martes, 10 de junio de 2014

SECCIÓN IV DURACIÓN DE LOS PERÍODOS GEOLÓGICOS, CICLOS DE RAZA Y LA ANTIGÜEDAD DEL HOMBRE

    1  Observaremos en este punto que los darwinistas que, como Mr. Grant Allen, colocan nuestros antecesores “peludos arbóreos” en una época tan remota como el período Eoceno, se han metido en un embarazoso dilema. Ningún mono antropoide fósil, y mucho menos el fabuloso antecesor común asignado al hombre y al pitecoide, aparece en las capas Eocenas. La primera presentación de un mono antropoide es Miocena.
    2  Ed. Lartet, “Nouvelles Rechercehes sur la Co-existence de l’Homme et des Grands Mammifères Fossils de la Dernière Période Géologique”. Annales des Soc. Nat., XV, 256.
    3  Véanse las Conferencias de Hibbert, de 1887, pág. 33.
    4  De un extracto de las Conferencias de Hibbert, 1887. Lectures on the Origin and Growth of Religion, as Illustrated by the Religion of the Ancient Babylonians. Por A. H. Sayce.
    5  Véase la Parte I del volumen III, “La Cronología de los Brahmanes”.
    6  Nat. Philos., por Thompson and Tait., App. D. trad., Soc. Real, Edin., XXIII, parte I, 157 (1862).
    7  Popular Astronomy, pág. 509.
    8  Climate and Time, pág. 335.
    9  Discurso en la Sociedad Geológica de Liverpool, 1876.
    10  World Life, págs. 179 y 180.
    11  Ibid., págs. 367 y 368.
    12  Climate and Time.
    13  Citado en Mythical Monsters, de Mr. Ch. Gould, pág. 84.
    14  Según Bischof, 1.004.177 años; según los cálculos de Chevandier, 672.788 años se necesitaron para la llamada formación carbonífera. “El tiempo exigido para el desarrollo de las capas del período Terciario, fluctuando entre 3.000 y 5.000 pies de espesor, tiene que haber sido cuando menos 350.000 años”. (Véase Force and Matter, Buchner, pág. 159, ed. 1884).
    15  Ob. cit., pág. 379.
    16  Pero véase “The Ice-Age Climate and Time”, Popular Science Review, XIV.
    17  Revista de las Críticas dee Kölliker.
    18  Fallacies of Darwinism, pág. 160.
    19  The Genesis of Species, cap. VI, págs. 160-162, ed. 1871.
    20  Man’s Place in Nature, pág. 142, nota.
    21  Vol. X, art. “Geología”, pág. 227. “100.000.000 de años son probablemente suficientes para todas las exigencias de la Geología”, dice el texto. En Francia, algunos savants no lo encuentran casi “suficiente”. Le Couturier exige 350.000.000 de años; Buffon se satisfacía con 34.000.000 - pero hay entre los más modernos sabios quien no se satisface con menos de 500.000.000 de años.
    22  Se nos enseña que los más elevados Dhyân Chohans, o Espíritus Planetarios, ignoran (fuera del conocimiento por medio de la ley de la analogía) lo que hay más allá de los Sistemas Planetarios visibles, porque su esencia no puede asimilarse a la de los mundos más allá de nuestro sistema Solar. Cuando lleguen ellos a un estado de evolución más elevado, estos otros universos se abrirán para ellos; mientras tanto tienen completo conocimiento de todos los mundos, dentro de los límites de nuestro Sistema Solar.
    23  Puesto que no hay un solo átomo en todo el Kosmos que carezca de vida y conciencia, ¡cuántos más deben poseer ambas sus poderosos globos, aunque sean como libros cerrados para nosotros los hombres, que ni aun podemos penetrar en la conciencia de las formas de vida más cerca de nosotros!
    Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo podemos, sin haber sido jamás iniciados, ni habernos ejercitado nunca, imaginarnos que podemos penetrar en la conciencia del animal más pequeño de los que nos rodean?
    24  Pluralité des Mondes, pág. 439.
    25  Ob. cit., I, 4, 9.
    26  Hebreos, I, 2. Esto se relaciona con el Logos de todas las Cosmogonías. La Luz ignota - con la que se dice que es coeterno y coevo - se refleja en el Primogénito, el Protogonos; y el Demiurgo, o la Mente Universal, dirige su Pensamiento Divino dentro del Caos, que bajo la obra de Dioses menores será dividido en Siete Océanos - Sapta Samudras, Purusha, Ahura Mazda, Osiris, etc., y finalmente el Christos Gnóstico, son en la Kabalah Chokmah o la Sabiduría, el “Verbo”.
    27  La forma de Tikkun o el Protogonos, el “Primogénito”, esto es, la Forma e Idea Universales, no se habían todavía reflejado en el Caos.
    28  Zohar, III, 292 c. El “Hombre Celeste” es Adam Kadmon - la síntesis de los Sephiroth, como “Manu Svâyambhuva” es la síntesis de los Prajâpatis.
    29  Bereshith Rabba, Parsha IX.
    30  Esto se refiere a las tres Rondas que precedieron a nuestra Cuarta Ronda.
    31  Esta frase contiene un doble sentido y un misterio profundo en las Ciencias Ocultas, cuyo secreto, una vez conocido, confiere tremendos poderes al Adepto para cambiar su forma visible.
    32  “Idra Suta”, Zohar, III, 136, c. “Una decadencia de su estado”; está claro; de Mundos en actividad, han caído en una obscuración temporal- ellos reposan-, y de aquí que cambien por completo.
    33  Génesis, XXXVI, 43.
    34  La sabia e ingeniosa obra God and his Book, por el temible “Saladin”, de reputación agnóstica, nos hace recordar  vívidamente el divertido cálculo de que si Cristo hubiese ascendido con la rapidez de una bala de cañón, no hubiera todavía llegado ni siquiera a Sirio. Ello da lugar también a la no infundada suposición de que nuestra misma época, de ilustración científica, puede ser tan groseramente absurda en sus negaciones materialistas como los hombres de la Edad Media eran absurdos y materialistas en sus afirmaciones religiosas.
    35  Philosophy Historical and Critical, pág. 481.
    36  Probablemente en exceso.
    37  Knowledge: Art. “The Antiquity of Man in Western Europe”, marzo 31 de 1882.
    38  Y el cual en otra obra, La Préhistorique Antiquité de l’Homme, concedía generosamente, hace unos veinte años, a nuestra humanidad, solamente 230.000 años. Toda vez que ahora coloca al hombre en la mitad del período Mioceno, debemos decir que el muy respetado profesor de Antropología Prehistórica de París es algo contradictorio e inconsecuente, si no naif en sus opiniones.
    39  La idea raíz fundamental del origen y transformación de las especies - la herencia de las facultades adquiridas - parece haber encontrado últimamente adversarios muy serios en Alemania. Los fisiólogos Du Bois-Reymond y el doctor Pfüger, además de otros hombres tan eminentes como el que más, encuentran en esta doctrina dificultades insuperables y hasta imposibilidades.
    40  History of Creation, pág. 20.
    41  Usamos los mismos términos que la Ciencia emplea, para hacer más claro el paralelo. Nuestros términos son completamente diferentes.
    42  Tenga presente el estudiante que la Doctrina enseña que hay siete grados de Devas o “Progenitores”, o siete clases, desde la más perfecta a la menos exaltada.
    43  Podrá decirse que no somos consecuentes al no poner en esta tabla un Hombre de la edad Primaria. El paralelismo de las Razas y de los períodos geológicos que presentamos es puramente una suposición en lo que se refiere al origen de la Primera y Segunda Razas, toda vez que no disponemos de informes directos. Habiendo discutido anteriormente la cuestión de la posibilidad de una raza en la edad Carbonífera, es inútil renovar el debate.
    44  Durante el ínterin entre una Raza y otra, el Globo y todo lo que hay en él permanece in statu quo. Téngase presente que la vegetación principió en su forma etérea antes de lo que se llama la edad Primordial, pasando por la Primaria y condensándose en ella, y alcanzando su vida física completa en la Secundaria.
    45  Los geólogos nos dicen que “en la época Secundaria, los únicos mamíferos que han sido (hasta ahora) descubiertos en Europa son los restos fósiles de un pequeño marsupial o portador de bolsa” (Knowledge, marzo 31, 1882, pág. 464). Seguramente el marsupial o didelfo (el único animal superviviente de la familia de aquellos que existían en la Tierra durante la presencia en ella del hombre andrógino) ¿no puede ser el único animal que entonces hubiera? Su presencia implica la de otros mamíferos (aunque desconocidos), además de los monotremas y marsupiales, y muestra así que la denominación de “edad mamífera”, dada solamene al período Terciario, es errónea y extravía, pues hace suponer que en los tiempos Mesozoicos -edad Secundaria- no había mamíferos, sino sólo reptiles, pájaros, anfibios y peces.
    46  Los que estén predispuestos a mofarse de esta doctrina de la Etnología Esotérica, que presupone la existencia de hombres en  la edad Secundaria, harán bien en fijarse en el hecho de que uno de los antropólogos más distinguidos del día, M. De Quatrefages, arguye seriamente en este sentido. He aquí lo que escribe: “No hay, pues, nada imposible en la idea de que él (el hombre)... haya aparecido en el globo con los primeros representantes del tipo al que pertenece por su organización”. (The Human Species, pág. 153). Esta declaración se aproxima muchísimo a nuestro aserto fundamental de que el hombre precedió a los demás mamíferos.
    El profesor Lefèvre admite que los “trabajos de Boucher de Perthes, Lartet, Christy, Bourgeois, Desnoyers, Broca, De Mortillet, Hamy, Gaudry, Capellini y cien otros, han vencido todas las dudas y han establecido claramente el desarrollo progresivo del organismo humano y sus vestigios desde el período Mioceno de la edad Terciaria” (Philosophy Historical and Critical, parte II, pág. 499, cap. II, Sobre la Evolución Orgánica. “Library of Contemporary Science”). ¿Por qué rechaza la posibilidad de un hombre de la edad Secundaria? Simplemente porque se halla envuelto en las mallas de la Antropología darwinista. “El origen del hombre está ligado al de los mamíferos superiores”; ¡él apareció “solamente cuando aparecieron los últimos tipos de su clase!” Esto no es argumento, sino dogmatismo. La teoría no puede nunca excomulgar al hecho. ¿Tiene todo que ceder a las meras hipótesis militantes de los evolucionistas occidentales? ¡Seguramente que no!
    47  Estos placentales de la tercera subclase están divididos, según parece, en villiplacentalia (placenta compuesta de muchos copos separados esparcidos), los zonoplacentalia (placenta en forma de cinturón) y los discoplacentalia (o discoides). ¡Haeckel ve en los marsupiales didelfos uno de los eslabones que relacionan genealógicamente el hombre y la mónera!
    48  Esta inclusión de la Primera Raza en  la edad Secundaria es, necesariamente, una hipótesis provisional, pues la verdadera cronología de la Primera y Segunda Razas y la primera parte de la Tercera se halla extremadamente velada por los Iniciados. Todo lo que puede decirse sobre el asunto es que la Primera Raza Raíz puede haber sido Presecundaria como, en efecto, se enseña.
    49  Estos paralelos son buenos sólo en el caso de que se adopten los primeros cálculos del profesor Croll, a saber: de 15.000.000 de años desde el principio del período Eoceno (véase Mythical Monsters, de Charles Gould, pág. 84), no los de su Climate and Time, que sólo concede dos y medio millones de años, o cuando más tres millones de  duración, a la edad Terciaria. esto, sin embargo, haría que toda la duración de la edad de incrustación del mundo fuese sólo de 131.600.000 años, según el profesor Winchell; mientras que, según la Doctrina Esotérica, la sedimentación principió en esta Ronda, hace aproximadamente unos 320.000.000 de años. Sin embargo, su cálculo no está en gran contradicción con el nuestro, en lo que respecta a las épocas de los períodos glaciales en la edad Terciaria, llamada en nuestros libros esotéricos la “Edad de los Pigmeos”. Respecto a los 320.000.000 de años asignados a la sedimentación, hay que observar que pasó un tiempo aún más largo durante la preparación de este Globo para la Cuarta Ronda, anteriormente a la estratificación.
    50  Aun cuando aplicamos el término verdaderamente humano sólo a la Cuarta Raza-Raíz Atlante, sin embargo, la Tercera Raza es casi humana en su última parte, puesto que durante su quinta subraza fue cuando la humanidad se separó sexualmente y cuando nació el primer hombre con arreglo al proceso ahora normal. Este “primer hombre” corresponde, en la Biblia, a Enos o Enoch, hijo de Seth (Génesis, IV).
    51  La geología registra la existencia anterior de un océano universal, y la presencia uniforme de sabanas de sedimentos marinos, en todas partes, lo atestigua; pero esto no es ni aun en la época referida de la alegoría del Manu Vaivasvata. Éste es un Hombre-Deva (o Manu) salvando en un Arca (el principio femenino) los  gérmenes de la humanidad, y también los siete Rishis -que son aquí los símbolos de los siete principios humanos-, de cuya alegoría hemos hablado en otra parte. El “Diluvio Universal” es el Abismo acuoso del Principio Primordial, de Beroso. (Véanse Estancias II a VIII, en el tomo III). No es posible comprender cómo Mr. Croll asigna 15.000.000 de años al tiempo transcurrido desde el período eoceno (lo cual exponemos bajo la autoridad de un geólogo, Mr. Ch. Gould), y sólo calcula 60.000.000 “desde el principio del período Cambriano, en la edad Primordial”. Las capas de la edad Secundaria tienen doble espesor que las de la Terciaria, y la Geología muestra de este modo que la Secundaria tiene doble duración que la Terciaria. ¿Debemos aceptar sólo 15.000.000 para la Primaria y la Primordial juntas? No es, pues, de admirar que Darwin rechazase el cálculo.
    52  Véase Buddhismo Esotérico, pág. 60, octava edición inglesa.
    53  Esperamos haber proporcionado en otra parte todos los informes científicos para ello.
    54  La Geología admite “estar fuera de duda que debió transcurrir un período de tiempo considerable después de la desaparición del hombre paleolítico y antes de la llegada de su sucesor neolítico”. (Véase Prehistoric Europe, de James Geikie, y Mythical Monsters, de Ch. Gould, pág. 98).
    55  Parecidas en algún modo a las aldeas de pilotes del Norte de Borneo.
    56  “El escultor más hábil de los tiempos modernos no lo haría probablemente mucho mejor si su buril fuese un pedazo de pedernal, y la materia sobre que grabase fuese piedra y hueso”. (Profesor Boyd Dawkins. Cave-Hunting, pág. 344). Después de esta concesión, es inútil insistir más en las declaraciones de Huxley, Schmidt, Laing y otros mostrando que el hombre paleolítico no puede considerarse que nos haga derivar en modo alguno de una raza humana pitecoide; y así ellos echan por tierra las fantasías de muchos evolucionistas superficiales. La reliquia de mérito artístico que  vuelve a aparecer en los hombres de la edad de las piedras talladas puede remontarse a su linaje Atlante. El hombre neolítico fue un precursor de la gran invasión aria y procedía de otro punto muy distinto: del Asia, y en cierto modo del Norte de África. Las tribus que poblaban el Noroeste de esta última eran seguramente de origen Atlante -cientos de miles de años antes del período Neolítico en Europa-, pero habían divergido  tanto del tipo padre, que ya no presentaban ninguna característica marcada peculiar de aquél. En cuanto al contraste entre el hombre neolítico y el Paleolítico, es un hecho notable, según Carlos Vogt hace notar, pues mientras el primero era un caníbal, el hombre mucho más antiguo de la época del mamut no lo era. Entonces, ¿es que las costumbres humanas no progresan con el tiempo? En todo caso, no sucede así en este ejemplo.
    57  Ob. cit. pág. 97.
    58  Modern Sciencie and Modern Thought, pág. 181.
    59  Ibid., pág. 112.
    60  Partiendo de los datos que proporciona la Ciencia Moderna, la Fisiología y la Selección Natural, y sin recurrir a ninguna creación milagrosa, dos ejemplares de negros de la más ínfima inteligencia -pongamos, por ejemplo, dos idiotas mudos de nacimiento- podrían, apareándose, producir una especie Pastrana muda, que sería el origen de una raza modificada, y producir así, en el transcurso de los tiempos geológicos, el mono antropoide regular.
    61  Buddhismo Esotérico, pág. 67 (octava edición inglesa).
    62  Modern Science and Modern Thought, pág. 98.
    63  Anfänge zu einer Physiologischen Schöpfungs-geschichte der Pflanzen und Thierwelt, 1885.
    64  Ob. cit., pág. 212.
    65  Ibid., pág. 11.
    66  Man’s Place in Nature, pág. 208.
    67  Origen of the World, pág. 39, de Sir W. Dawson L. L. D., F. R. S.
    68  Mythical Monsters, pág. 97.
    69  Prehistoric Antiquity of Man, 1883.
    70  Antiquity of Man, pág. 25.
    71  India, What can it teach Us? Curso de conferencias dadas ante la Universidad de Cambridge en 1882. Conferencia III, pág. 110, edición de 1892.
    72  Antiquity of Man Historically Considered; “Present Day Tracts”; vol. II, ensayo IX, pág. 25.
    73  Ob. cit., págs. 10, 11.
    74  Ob. cit. I, 4.
    75  El hombre paleolítico debía estar dotado en su tiempo de una  fuerza tres veces hercúlea y de invulnerabilidad mágica, o bien el león era tan débil como un cordero en aquella época, puesto que ambos compartían la misma morada. Es lo mismo que tratar de hacernos creer que aquel león o hiena fue el que grabó el reno en el cuerno, el decirnos que esta obra maestra fue ejecutada por semejante salvaje.
    76  Modern Science and Modern Thought, pág. 164.
    77  Ibid., pág. 199.
    78  Más de veinte ejemplares de monos fósiles han sido encontrados en una sola localidad en capas Miocenas (Pikermi, cerca de Atenas). Si el hombre no existía entonces, el período resulta demasiado corto para su transformación, por más que se haga para alargarlo. Y si existía y no se encuentra al mono en época anterior, ¿qué se deduce entonces?
    79  Doctor C. Carter Black, art. “La Génesis del Hombre”.
    80  Antiquity of Man, pág. 530.
    81  Nueva Serie, I, 115, art. “Pruebas de la edad Glacial”.
    82  Nat. Hist. Rev., II, 164, 1862 , art. “The Atlantis Hypothesis in its Botanical Aspect”.
    83  Fallacies of Darwinism.
    84  Ob. cit., pág. 501, ed. 1883.
    85  Ob. cit., IV, 162.
    86  Véase, sobre este particular, Prehistoric Man, II, 54, de Wilson; Origin of the World, págs. 393-394.
    87  Y cuánto mucho más “enorme” sería si trocáramos los asuntos, y dijéramos durante el desenvolvimiento del mono desde el Hombre de la Tercera Raza.
    88  Ob. cit., págs. 160-161.
    89  Principles of Biology, I, 345.