2 Biographical and Critical Essay, pág. XXXVIII.
3 Histoire de la Magie, págs. 16, 17.
4 Ibid., loc. cit.
5 ¡Qué demonio podría poseer más astucia, fuerza y crueldad que el asesino de Whitechapel “Jack el Destripador” de 1888, cuya fría perversidad y sed de sangre sin igual le indujo a asesinar y mutilar a sangre fría a siete infelices mujeres, por otra parte inocentes! No hay más que leer los diarios para ver en esos brutos borrachos, apaleadores de esposas y de niños (maridos y padres), de los cuales un pequeño tanto por ciento es presentado a los tribunales, la completa personificación de los demonios del Infierno Cristiano.
6 Salmo LXXXII, 1.
7 Génesis, XVIII, 17.
8 Ob. cit., pág. 209.
9 Ibid., págs. 142-145.
10 Ibid., pág. 146.
11 Ob. cit., pág. 9. Después del Panteísmo polimórfico de algunos gnósticos, vino el Dualismo exotérico de Manes, que fue acusado de personificar el Mal y de hacer un Dios del Demonio, el rival de Dios mismo. No vemos que la Iglesia Cristiana haya adelantado mucho sobre esa idea exotérica de los maniqueos, pues llama hasta hoy a Dios su Rey de Luz, y a Satán Rey de las Tinieblas.
12 Citamos con referencia a esto a Mr. S. Laing en su admirable obra Modern Science and Modern Thought (pág. 222). “De este dilema (la existencia del mal en el mundo) no hay escape a menos que abandonemos la idea de un Dios antropomórfico, y adoptemos francamente el concepto científico de una Causa Primera, inexcrutable e incomprensible; y de un universo cuyas leyes podemos encontrar, pero de cuya esencia real no sabemos nada, y sólo podemos sospechar o discernir débilmente una ley fundamental que pueda hacer de la polaridad del bien y del mal, una condición necesaria de la existencia”. Si la Ciencia conociera “la verdadera esencia” en lugar de no saber nada de ella, la débil sospecha se convertiría en la certidumbre de la existencia de semejante ley, y el conocimiento de que esta ley está relacionada con Karma.
13 Histoire de la Magie, págs. 196, 197.
14 Âkâsha no es el éter de la Ciencia, como lo traducen algunos orientalistas.
15 Johannes Tritheim, el Abad de Spanheim, el astrólogo y kabalista más grande de su tiempo, dice: “El arte de la magia divina consiste en la facultad de percibir la esencia de las cosas en la Luz de la Naturaleza (Luz Astral), y en usar los poderes del alma para producir cosas materiales procedentes del universo invisible, y en tales operaciones lo de Arriba y lo de Abajo tienen que juntarse y hacer que actúen armoniosamente. El Espíritu de la Naturaleza (la Luz Astral) es una unidad que crea y forma todo, y que, actuando por medio del hombre, puede producir cosas maravillosas. Tales procesos tienen lugar con arreglo a la ley. Conoceréis la ley por la cual se verifican estas cosas, si aprendéis a conoceros a vosotros mismos. La conoceréis por el poder del espíritu que está en vosotros, y la llevaréis a efecto mezclando vuestro espíritu con la esencia que se desprende de vosotros. Si deseáis tener éxito en tal labor, tenéis que aprender a separar el espíritu y la vida en la Naturaleza, y además, a separar el alma astral en vosotros y hacerla tangible, y entonces la substancia del alma aparecerá visible y tangible, hecha objetiva por el poder del Espíritu”. (Citado en Paracelsus del Dr. Franz Hartmann, págs. 164, 165).
16 I Corintos, XV, 45. El verdadero texto original de I Corintos, XV, 44, traducido kabalística y esotéricamente, diría: “Se siembra el cuerpo de un alma (no cuerpo “natural”), prodúcese el cuerpo de un espíritu”. San Pablo era un Iniciado, y sus palabras tienen un sentido completamente distinto cuando se leen esotéricamente. El cuerpo “es sembrado en la debilidad (pasividad); y se produce en el poder” (V. 43) o en la espiritualidad y la inteligencia.
17 “The War in Heaven” (The Theosophist, 1881, págs. 24, 36, 67, 69), por Godolphin Mitford, más tarde Mirza Murad Ali Beg: Nacido en la India, hijo de un misionero, G. Mitford se convirtió al islamismo, y murió mahometano en 1884. Era un místico de lo más extraordinario, de gran instrucción y notable inteligencia. Pero abandonó el Sendero de la Derecha, y en consecuencia cayó bajo la retribución Kármica. Como ha mostrado bien el autor del artículo citado, “Los partidarios de los vencidos “Elohim” (primeramente asesinados por los judíos victoriosos (los Jehovitas) y perseguidos después por los cristianos mahometanos victoriosos), continuaron (sin embargo)... Algunas (de estas sectas esparcidas)... han perdido hasta la tradición del verdadero fundamento de su creencia, para adorar, en el secreto y en el misterio, el Principio del Fuego, de la Luz y de la Libertad. ¿Por qué invocan todavía los Beduinos Sabeos (abiertamente monoteístas cuando moran en ciudades mahometanas) en la soledad de la desierta noche a la “Hueste estrellada del Cielo”? ¿Por qué los Yezidis, los “Adoradores del Demonio” adoran al “Muluk Taoos” -el “Señor Pavo Real”-, emblema del Orgullo y de la Inteligencia de Cien-ojos (y también de la Iniciación), que fue expulsado del Cielo con Satán, según una antigua tradición oriental? ¿Por qué los Gholaitas y sus afines las sectas mahometanas de la Mesopotamia iránea creen en el “Noor Illahee”, la “Luz de los Elohim”, transmitida en anastasis por medio de cien Jefes Profetas? ¡Es porque han continuado con ignorante superstición la religión tradicional de las “Deidades de la Luz” a quienes derribó Jahveh!” (pág. 69), mejor dicho, se dice que las derribó; pues al derribarlas se hubiera derribado él mismo. El Muluk Taoos es Maluk, “Regente” como se indica en la nota. Es solamente una nueva forma de Moloch, Melek Malayak y Malachim - los Mensajeros, Ángeles, etc.
18 Lo mismo hacen todos los Yoguis y hasta los cristianos, pues hay que conquistar el Reino de los Cielos por la violencia, se nos enseña. ¿Por qué, pues, semejante deseo ha de hacer de nadie un Demonio?
19 Acad. des Inscrip., XXXIX, 690.
20 Fargard, XIX, V, 47. Trad. de Darmesteter; Sacred Books of the East, volumen IV, pág. 218.
21 Vendidâd, Far. XX, V, 12; ob. cit., pág. 222.
22 Ibid., Far. XIX, V, 43, ob. cit. pág. 218.
23 Del Vendidâd Sâdah, citado por Darmesteter, ob. cit., pág. 223.
24 Véase el Gâtha en Yasna, XLIV.
25 Ob. cit., pág. 441.

