SECCIÓN VI
GIGANTES, CIVILIZACIONES Y CONTINENTES SUMERGIDOS
SEÑALADOS EN LA HISTORIA
1 L ettres sur l’Atlantide, pág. 12.
2 Histoire de l’Astronomie Ancienne, págs. 25 y siguientes.
3 Lettres sur l’Atlantide , pág. 15. Esta conjetura no es más que adivinar a medias. Hubo tales “diluvios de bárbaros” en la Quinta Raza. Respecto de la Cuarta, fue un bona fide diluvio de agua lo que la hizo desaparecer. Ni Voltaire ni Bailly, sin embargo, sabían nada de la Doctrina Secreta del Oriente.
4 Para una discusión completa de las relaciones entre los antiguos griegos y romanos, y los colonos Atlantes, véase Five Years of Theosophy, págs. 308-346.
5 Timaeus, traducido por H. Davis, págs. 326-328.
6 La historia acerca de la Atlántida y todas las tradiciones sobre el asunto fueron contadas, como todos saben, por Platón en su Timaeus y Critias. Platón, cuando era niño, lo supo de su abuelo Critias, de edad de noventa años, quien lo había oído en su juventud a Solón, amigo de su padre, Dropide; - Solón, uno de los Siete Sabios de Grecia. Creemos que no podría encontrarse origen de más confianza.
7 Véase el escrito del doctor Carter Blake, “Sobre la Mandíbula de La Naulette”, Anthropological Review, septiembre 1867.
8 Véase De Quatrefages y Hamy, Crânes des Races Humaines.
9 El “hombre-mono” de Haeckel del período Mioceno es el sueño de un mono-maníaco, que De Quatrefages (Human Species, páginas 105-113) ha deshecho hábilmente. No vemos claro por qué el mundo deba aceptar las lucubraciones de un materialista psicofóbico -la aceptación de cuyas teorías implicaría la aceptación por la fe de varios animales desconocidos por la Ciencia o por la Naturaleza, como el sozura, por ejemplo, ese anfibio que jamás ha existido en parte alguna fuera de la imaginación de Haeckel- más bien que las tradiciones de la antigüedad.
10 Pero véase la colección de pruebas reunidas por el doctor Donnelly para demostrar que la colonia peruana es un retoño de los atlantes.
11 Cavernes de Périgord, pág. 35.
12 El ingenioso autor de Atlantis, the Ante-diluvian World, discutiendo el origen de varias instituciones griegas y romanas, expresa su convicción de que “los fundamentos de las instituciones de hoy día se remontan al período Mioceno”. Sí, y aun más allá, como ya se ha manifestado.
13 The Human Species, pág. 152.
14 Según nosotros las conocemos, en todo caso. Pues no sólo prueba la Geología que las Islas Británicas se han sumergido cuatro veces y han reaparecido otras tantas, sino que los estrechos entre ellas y Europa fueron tierra firme en una época remota anterior.
15 Véase en Isis sin Velo (I, 627, ed. inglesa) lo que dice Kullûka Bhatta.
16 Le Origines de la Terre et de l’Homme, pág. 454. A esto el profesor N. Joly, de Tolosa, que cita así al Abate en su Man before Metals, dice que espera que M. Fabre le permitirá “no estar de acuerdo con él en este último punto” (pág. 186). Lo mismo dicen los ocultistas; pues aun cuando pretenden que existe una vasta diferencia en la fisiología y apariencia externa de las cinco Razas hasta ahora evolucionadas, sostienen, sin embargo, que la especie humana presente ha descendido del mismo tronco primitivo, salido de los Hombres Divinos, nuestros antecesores y progenitores comunes.
17 Loc. cit., 15, 18.
18 Ibid., 16.
19 Ob. cit., 8-10.
20 “En los pedernales de Thenay hay pruebas inequívocas del trabajo de las manos del hombre”. (G. de Mortillet: Promenades au Musée de Saint Germain, pág. 76).
21 Albert Gaudry: Les Enchaînements du Monde Animal dans les Temps Géologiques, pág. 240.
22 Hablando de los cazadores de rangíferos del Périgord, Joly dice que “eran de gran estatura, atléticos, con un esqueleto fuertemente construido”. (Man before Metals, pág. 353).
23 “En las orillas del lago de Beauce”, dice el Abate Bourgeois, “el hombre vivía en medio de una fauna que desapareció por completo (aceratherium, tapir, mastodonte). Con las arenas fluviales del Orléanais vino el mono antropomorfo (pliopithecus antiquus); por tanto, más tarde que el hombre”. (Véase Comptes Rendus del “Congreso Prehistórico” de 1867 en París).
24 De Quatrefages: The Human Species, pág. 312.
25 “Haciendo sondeos en el suelo fangoso del Valle del Nilo, se descubrieron dos ladrillos cocidos, uno a la profundidad de 20 yardas y otro a la de 24. Si se calcula el espesor del depósito anual formado por el río en 8 pulgadas por siglo (otros cálculos más cuidadosos han mostrado sólo 3 ó 5 por siglo), tenemos que asignar al primero de estos ladrillos una edad de 12.000 años y 14.000 al segundo. Por medio de cálculos análogos, Burmeister supone que han transcurrido 72.000 años desde la primera aparición del hombre en el suelo de Egipto, y Draper atribuye al hombre europeo que presenció la última época glacial una antigüedad de más de 250.000 años”. (Man before Metals, pág. 183) ¡Los Zodíacos egipcios demuestran más de 75.000 años de observación! Nótese bien, igualmente, que Burmeister habla tan sólo de la población del Delta.
26 Véase Buddhismo Esotérico, págs. 68-9 (8ª edición inglesa).
27 O lo que son ahora las Islas Británicas, que aún no se habían desprendido del continente principal en aquel tiempo. “Los antiguos habitantes de Picardía podían pasar a la Gran Bretaña sin cruzar el Canal. Las Islas Británicas estaban unidas a la Galia por un Istmo que luego se sumergió”. (Man before Metals, pág. 184).
28 Lo presenció y lo recuerda también, toda vez que “la desaparición final del mayor continente (de la Atlántida) fue un suceso que coincidió con la elevación de los Alpes”, según escribe un Maestro. (Véase Buddhismo Esotérico, pág. 73, octava edición inglesa). Pari passu, a medida que una parte de la tierra firme de nuestro hemisferio desaparecía, surgía de los mares una parte del nuevo continente. Sobre este cataclismo colosal, que se prolongó durante un período de 150.000 años, se fundaron las tradiciones de todos los “diluvios” y los judíos construyeron su versión sobre un suceso que tuvo lugar más tarde, en Poseidonis.
29 “Antigüedad de la Raza Humana”, en Man before Metals, por M. Joly, página 184.
30 El “jurado” científico, como de costumbre, no estuvo de acuerdo; mientras que De Quatrefages, de Mortillet, Worsae, Engelhardt,. Waldemar Schmidt, Capellini, Hamy y Cartailhac vieron en los pedernales vestigios del trabajo del hombre, Steenstrup, Virchow y Desor no lo admitieron. Sin embargo, la mayoría, si exceptuamos algunos hombres de ciencia ingleses, está con Bourgeois.
31 Tomamos la siguiente descripción de una obra científica. “El primero de estos animales (el aligator), dibujado con gran habilidad, no mide menos de 250 pies de largo... El interior está formado de una masa de piedras, sobre la cual está moldeada la forma, con arcilla dura y fina. La gran serpiente está representada con la boca abierta en el acto de tragar un huevo, cuyo diámetro es de 100 pies en su parte más gruesa; el cuerpo del animal está trazado en curvas elegantes y la cola en espiral. El largo total del animal es de 1.100 pies. Esta obra es única... y en el viejo continente no hay nada que tenga analogía con ella”. Excepto, sin embargo, su simbolismo de la Serpiente (el Ciclo del Tiempo) tragándose el Huevo (el Kosmos).
32 Quizás sería mejor para los hechos que tuviésemos más “especialistas” en la Ciencia, y menos “autoridades” en asuntos universales. Nunca hemos oído que Humboldt expresase opiniones autoritarias y decisivas en la cuestión de los pólipos o sobre la naturaleza de una excrecencia.
33 Cincuenta y siete mil años es la fecha asignada por el doctor Dowler a los restos del esqueleto humano, que se encontró enterrado bajo cuatro bosques antiguos en Nueva Orleans, en las orillas del río Misisipi.
34 Murray dice de los bárbaros del Mediterráneo, que se maravillaban de las proezas de los atlantes. “Su fuerza física era extraordinaria (testigos son, en verdad, sus construcciones ciclópeas), estremeciéndose a veces la tierra bajo su paso. Lo que quiera que hacían, lo hacían rápidamente... Eran sabios y comunicaban su sabiduría a los hombres”. (Mythology, pág. 4).
35 Artículo del doctor C. Carter Blake, 1871.
36 Pero los Magos de Persia nunca fueron persas, ni aun caldeos. Vinieron ellos de tierra muy lejana, siendo los orientalistas de opinión que esta tierra era la Media. Puede que sea así, pero ¿de qué parte de la Media? A esto no recibimos contestación.
37 Ob. cit., pág. 160.
38 Ob. cit., vers. 3-7, 10, 12, 13.
39 Civilization of the Eastern Iranians in ancient Times, págs. 130, 131 (Kêrshvars está también escrito Karshvars.
40 Bûmi haptâita, Yasna, XXXII, 3.
41 Véase, por ejemplo, vol I, pág. 4, de la traducción de Pahlavi; Bdh., XXI, 2, 3.
42 Nota de Dârâb Dastur Peshotan Sanjânâ, B. A., traductor de la obra del doctor Wilhelm Geiger, sobre Civilization of the Eastern Iranians.
43 Ob. cit., págs. 130, 131.
44 El doctor Kenealy, en su Book of God, cita a Vallancey, que dice: “No hacía una semana que había llegado a Irlanda procedente de Gibraltar..., donde había estudiado hebreo y caldeo con judíos de varios países... cuando oí a una muchacha campesina decir a un aldeano que se hallaba a su lado, “Feach an Maddin Nag” (Mira la estrella de la mañana), señalando al planeta Venus, el Maddina Nag de los caldeos” (págs. 162-163).
45 Lib. IV.
46 Hubo un tiempo en que el mundo todo, toda la humanidad, tuvo una religión, y en que todos eran de “una boca”. “Todas las religiones de la tierra fueron al principio una, emanada de un centro”, dice con verdad Faber.
47 Critias, traducido por Davis, pá g. 415.
48 La veracidad de Platón ha sido tan infundadamente atacada hasta por críticos tan amigos como el profesor Jowett, cuando se ha discutido el relato de la Atlántida, que parece conveniente citar el testimonio de un especialista sobre el asunto. Es bastante para colocar a los que son meros cavilosos literarios, en una posición ridícula.
“Si nuestro conocimiento de la Atlántida fuese más completo, parecería, sin duda, que en todos los casos en que los pueblos de Europa estuviesen de acuerdo con los de América, estarían los dos de acuerdo con el pueblo de la Atlántida... Se observará que todas las veces que Platón nos da un informe en este punto respecto de la Atlántida, vemos que el acuerdo existe. Existía en la arquitectura, escultura, navegación, grabado, escritura, sacerdocio establecido, en la forma de culto, en la agricultura y en la construcción de caminos y canales; y es de razón suponer que la misma correspondencia se extendía a todos los menores detalles”. (Donnelly, Atlantis, pág. 164).
49 Los cristianos no debieran hacer objeciones a esta doctrina de la destrucción periódica de los continentes por medio del fuego o del agua; pues San Pedro habla de la Tierra “sobresaliendo del agua y en el agua, por lo que el mundo que entonces existía, siendo inundado por el agua, pereció, pero (está ahora) reservada al fuego” (II, iii, 5-7). Véase también Lives de Alchemystical Philosophers, pág. 4, London, 1815.
50 Véase Teogonía, de Hesiodo, 507-509, y Odisea, I, 51-53.
51 Mémoires de l’Académie des Inscriptions, pág. 176.
52 Esquilo, Prometheus Vinetus, págs. 351, 429, etc.
53 IV, 184.
54 Pitágoras, I, 20; Decharme, ob. cit., pág. 315.
55 Esto no quiere decir que Atlas sea el lugar donde cayó; pues esto tuvo lugar en el Asia Septentrional y Central; sino que Atlas formaba parte del Continente.
56 Si Diocleciano no hubiese quemado las obras esotéricas de los egipcios en 296 después de Cristo, juntamente con sus libros de Alquimia; César, 700.000 rollos en Alejandría; Leo Isauro, 300.000 en Constantinopla (siglo VIII); y los mahometanos todo aquello en que pudieron poner sus manos sacrílegas, el mundo sabría hoy más de la Atlántida que lo que sabe. Pues la Alquimia nació en la Atlántida durante la Cuarta Raza, y tuvo su renacimiento sólo en Egipto.
57 Tenemos a la vista la Conferencias del profesor Max Müller, On the Philosophy of Mythology. Leemos sus citas de Heráclito (460 años antes de Cristo) declarando que Homero merecía “ser lanzado de las asambleas públicas y azotado”; y que Xenofanes “hacía responsables a Homero y Hesiodo de las supersticiones populares de Grecia”, por atribuir “a los dioses todo lo que fuera degradante y escandaloso entre los hombres..., hechos criminales, tales como el robo, el adulterio y el fraude”. Finalmente, el profesor de Oxford cita una parte de la traducción de Platón por el profesor Jowett, en que éste dice a Adaimantus (República) que a “los jóvenes (del Estado) no debía decírseles que al cometer los peores crímenes estaban lejos de hacer nada malo, y que podían castigar a sus padres (como Zeus hizo con Cronos)... de la manera que quisiesen, y que en esto sólo seguían el ejemplo del primero y más grande de los dioses... En mi opinión, estas historias no son propias para ser repetidas”. A esto observa el profesor Max Müller que: “la religión griega era claramente una religión nacional y tradicional, y que como tal participaba de las ventajas y desventajas de esta forma de creencia religiosa”; al paso que la religión cristiana es “una religión histórica, y, en gran parte, individual y posee la ventaja de un código autorizado y de un sistema de creencia establecido” (pág. 349). Tanto peor si es “histórica”, pues seguramente el incidente de Lot con sus hijas sólo ganaría si fuera “alegórico”.
58 Hercules Furens, 1346, edición de Dindorf.
59 Critias, 421.
60 Neptuno o Poseidón es el Idas-pati hindú, idéntico a Nârâyana (el movedor de las Aguas) o Vishnu, y como este dios indo se presenta cruzando todo el horizonte en tres pasos. Idas-pati también significa el “Señor de las Aguas”.
61 El aserto de Bailly de que los 9.000 años mencionados por los sacerdotes egipcios no representan “años solares” no tiene fundamento. Bailly no sabía nada de Geología ni de sus cálculos; de lo contrario, hubiera hablado de otro modo.
62 Véase Matsya Purâna, el cual le coloca entre los siete Prajâpatis de la época.
63 Ilíada, XXIV, 79
64 Ob. cit., pág. 426.
65 El equivalente de este nombre se da en el original.
66 Se dice que Deucalión trajo el culto de Adonis y Osiris a Fenicia. Ahora bien, este culto es el del Sol, perdido y vuelto a encontrar en su significación astronómica. Sólo en el Polo es donde el Sol se extingue por seis meses, pues en la latitud 68º sólo permanece muerto durante cuarenta días, como en las fiestas de Osiris. Ambos cultos nacieron en el Norte de la Lemuria, o en aquel Continente del cual Asia era una especie de prolongación interrumpida, y que se extendía hasta las regiones polares. Esto está bien indicado por las Allégories d’Orient, de Gebelin, pág. 246, y por Bailly; aunque ni Hércules ni Osiris son mitos solares, excepto en uno de sus siete aspectos.
67 Los Hiperbóreos, considerados ahora como míticos, son descritos (Herod. IV, 33-35; Pausanias I, 32, 32; V, 7, 8; X, 5, 7, 8) como sacerdotes y servidores amados de los Dioses, y principalmente de Apolo.
68 Los Ciclopes no son los solos representantes de “un ojo” en la tradición. Los Arimaspes eran un pueblo escítico, y se les atribuía también un solo ojo. (Géographie Ancienne, II, 321). Ellos fueron los que Apolo destruyó con sus flechas.
69 Ulises naufragó en la isla de Aeaea, en donde Circe transformó a todos sus compañeros en cerdos a causa de su voluptuosidad; después de esto fue arrojado a Ogygia, la isla de Calipso, en donde vivió unos siete años en relaciones ilícitas con la ninfa. Ahora bien; Calipso era una hija de Atlas (Odys. XII), y todas las versiones antiguas tradicionales, al hablar de la isla de Ogygia, dicen que estaba muy distante de Grecia y en medio del Océano, identificándola así con la Atlántida.
70 Hygin., Astron. Poétique, II, cap. 15.
71 Nineteenth Century, julio 1887.
72 Diod. Sic., II, 307.
73 Para establecer una diferencia entre la Lemuria y la Atlántida, los escritores antiguos mencionaban a esta última como Atlántida Septentrional o Hiperbórea, y a la primera como Meridional. Así Apolodro dice (Mitología, Libro II): “Las manzanas de oro que se llevó Hércules no están, como algunos creen, en la Libia; están en la Atlántida Hiperbórea”. Los griegos naturalizaban a todos los Dioses que se apropiaban y los hacían helenos, y los modernos les ayudan. Así también, los mitólogos han tratado de hacer del Eridano el río Po, en Italia. En el mito de Faetón se dice que, a su muerte, sus hermanas derramaron lágrimas ardientes que cayeron en el Eridano y se cambiaron en ámbar. Ahora bien; el ámbar sólo se encuentra en los mares del Norte, en el Báltico. Faetón, al encontrar su muerte, al llevar calor a las estrellas heladas de las regiones boreales, despertando en el Polo al Dragón rígido de frío y siendo precipitado al Eridano, es una alegoría que se refiere directamente a los cambios de clima en aquellos tiempos lejanos, cuando las tierras polares se convirtieron de zona frígida en un país con clima moderado y templado. El usurpador de las funciones del Sol, Faetón, precipitado al Eridano por el rayo de Júpiter, es una alusión al segundo cambio que ocurrió en aquellas regiones cuando, nuevamente, la tierra donde “florecía la magnolia” se convirtió en la tierra desolada y prohibida del lejanísimo Norte y de los hielos eternos. Esta alegoría cubre, pues, los sucesos de dos Pralayas, y si se comprendiera bien, debería ser una demostración de la enorme antigüedad de las razas humanas.
74 Ilíada, XVII, 431-453.
75 Ibid., 322-336.
76 Véase Apolodoro para este número.
77 Véase “Los Hijos de Dios y la Isla Sagrada” (Vol. III de esta obra).
78 Tan oculto y místico es uno de los aspectos de Latona, que se la hace reaparecer hasta en el Apocalipsis (XII, 1, 2), como la mujer vestida con el Sol (Apolo) y la Luna (Diana) bajo sus pies, la cual, dando a luz, “gritaba en los dolores del parto, y sufría para parir”.
79 Véase Ovidio, Metamorfosis, VI.
80 Lettres sur l’Atlantide, pág. 137.
81 Hesiodo, Opera et Dies, v. 143.
82 Hist. Nat., IV, 12.
83 Marius.
84 Op.cit., C 16.
85 Isaac Myer, Qabbalah, pág. 139.
86 Diod., II, 225.
87 Ob. cit., XXXVII, 2.
88 Vol. I, págs. 462-464.
89 Estas islas se encontraron sembradas de fósiles de caballos, ovejas, bueyes, etcétera, entre huesos gigantescos de elefantes, mamutes, rinocerontes”, etcétera. Si en aquel período no había ningún hombre en la tierra, “¿cómo es que se encontraban caballos y ovejas en compañía de los enormes antediluvianos?” -pregunta un Maestro en una carta (Buddhismo Esotérico, pág. 70, 8ª edición inglesa). La respuesta se da arriba en el texto.
90 Ob. cit., IV, 239-262.
91 Una buena prueba de que todos los Dioses, creencias religiosas y mitos han venido del Norte, que fue también la cuna del hombre físico, se encuentra en varias palabras sugestivas que han tenido origen y subsisten aún hoy entre las tribus del Norte en su significado primitivo; pero, aunque hubo un tiempo en que todas las naciones eran de “un labio”, estas palabras han recibido un significado diferente entre los griegos y latinos. Una de estas palabras es mann, man, un ser vivo, y manes, hombres muertos. Los lapones llaman a sus cadáveres hasta hoy día manee (Voyage de Rénard en Laponie, I, 184). Mannus es el antecesor de la raza alemana; el Manu indo, el ser pensante, de man (hombre); el Menes egipcio, y Minos, el Rey de Creta, juez de las regiones infernales después de su muerte - todos proceden de la misma palabra o raíz.
92 Así, por ejemplo, Gyges es un monstruo de cien brazos y cincuenta cabezas, un Semidiós en un caso y un Lidian, sucesor de candaules, rey del país, en otra versión. Lo mismo se ve en el Panteón indio, donde los Rishis y los Hijos de Brahmâ renacen como mortales.
93 Ob. cit., VIII, 13.
94 Los continentes perecen por turno por el fuego y el agua; ya sea por terremotos y erupciones volcánicas, o por hundimiento y gran desplazamiento de las aguas. Nuestros continentes tienen que perecer por la primera clase de cataclismo. Los terremotos incesantes de los años anteriores pueden ser un aviso.
95 Véase Mythologie de la Grèce Antique, de Decharme.
96 Denis, el geógrafo, nos dice que el gran mar al Norte de Asia se llamaba glacial, o Saturnino (V, 35). Orfeo (versículo 1077) y Plinio (IV, 16) corroboran el dicho, indicando que sus habitantes gigantes fueron los que le dieron el nombre. Y la Doctrina Secreta explica ambos asertos diciéndonos que todos los continentes se han formado de Norte a Sur; y que así como el cambio repentino de clima empequeñeció la raza que había nacido en él, deteniendo su crecimiento del mismo modo algunos grados hacia el Sur, diversas condiciones habían producido siempre los hombres más altos en cada nueva humanidad o raza. Esto lo vemos aún hoy. Los hombres más altos que hoy se ven son los de los países del Norte, mientras que los más pequeños son meridionales, asiáticos, indos, chinos, japoneses, etc. Compárense los altos sikhs y punjabeses, los aíghanes, noruegos, rusos, alemanes del Norte, escoceses e ingleses, con los habitantes de la India Central, y el término medio de los europeos del continente. Así también, los gigantes de la Atlántida, y por tanto los Titanes de Hesiodo, son todos septentrionales.

