pues es una parte de él (35). Por tanto, Filón el Judío da a Adam Kadmon el nombre de “Mente”; la Ennoia de Bythos en el sistema gnóstico. “Llámese Adán a la Mente” (36).
Según lo explican los antiguos libros de magia, todo el asunto se aclara. Una cosa, sólo puede existir por medio de su contraria, nos dice Hegel; y sólo se necesita un poco de filosofía y espiritualidad para comprender el origen del dogma último, tan verdaderamente satánico e infernal en su fría y cruel maldad. Los Magos explicaban el Origen del Mal en sus enseñanzas exotéricas, de este modo: “La Luz sólo puede producir la Luz, y nunca puede ser el origen del Mal”; ¿cómo, pues, se produjo el Mal, puesto que nada había coigual o semejante a la Luz en su producción? La Luz, dicen ellos, produjo varios Seres, todos ellos espirituales, luminosos y poderosos. Pero un gran Ser (el “Gran Asura”; Ahriman, Lucifer, etc.) tuvo un mal pensamiento contrario a la Luz. Dudó, y por esta duda convirtióse en obscuro.
Esto se aproxima un poco más a la verdad, pero se encuentra aún lejos de la misma. No hubo ningún “mal pensamiento” que originase el Poder contrario, sino sencillamente el Pensamiento per se; algo que, siendo reflexivo y conteniendo designio y objeto, es por tanto finito, y tiene así que encontrarse naturalmente en oposición al puro Reposo, estado natural de la Perfección y Espiritualidad absolutas. Fue sencillamente la Ley de la Evolución que se afirmó; el progreso del Desenvolvimiento Mental, diferenciado del Espíritu, envuelto y cogido ya por la Materia, hacia la cual es atraído de modo irresistible. Las ideas, en su propia naturaleza y esencia, como conceptos que tienen relación con objetos, ya sean verdaderos o imaginarios, son opuestas al Pensamiento Absoluto, ese Todo Incognoscible de cuyas misteriosas operaciones afirma Mr. Spencer que nada puede decirse, sino que “no tiene parentesco de naturaleza con la Evolución” (37); y ciertamente que no lo tiene (38).
El Zohar lo expone de un modo muy sugestivo. Cuando “El Santo único” (el Logos) deseó crear al hombre, llamó a la Hueste de Ángeles más elevada y les dijo lo que quería; pero ellos dudaron de la sabiduría de ese deseo y contestaron: “El Hombre no continuará una noche en su gloria”, por lo cual fueron quemados (¿aniquilados?) por el Señor “Santo”. Entonces llamó a otra Hueste menos elevada, y les dijo lo mismo; pero también aquéllos contradijeron al “Santo único”. “¿Qué bien hay en el Hombre?” -le arguyeron. Sin embargo, Elohim creó al Hombre, y cuando éste pecó, vinieron las Huestes de Uzza y Azael, e inculparon a Dios: “He aquí al Hijo del Hombre que has hecho”, dijeron. “¡Mira cómo ha pecado!” Entonces el Santo único replicó: “Si hubieseis estado entre ellos (los hombres), hubierais sido peor que ellos”. Y los arrojó de su exaltada posición en el Cielo a la Tierra; y “se cambiaron (en Hombres) y pecaron como las mujeres de la tierra” (39). Esto está bien claro. Ninguna mención se hace en el Génesis (VI) de estos “Hijos de Dios” que son castigados. La única referencia que sobre el asunto hay en la Biblia es en Judas:
Y a los ángeles que no guardaron su primer estado, sino que abandonaron su propia habitación, él los retuvo por siempre en cadenas en la obscuridad hasta el juicio del gran día (40).
Y esto significa sencillamente que los “Ángeles”, condenados a la encarnación, se encuentran en las cadenas de la carne y de la materia, en la obscuridad de la ignorancia, hasta el “Gran Día” que vendrá, como siempre, después de la Séptima Ronda, al final de la “Semana” en el SÉPTIMO SABBATH, Nirvâna Postmanvantáico.
Cuán verdaderamente esotérico y en consonancia con la Doctrina Secreta es el Pymander, el Pensamiento divino, de Hermes, puede inferirse sólo de sus traducciones primitivas originales, al latín y al griego. Por otra parte, puede verse lo desfigurado que ha sido posteriormente por los cristianos en Europa, en las observaciones y confesiones inconscientes hechas por De St. Marc, en su Prefacio y carta al obispo de Ayre en 1578. Allí se expone todo el ciclo de transformaciones de un tratado panteísta y egipcio en uno místico católico-romano; y se ve cómo se ha convertido el Pymander en lo que es ahora. Sin embargo, aun en las traducciones de St. Marc se encuentran vestigios del verdadero PYMANDER el “Pensamiento” o “Mente Universal”. He aquí la traducción de la antigua versión francesa, cuyo original se transcribe en su antiguo francés, fuera de uso, en la nota (41).
Siete hombres (principios) fueron generados en el Hombre... La naturaleza de la armonía de los Siete del Padre y del Espíritu. La Naturaleza... produjo siete hombres con arreglo a la naturaleza de los Siete Espíritus... que tenían en sí, potencialmente, los dos sexos.
Metafísicamente, el Padre y el Hijo son la “Mente Universal” y el “Universo Periódico”; el “Ángel” y el “Hombre”. Es el HIJO y el PADRE a un mismo tiempo; en el Pymander es la IDEA activa y el PENSAMIENTO pasivo que la genera; la tonalidad radical en la Naturaleza que da nacimiento a las siete notas, la escala septenaria de las Fuerzas Creadoras, y a los siete aspectos prismáticos del color, todos nacidos del rayo blanco, o la LUZ, generada en las TINIEBLAS.
C
LOS MUCHOS SIGNIFICADOS DE LA “GUERRA EN EL CIELO”
La Doctrina Secreta señala, como un hecho evidente, que la Humanidad, colectiva e individualmente es, con toda la Naturaleza manifestada, el vehículo a) del aliento de un Principio Universal, en su diferenciación primaria; y b) de los “alientos” innumerables procedente de aquel ALIENTO Único en sus diferenciaciones secundarias y sucesivas, a medida que la Naturaleza con sus muchas humanidades procede descendiendo hacia los planos que van aumentando siempre en materialidad. El Aliento Primario anima a las Jerarquías superiores; el secundario a las inferiores, en los planos siempre descendentes.
Ahora bien; hay en la Biblia muchos pasajes en cuya faz prueban, esotéricamente, que esta creencia fue universal en un tiempo; y los dos más convincentes son Ezequiel, XXVIII, e Isaías, XIV. Los teólogos cristianos pueden, si quieren, interpretar ambos como refiriéndose a la gran Guerra antes de la Creación, la Epopeya de la Rebelión de Satán, etc.; pero lo absurdo de la idea es demasiado evidente. Ezequiel dirige sus lamentaciones y reproches al Rey de Tiro; Isaías, al Rey Ahaz, que se dedicaba al culto de los ídolos, como lo hacía el resto de la nación, excepto algunos Iniciados (los llamados Profetas), que trataban de detenerla en su camino hacia el exoterismo - o idolatría, que es igual. Juzgue el lector mismo.
En Ezequiel, se dice:
Hijo del Hombre, di al príncipe de Tiro, así dice el Señor Dios (según nosotros lo comprendemos el “Dios” Karma); porque tu corazón se ha envanecido y tú has dicho yo soy un Dios... aunque tú eres un hombre... Mira, por tanto, yo haré venir extranjeros en contra tuya...; y ellos sacarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría... y te precipitarán al abismo (o la vida terrestre)... (42).
El origen del “príncipe de Tiro” hay que buscarlo en las “Dinastías Divinas” de los Atlantes inicuos, los grandes Hechiceros. No hay metáfora alguna en las palabras de Ezequiel, sino historia verdadera por esta vez. Pues la voz en el profeta, la voz del “Señor”, su propio espíritu, que en él habló, dice:
Porque... tú has dicho, yo soy un Dios, estoy sentado en la sede de (las Dinastías Divinas de) Dios en medio de los mares; aunque eres un hombre... Mira, tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te puedan ocultar; con tu sabiduría... has aumentado tus riquezas, y tu corazón está exaltado a causa de tus riquezas. Mira, por tanto... extranjeros... sacarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría... Te precipitarán... y morirás con la muerte de aquellos que son muertos en medio de los mares (43).
Todas estas imprecaciones no son profecías, sino sencillamente recordatorios del destino de los Atlantes, los “Gigantes de la Tierra”.
¿Cuál puede ser el sentido de esta última sentencia, si no es un relato del destino de los Atlantes? También, “Tu corazón se ha envanecido a causa de tu hermosura” (44), puede referirse al “Hombre Celeste” en el Pymander, o a los Ángeles Caídos, que son acusados de haber caído por orgullo, a causa de la gran hermosura y sabiduría que les fueron otorgadas. Aquí no hay metáfora alguna, excepto quizás en las ideas preconcebidas de nuestros teólogos. Estos versículos se refieren al Pasado, y pertenecen más al Conocimiento adquirido en los Misterios de la Iniciación, que a la clarividencia retrospectiva. La voz sigue diciendo:
Tú has estado en el Edén, el jardín de Dios (en el Satya Yuga); todas las piedras preciosas te cubrían...; la manufactura de tus tamboriles y de tus pífanos, fue preparada en ti el día en que fuiste creado. Tú eres el querubín ungido...; tú has andado arriba y abajo en medio de las piedras de fuego... tú eras perfecto en tus modos desde el día en que fuiste creado, hasta que se vio la iniquidad en ti. Por tanto, te arrojo... de la montaña de Dios y... te destruyo (45).
La “Montaña de Dios” significa la “Montaña de los Dioses” o el Meru, cuya representación en la Cuarta Raza era el Monte Atlas, la última forma de uno de los Titanes divinos, tan alto en aquellos tiempos, que los antiguos creían que el Cielo descansaba sobre su cima. ¿No ayudó Atlas a los Gigantes en su Guerra contra los Dioses (Hyginus)? Otra versión muestra la fábula como originándose de la afición de Atlas, hijo de Iapetos y de Clymene, por la Astronomía, y de morar por esta razón en la cima de las montañas más elevadas. La verdad es que el Atlas, la “Montaña de los Dioses” y también el héroe de este nombre, son el símbolo Esotérico de la Cuarta Raza, y sus siete hijas, las Atlántidas, los símbolos de sus siete subrazas. El Monte Atlas, según todas las leyendas, era tres veces más alto que ahora, pues se ha hundido en dos distintas veces. Es de origen volcánico, y por esto la voz interna de Ezequiel, dice:
Por tanto, yo haré brotar un fuego en medio de ti, que te devorará (46).
Seguramente no significa, como parece ser el caso según los textos traducidos, que este fuego había de ser producido en medio del Príncipe de Tiro o de su pueblo, sino en el Monte Atlas, simbolizando la orgullosa Raza, sabia en la Magia y adelantada en artes y civilización, cuyos últimos restos fueron destruidos casi al pie de la cordillera de aquellas montañas en un tiempo gigantescas.
Verdaderamente “tú serás un terror y nunca más volverás a ser” (47), pues hasta el nombre mismo de la Raza y su destino hállanse ahora borrados de la memoria del hombre. Téngase presente que casi todos los reyes y sacerdotes antiguos eran Iniciados; que desde los últimos tiempos de la Cuarta Raza había habido una contienda entre los Iniciados del Sendero de la Derecha y los de la Izquierda; finalmente, que el Jardín del Edén está mencionado por otros personajes que los judíos de la raza Adámica, puesto que hasta Faraón es comparado al árbol más hermoso del Edén por este mismo Ezequiel, el cual indica que:
Todos los árboles del Edén, los más escogidos y mejores del Líbano... tomaron consolación en las partes inferiores de la tierra. (Pues) ellos también descendieron al infierno con él (Faraón) (48).
-a las regiones inferiores, que son efectivamente el fondo del océano cuyo suelo se abrió para devorar a las tierras de los Atlantes y a ellos mismos. Si se tiene presente todo esto, y se comparan los diversos relatos, se ve entonces que los capítulos XXVIII y XXXI de Ezequiel no se relacionan con Babilonia, Asiria, ni aun con Egipto (puesto que ninguno de estos fue destruido de este modo, sino que simplemente cayeron en ruinas en la superficie, y no bajo la tierra)-, pero sí con la Atlántida y con la mayor parte de sus naciones. Y se verá también que el “Jardín del Edén” de los Iniciados no era un mito, sino una localidad ahora sumergida. La luz se hará y se apreciarán en su verdadero valor esotérico sentencias como las siguientes: “Tú has estado en el Edén...; tú estuviste en la santa montaña de Dios” (49); pues cada nación tenía y muchas tienen aún montañas santas; unas los Picos Himaláyicos, otras el Parnaso y el Sinaí. Todas eran sitios de Iniciación y moradas de los Jefes de las comunidades antiguas y aun modernas de Adeptos. Y también:
Mirad, el asirio (¿por qué no el Iniciado Atlante?) era un cedro del Líbano...; su altura se elevaba sobre todos los árboles... Los cedros en el jardín de Dios no podían ocultarse... de modo que todos los árboles del Edén... le envidiaban (50).
En toda el Asia Menor, los Iniciados eran llamados “Árboles de la Justicia” y Cedros del Líbano, así como también algunos reyes de Israel. Lo mismo sucedía con los grandes Adeptos en la India, pero sólo los Adeptos de la Mano Izquierda. Cuando el Vishnu Purâna dice: que “el mundo fue invadido por los árboles” mientras los Prâchetasas, que “pasaron 10.000 años de austeridad en el vasto Océano”, estaban absortos en sus devociones, la alegoría se refiere a los Atlantes y Adeptos de los primeros tiempos de la Quinta Raza, los arios. Otros “árboles (Brujos Adeptos) se extendieron, y ensombrecieron la tierra sin protección; y el pueblo pereció... no siéndole posible trabajar durante diez mil años”. Luego se muestra a los Sabios, a los Rishis de la Raza Aria, llamados Prâchetasas, “saliendo de las profundidades” (51), y destruyendo por medio del viento y de las llamas que salían de sus bocas, a los “Árboles” inicuos y a todo el reino vegetal; hasta que Soma (la Luna), el rey del mundo vegetal, los apacigua aliándose con los Adeptos del Sendero de la Derecha, a quienes ofrece como esposa a Mârishâ, la “prole de los árboles” (52). Esto alude a la gran lucha entre los “Hijos de Dios” y los Hijos de la Sabiduría Tenebrosa; nuestros antepasados; o los Adeptos, Atlantes y Arios.
Toda la historia de ese período está alegorizada en el Râmâyana, que es el relato místico en forma épica, de la lucha entre Râma (el primer rey de la Dinastía Divina de los primeros arios), y Râvana, la personificación simbólica de la Raza Atlante (Lankâ). Los primeros eran las encarnaciones de los Dioses Solares; los segundos las de los Devas Lunares. Ésta fue la gran batalla entre el Bien y el Mal, entre la Magia Blanca y la Negra, por la supremacía de las fuerzas divinas sobre los poderes terrestres inferiores o cósmicos.
Si el estudiante quiere comprender mejor esta última declaración, diríjase al episodio Anugîtâ del Mahâbhârata , donde el brahmán dice a su esposa:
Yo he percibido por medio del Yo la sede que está en el Yo -(la sede) donde mora el brahmán libre de los pares de opuestos; y la luna, juntamente con el fuego (o el sol), sosteniendo a (todos) los seres (como) propulsor del principio intelectual (53).
La Luna es la deidad de la mente (Manas), pero sólo en el plano inferior. Dice un Comentario:
Manas es doble - Lunar en su parte inferior, Solar en la superior .
Es decir, es atraído en su aspecto superior hacia Buddhi, y en el inferior desciende dentro, y escucha la voz de su Alma animal, llena de deseos egoístas y sensuales; y aquí está contenido el misterio de la vida del Adepto y del hombre profano, así como también el de la separación post-mortem del Hombre divino del animal. El Mahâbhârata (cada una de cuyas líneas debe leerse esotéricamente) descubre con un magnífico simbolismo y alegoría, las tribulaciones tanto del Hombre como del Alma. En el Anugîtâ dice el brahmán:
En el interior (dentro del cuerpo), en medio de todos estos (aires vitales) (¿principios?), que recorren el cuerpo y se absorben el uno en el otro (54) arde el fuego (55) séptuple Vaishvânara (56).
Pero el “Alma” principal es Manas o la mente; de aquí a Soma, la Luna, se la muestre aliándose con la porción solar de aquélla, personificada por los Prâchetasas. Pero de las siete claves que descubren los siete aspectos del Râmâyana, así como los de toda Escritura, éste es sólo uno, el metafísico.
El símbolo del “Árbol” representando a diversos Iniciados, era casi universal. Jesús es llamado el “Árbol de Vida”, así como todos los Adeptos de la Buena Ley, mientras que a los del Sendero de la Izquierda se les llama “los árboles que se secan”. Juan Bautista habla de la “segur” para “la raíz de los árboles” (57), y los reyes de los ejércitos asirios son llamados “árboles” (58).
El verdadero significado del Jardín del Edén ha sido expuesto suficientemente en Isis sin Velo. Ahora bien; la escritora ha oído más de una vez expresar sorpresa, porque Isis sin Velo contuviese tan poco de las doctrinas que ahora se enseñan. Esto es completamente erróneo. Pues las alusiones a tales enseñanzas abundan, aun cuando las enseñanzas mismas se reservasen. Entonces no había llegado el tiempo, como tampoco ha sonado, hasta el presente, la hora en que pueda decirse todo. Un crítico de Buddhismo Esotérico escribía una vez: “En Isis sin Velo no se menciona a ningún Atlante ni a la Cuarta raza que precedió a la nuestra, la Quinta”. Yo, que escribí Isis sin Velo, sostengo que los Atlantes son mencionados como nuestros predecesores. Porque ¿qué puede haber más claro que la siguiente declaración, al hablar del Libro de Job?
En el texto original, en lugar de “cosas muertas”, está escrito Rephaim muertos (gigantes u hombres primitivos poderosos), de los cuales la “Evolución” podrá hacer proceder un día nuestra raza presente (59).
Ahora se le invita a que lo haga, ya que la alusión queda completamente explicada; pero los evolucionistas, es seguro, se negarán hoy como se negaron hace diez años. La Ciencia y la Teología están en contra nuestra; por tanto, ponemos ambas en duda, y lo hacemos en defensa propia. Fundándose en nebulosas metáforas esparcidas por los profetas, y en el Apocalipsis de San Juan, gran versión del Libro de Enoch reeditado, sobre estos cimientos inseguros, la Teología Cristiana ha edificado sus epopeyas dogmáticas de la Guerra en el Cielo. Ha hecho más: ha empleado las visiones simbólicas, inteligibles sólo para los Iniciados, como columnas sobre las cuales se sostenga todo el enorme edificio de su religión; y ahora tales columnas se han tornado en débiles cañas, y la ingeniosa fábrica se está viniendo al suelo. Todo el esquema cristiano se funda sobre este Jakin y Boaz: las dos fuerzas contrarias del Bien y del Mal, Cristo y Satán, (fuerzas benignas y malignas). Quítesele al Cristianismo su puntal principal de los Ángeles Caídos y el Jardín del Edén se desvanecerá, con su Adán y Eva, en aire sutil; y el Cristo, en su carácter exclusivo de Único Dios y Salvador, y la Víctima de la Redención por el pecado del hombre animal se convertirá en un mito inútil y sin sentido.
En un número antiguo de la Revue Archêologique, un escritor francés, monsieur Maury, observa que:
Esta lucha universal entre espíritus buenos y malos parece ser tan sólo la reproducción de otra guerra más antigua y más terrible, la cual, según los mitos antiguos, tuvo lugar antes de la creación del universo entre las legiones fieles y las rebeldes (60).
Lo decimos otra vez: es una simple cuestión de prioridad. Si el Apocalipsis de Juan hubiera sido escrito en el período Védico, y no hubiese la seguridad de que es sencillamente otra versión del Libro de Enoch, y de las leyendas del Dragón de la antigüedad pagana, la grandiosidad y la hermosura de las imágenes hubiesen inclinado la opinión del crítico en favor de la interpretación cristiana de esa primera Guerra, cuyo campo de batalla fue el estrellado Cielo; y los primeros muertos, los Ángeles. Pero según están las cosas, sin embargo, hay que referir el Apocalipsis , suceso por suceso, a otras visiones mucho más antiguas. Para la mejor comprensión de las alegorías apocalípticas y de la epopeya Esotérica, rogamos al lector que se dirija al Apocalipsis, y que lea el capítulo XII, desde el versículo 1 al 7.
Esto tiene varios significados, y mucho se ha encontrado ya respecto a las claves astronómicas y numéricas de este mito universal. La que ahora podemos presentar, es un fragmento, unas pocas indicaciones respecto de su significado secreto, que encierran los anales de una verdadera guerra, la lucha entre los Iniciados de las dos Escuelas. Muchas y diversas son las alegorías que aún existen construidas sobre esta misma piedra fundamental. E l relato verdadero, el que revela todo el significado esotérico, se encuentra en los Libros Secretos, pero estos fuera del alcance de la escritora.
En las obras exotéricas, sin embargo, el episodio de la Guerra Târaka, y algunos Comentarios Esotéricos, pueden, quizás, darnos una clave. En todos los Purânas se describe el suceso con más o menos variaciones, que muestran su carácter alegórico.
En la mitología de los primeros Arios Védicos, así como en los últimos relatos Puránicos, se hace mención de Budha, el “Sabio”, el “instruido en la Sabiduría Secreta”, el cual es el planeta Mercurio en su euhemerización. El Hendu Classical Dictionary atribuye a Budha la paternidad de un himno del Rig Veda. Por tanto, no puede ser en modo alguno “una ficción posterior de los brahmanes”, sino que es verdaderamente una personificación antiquísima.
Investigando en su genealogía o más bien teogonía, es como se descubren los hechos siguientes: Como mito, es hijo de Târâ, la esposa de Brihaspati, el de “Color de oro” y de Soma, la Luna (masculina), que, a semejanza de Paris, arrebata esta nueva Elena del Reino Sideral indo, a su esposo. Esto origina una gran pendencia y guerra en Svarga ( el Cielo). El episodio ocasiona una batalla entre los Dioses y los Asuras. El Rey Soma encuentra aliados en Ushanas (Venus), el jefe de los Dâvanas; y los Dioses son capitaneados por Indra y Rudra, que luchan con Brihaspati. Este último está ayudado por Shankara (Shiva), quien habiendo tenido por Gurú a Angiras, padre de Brihaspati,defiende a su hijo. Indra es aquí el prototipo indo de Miguel, el Archistrategus y el matador de los Ángeles “del Dragón”, puesto que uno de sus nombres es Jishnu, el “jefe de la hueste celestial”. Ambos combaten, lo mismo que algunos Titanes hicieron contra otros Titanes en defensa de Dioses vengativos, un partido a favor de Júpiter Tonante (en la India Brihaspati es el planeta Júpiter, lo cual es una coincidencia curiosa); y el otro en defensa del siempre tonante Rudra. Durante esta guerra, Indra es abandonado por su guardia de corps, los Dioses de la Tempestad (Maruts). La historia es muy sugestiva en algunos de sus detalles.
Examinemos algunos e ellos, y tratemos de descubrir su significado.
El Genio o “Regente” que preside el planeta Júpiter, es BRIHASPATI, el esposo perjudicado. Es el Instructor o Gurú Espiritual de los Dioses representantes de los Poderes Procreadores. En el Rig Veda es llamado Brahmanaspati, nombre “de una deidad en quien está personificada la acción de los que son adorados sobre los dioses”. De aquí que Brahmanaspati represente la materialización de la “Gracia Divina”, por decirlo así, por medio del ritual y las ceremonias, o sea el culto exotérico.
TÀRÀ (61) su esposa es, por otra parte, la personificación de los poderes de los iniciados en Gupta Vidyâ (el Conocimiento secreto), como se verá.
SOMA es, astronómicamente, la Luna; pero en fraseología mística es también el nombre del brebaje sagrado que bebían los brahmanes y los Iniciados durante sus misterios y ritos del sacrificio. La planta Soma es el asclepias ácida, que produce un jugo del cual se hace esta bebida mística, el brebaje Soma. Sólo los descendientes de los Rishis, los Agnihotris, o sacerdotes del Fuego, de los grandes Misterios, conocían todos sus poderes. Pero la verdadera propiedad del Soma real era (y es) hacer un nuevo hombre del Iniciado, después que renace, esto es, cuando principia a vivir en su Cuerpo Astral (62); pues su naturaleza espiritual, sobreponiéndose a la física, hace que pronto él se deshaga de ésta y hasta de una parte de aquella forma etérea (63).
Antiguamente no se daba nunca Soma a los brahmanes no iniciados, a los simples Grihastas, o sacerdotes del ritual exotérico. Así, pues, Brihaspati, por más que fuera el “Gurú de los Dioses”, representaba, sin embargo, la forma de la letra muerta del culto. Târâ, su esposa, símbolo del que, aunque aliado al culto dogmático ansía la verdadera Sabiduría, es a la que se muestra como iniciada en sus misterios por el Rey Soma, el dador de esa Sabiduría. Por esto en la alegoría aparece Soma robándola. El resultado de eso es el nacimiento de Budha, la Sabiduría Esotérica , Mercurio, Hermes, en Grecia y en Egipto. se le representa como “tan bello”, que hasta es esposo, aun sabiendo muy bien que Budha no es fruto de su culto de la letra muerta, reclama al “recién nacido” como su Hijo, fruto de sus ritos y fórmulas sin sentido (64). Tal es, en pocas palabras, uno de los significados de la alegoría.
La Guerra en el Cielo se refiere a varios sucesos de esta clase en diversos y diferentes planos de ser. El primero es puramente un hecho astronómico y cósmico perteneciente a la Cosmogonía. Mr. John Bentley, creyó que para los indos la Guerra en el Cielo era sólo una figura que se refería a sus cálculos de períodos de tiempo (65).
Esto sirvió, cree él, de prototipo a las naciones occidentales, para construir su Guerra de los Titanes. El autor no se equivoca del todo, pero tampoco está enteramente en lo firme. Si el prototipo sideral se refiere verdaderamente a un período premanvantárico, y reposa por completo sobre el conocimiento que los Iniciados arios pretenden tener de todo el programa y progreso de la cosmogonía (66), la Guerra de los Titanes no es sino una copia legendaria y deificada de la verdadera guerra que tuvo lugar en el Kailâsa Himaláyico (el Cielo), en lugar de las profundidades del espacio cósmico interplanetario. es el relato de la terrible lucha entre los “Hijos de Dios y los “Hijos de la Sombra”, de las Razas Cuarta y Quinta. De estos dos sucesos, mezclados entre sí por las leyendas tomadas del relato exotérico de la Guerra declarada por los Asuras contra los Dioses, es de donde han partido todas las tradiciones nacionales subsiguientes sobre el asunto.
Los Asuras, que posteriormente fueron transformados en malos Espíritus y Dioses inferiores eternamente en Guerra con las Grandes Deidades, son esotéricamente los Dioses de la Sabiduría Secreta. En las partes más antiguas del Rig Veda, son ellos los Espirituales y los Divinos, pues el término Asura se aplica al Espíritu supremo, y es el mismo gran Ahura de los Mazdeístas (67). Hubo un tiempo en que los mismos Dioses Indra, Agni y Varuna pertenecían a los Asuras.
En el Taittiriya Brâhmana, el aliento “Asu) de Brahmâ-Prajâpati, se vivificó, de este Aliento creó él a los Asuras. Más tarde, después de la Guerra, los Asuras son llamados enemigos de los Dioses; de aquí “A-suras”, siendo la a inicial un prefijo negativo o “No-Dioses”, pues los “Dioses” se denominan Suras. Esto relaciona luego a los Asuras y sus “Huestes”, que más adelante se enumeran, con los “Ángeles Caídos” de las iglesias cristianas, una Jerarquía de Seres Espirituales que se encuentra en todos los Panteones de las naciones antiguas y hasta de las modernas, desde la zoroastriana hasta la de los chinos. Son ellos los Hijos del Aliento creador primordial al principio de cada nuevo Mahâ Kalpa, o Manvántara, del mismo rango que los Ángeles que habían permanecido “fieles”. Eran los aliados de Soma (el padre de la Sabiduría Esotérica), contrarios a Brihaspati (representación del culto ritualista o ceremonial). Evidentemente han sido degradados en el espacio y en el Tiempo a la categoría de Poderes contrarios o Demonios por los ceremonialistas, a causa de su rebelión contra la hipocresía, el culto simulado y la forma de la letra muerta.
Ahora bien; ¿cuál es el verdadero carácter de todos los que lucharon en unión con ellos? Estos son:
1º. Ushanas, o las “Huestes” del Planeta Venus, convertida ahora en el Lucifer católico romano, el Genio de la “estrella del día” (68), Tsaba o Ejército de “Satán”.
2º. Los Daityas y Dânavas son los Titanes, los Demonios y Gigantes que vemos en la Biblia (69), la progenie de los “Hijos de Dios” y de las “Hijas de los Hombres”. Su nombre genérico muestra su pretendido carácter, y pone en claro al mismo tiempo el animus secreto de los brahmanes; pues ellos son los Kratu-dvishas, los “enemigos de los sacrificios” o simulacros exotéricos. Éstas son las “Huestes” que combatieron contra Brihaspati, la representación de las religiones exotéricas populares y nacionales; y contra Indra, el Dios del Cielo visible, el Firmamento, que, en el Veda primitivo, es el Dios más elevado del Cielo cósmico, la morada propia de un Dios extra-cósmico y personal, sobre el cual no puede nunca remontarse ningún culto exotérico.
3º. Luego vienen los Nâgas (79), los Sarpas, Serpientes o Serafines. Estos también muestran su carácter por el sentido secreto de su emblema. En mitología son seres semidivinos con cara humana y cola de dragón. Por tanto, es innegable que ellos son los Seraphim judíos (compárese Serapis, Sarpa y Serpiente); siendo el singular, Saraph, “ardiente, ígneo”. (Véase Isaías, VI, 2, 3.) La angeología cristiana y judía hace una distinción entre los Seraphim y los Querubines o Querubes, que vienen en segundo lugar. Esotérica y kabalísticamente son idénticos; pues los Querubines son simplemente el nombre de las imágenes o semejanzas de cualquiera de las divisiones de las Huestes celestiales. Ahora bien; según se ha dicho ya, Dragones y Nâgas son los nombres que se daban a los Iniciados ermitaños, a causa de su gran Sabiduría y Espiritualidad, y por vivir en subterráneos. Así, cuando Ezequiel (71) aplica el adjetivo de Querub al rey de Tiro, y le dice que por su sabiduría y entendimiento no hay secreto que se le pueda ocultar, muestra al Ocultista que es un “Profeta”, quizás aun partidario del culto exotérico, que truena contra el Iniciado de otra escuela, y no contra un Lucifer imaginario, un Querubín caído de las estrellas, y después del Jardín del Edén. De modo que la llamada “Guerra” es también, en uno de sus muchos significados, un anal alegórico de la lucha entre las dos clases de Adeptos: los del sendero de la Derecha y los del de la Izquierda. Había tres clases de Rishis en la India que fueron los primeros Adeptos conocidos; los de estirpe real o Râjarshis, reyes y príncipes que adoptaban la vida ascética; los Divinos o Devarishis, o hijos de Dharma o Yoga; y los Brahmarshis, descendientes de aquellos Rishis que fueron los fundadores de los Gotras de los brahmanes, o razas de casta. Ahora bien; dejando por un momento las claves mítica y astronómica, las enseñanzas secretas muestran a muchos Atlantes que pertenecieron a estas divisiones; y hubo luchas y guerras entre ellos, de facto y de jure. Nârada, uno de los más grandes Rishis, fue un Devarishi; y se le muestra en constante y eterna contienda con Brahmâ, Daksha y otros Dioses y Sabios. Por tanto, podemos afirmar sin temor que, cualquiera que sea el significado astronómico de esta leyenda universalmente admitida, su aspecto humano está basado en sucesos reales históricos, desfigurados y convertidos en dogma teológico, sólo para servir a fines eclesiásticos. Lo mismo que es arriba, es abajo. Los fenómenos siderales y la conducta de los cuerpos celestes en los Cielos fueron tomados como modelo, y el plan fue ejecutado abajo, sobre la Tierra. Por esto el Espacio, en su sentido abstracto, fue llamado el “reino del conocimiento divino”; y por los caldeos o Iniciados Ab Soo, la morada (o el padre, esto es, la fuente) del conocimiento, porque en el espacio es donde moran los Poderes inteligentes que de un modo invisible gobiernan el Universo (72).
Del mismo modo, y sobre el plano del Zodíaco en el Océano superior o los Cielos, cierto reino de la Tierra, un mar interior, fue consagrado y denominado el “Abismo de la Sabiduría”; en éste, doce centros en forma de doce islas pequeñas, representando los Signos del Zodíaco (dos de los cuales permanecieron durante edades siendo los “Signos del misterio”) (73), eran las mansiones de doce Hierofantes y Maestros de la Sabiduría. Este “Mar de Sabiduría” o conocimiento (74), permaneció durante edades, donde ahora se extiende el Desierto de Shamo o Gobi. Existió hasta el último gran período glacial, en que un cataclismo local, que desplazó las aguas hacia el Sur y hacia el Oeste, formó el gran desierto, hoy desolado, quedando tan sólo cierto oasis, con un lago y una isla en medio de él, como reliquia del Anillo Zodiacal en la Tierra. Durante edades el Abismo del Agua -que para las naciones que precedieron a los babilonios posteriores era la mansión de la “Gran Madre”, el post-tipo terrestre de la “Gran Madre Caos” en el Cielo, el padre de Ea (la Sabiduría), el cual fue a su vez el prototipo primitivo de Oannes, el Hombre-Pez de los babilonios-; durante edades, pues, el “Abismo” o Caos fue la mansión de la Sabiduría y no del Mal. La lucha de Bel y luego de Merodach, el Dios-Sol, con Tiamat, el Mar y su Dragón -”Guerra” que terminó con la derrota de este último- tiene un sentido puramente cósmico y geológico, así como también histórico. Es una página arrancada a la historia de las Ciencias Secretas y Sagradas, su evolución, desarrollo y MUERTE -para las multitudes profanas. Se relaciona a) con la desecación sistemática y gradual de inmensos territorios por el Sol ardiente, en cierto período prehistórico, uno de los terribles agotamientos que terminaron con la transformación gradual de tierras, en un tiempo fértiles y con agua abundante, en los arenosos desiertos que hoy existen; y b) con la igualmente sistemática persecución de los Profetas del Sendero de la Derecha por los de la Izquierda. Estos últimos, habiendo inaugurado el nacimiento y la evolución de las castas sacerdotales, han conducido finalmente al mundo a todas esas religiones exotéricas, inventadas para satisfacer el gusto depravado de los hoi-polloi y los ignorantes, por la pompa ritualista y la materialización del Principio Incognoscible siempre inmaterial.
Esto fue una cierta mejora sobre la brujería Atlante, cuyo recuerdo permanece en la memoria de todo el mundo literario que lee sánscrito en la India, así como en las leyendas populares. Sin embargo, fue una parodia y una profanación de los Misterios Sagrados y de su Ciencia. El rápido progreso del antropomorfismo y de la idolatría condujo a la Quinta Raza primitiva, como condujo a la Cuarta, otra vez a la brujería, aunque en menor escala. Finalmente, hasta los cuatro “Adanes” (que simbolizaban, bajo otros nombres, las cuatro Razas precedentes) fueron olvidados, y pasando de una generación a otra, cargada cada una con algunos mitos adicionales, fueron últimamente ahogados en ese océano del simbolismo popular llamado los Panteones. Sin embargo, existen aún hoy en las tradiciones judías más antiguas: el primero, el Tzelem, el “Adán Sombra”, los Chhâyâs de nuestra doctrina; el segundo el Adán “Modelo”, copia del primero, y “macho y hembra” del Génesis exotérico; el tercero el “Adán terrestre”, antes de la Caída, andrógino, y el Cuarto, el Adán después de su “ caída”, esto es, separado en sexos, o el Atlante puro. El Adán del Jardín del Edén, o el antepasado de nuestra Raza (la quinta), es un compuesto ingenioso de los cuatro anteriores. Según se declara en el Zohar, Adán, el primer Hombre, no se encuentra ahora en la Tierra, “no se encuentra en todo lo de Abajo”. ¿Pues de dónde viene la Tierra inferior? “De la Cadena de la Tierra, y del Cielo Arriba”, esto es, de los Globos superiores, los que preceden a nuestra Tierra y están sobre ella.
Y de ella (la Cadena) salieron seres diferentes unos de otros. Algunos con vestidos (pieles) (sólidos), algunos en cascarones (Q’lippoth)... algunos en cáscaras rojas, algunos en negras, algunos en blancas y algunos de todos colores (75).
Lo mismo que en la Cosmogonía Caldea de Beroso y que en las Estancias que se acaban de exponer, algunos tratados de la Kabalah hablan de criaturas de dos caras, de algunas con cuatro, y de otras con una; pues “el Adán más elevado no descendió en todos los países, ni produjo progenie, ni tuvo muchas esposas”, pero esto es un misterio.
También es un misterio el Dragón. Con verdad dice Rabbi Simeón Ben Jochai, que el comprender el significado del Dragón no es para los “compañeros” (estudiantes, o chelas), sino solamente para “los niños”, esto es, los perfectos Iniciados (76).
La obra del principio la comprenden los compañeros; pero sólo los pequeñuelos comprenden la parábola de la obra en el Principium por el Misterio de la Serpiente del Gran Mar (77).
Y aquellos cristianos que lleguen a leer esto comprenderán también, a la luz de la sentencia anterior, quién fue su “Cristo”. Pues Jesús declara repetidamente que aquel “que no reciba el Reino de Dios como un “niño pequeño no entrará en él”; y si bien algunos de sus dichos se aplican a los niños sin metáfora, la mayor parte de las referencias a los “pequeñuelos”, en los Evangelios, se refieren a los Iniciados, de los cuales Jesús era uno. Pablo (Saúl) es llamado en el Talmud, el “pequeño”.
El “Misterio de la Serpiente” era éste: Nuestra Tierra, o más bien, nuestra vida terrestre, es mencionada muchas veces en las Enseñanzas Secretas como el Gran Mar, habiendo el “Mar de la Vida” quedado hasta hoy como metáfora favorita. El Siphra Dtzenioutha habla del Caos Primordial y de la Evolución del Universo después de una Destrucción (Pralaya), comparándolo a una serpiente enroscada:
Extendiéndose aquí y allí, con la cola en la boca, la cabeza retorciéndose sobre el cuello, está rabiosa y colérica... Vigila y se oculta. Cada mil Días se manifiesta (78) .
Un comentario de los Purânas dice:
Ananta-Shesha es una forma de Vishnu, el Espíritu Santo de Preservación, y símbolo del Universo, sobre el cual se supone que duerme él durante los intervalos de los Días de Brahmâ. Las siete cabezas de Shesha sostienen el Universo.
Así “duerme” el Espíritu de Dios, o “respira” sobre el Caos de la Materia no diferenciada, antes de cada “Creación” nueva, dice el Siphra Dtzenoutha. Ahora bien; un Dia de Brahmâ se compone, como ya se ha explicado, de mil Mahâ Yugas, y como cada Noche o período de reposo es igual en duración a este Día, fácil es ver a lo que se refiere esta sentencia del Siphra Dtzenioutha de que la Serpiente se manifiesta “una vez cada mil días”. e igualmente fácil es comprender adónde nos lleva el iniciado escritor del Siphra cuando dice:
Su cabeza se rompe en las aguas del Gran Mar, según está escrito: Tú divides el mar con tu fuerza; tú rompes las cabezas de los dragones en las aguas (79).
Esto se refiere a las pruebas de los Iniciados en esta vida física, el “Mar del Dolor”, si se lee con una clave; alude a la sucesiva destrucción de las siete Esferas de una Cadena de Mundos en el Gran Mar del Espacio, cuando se lee con otra clave; pues cada globo o esfera sideral, cada mundo, estrella o grupo de estrellas, es llamado en el simbolismo “Cabeza de Dragón”. Pero como quiera que se lea, el Dragón no ha sido nunca considerado como el Mal, ni tampoco lo fue la Serpiente en la antigüedad. En las metáforas, ya fuesen astronómicas, cósmicas, teogónicas o simplemente fisiológicas (o fálicas), la Serpiente ha sido siempre considerada como símbolo divino. Cuando menciona a “la Serpiente (Cósmica) que corre con 370 saltos” (80), ello significa los períodos cíclicos del gran Año Tropical de 25.868 años, dividido en el cálculo esotérico en 370 períodos o ciclos, así como un año solar está dividido en 365 días. Y si Miguel fue considerado por los cristianos como el vencedor de Satán, el Dragón, es porque en el Talmud este personaje guerrero está representado como el Príncipe de las Aguas, que tenía siete Espíritus subordinados bajo su dominio, una buena razón para que la Iglesia Latina hiciese de él el Santo patrón de todos los promontorios de Europa. En el Siphra Dtzenioutha, la Fuerza Creadora “hace bosquejos y líneas espirales de su creación en forma de Serpiente”. “Tiene la cola en la boca” porque esto es símbolo de la eternidad sin fin y de los períodos cíclicos. Sus significados, sin embargo, necesitarían un volumen para describirlos, y tenemos que terminar.
Así, pues, el lector puede ver ahora por sí mismo cuáles son los diferentes significados de la “Guerra en el Cielo” y del “Gran Dragón”. De este modo, el dogma más solemne y temido de la Iglesia, el alfa y omega de la creencia cristiana, y la columna de la Caída y de la Redención, queda reducido a un símbolo pagano, en las muchas alegorías de estas luchas prehistóricas.

