miércoles, 11 de junio de 2014


SECCIÓN  VIII
EL SIMBOLISMO DE LOS NOMBRES DE MISTERIO, IAO Y JEHOVAH,
EN SUS RELACIONES CON LA CRUZ Y EL CÍRCULO

    Cuando el Abate Luis Constant, más conocido por Eliphas Lévi, dijo en su Histoire de la Magie que el Sepher Yetzirah, el Zohar y el Apocalipsis de San Juan son las obras maestras de las Ciencias Ocultas, debió haber añadido, si quería ser exacto y claro: en Europa. Es mucha verdad que estas obras contienen “más significación que palabras”; y que su “expresión es poética”, al paso que “en los números” son “exactas”. Desgraciadamente, sin embargo, antes de que se pueda apreciar la poesía de las expresiones, o la exactitud de los números, tienen que haberse aprendido el sentido real y la significación de los términos y signos en ellas empleados. Pero nadie puede aprender esto mientras ignore el principio fundamental de la Doctrina Secreta, ya sea en el Esoterismo Oriental o en la Simbología kabalística; la clave, o valor, en todos sus aspectos de los nombres de Dios, de los Ángeles y de los nombres de los Patriarcas en la Biblia, su valor matemático o geométrico y sus relaciones con la Naturaleza manifestada.
    Por tanto, si por una parte el Zohar “admira (al místico) por la profundidad de sus conceptos y la gran sencillez de sus imágenes”, por otra esta obra extravía al estudiante con expresiones tales como las usadas respecto a Ain Seph y Jehovah, a pesar de la afirmación de que:

     Este libro tiene cuidado de explicar que la figura humana con la que reviste a Dios  es sólo una imagen de la Palabra, y que Dios no puede ser expresado por ningún pensamiento forma alguna.

    Es bien sabido que Orígenes, Clemente y los Rabinos confesaban que la Kabalah  y la Biblia eran libros secretos y velados; pero pocos saben que el Esoterismo de los libros kabalísticos en su presente forma reeditada es sencillamente otro velo aún más disimulado, echado sobre el simbolismo primitivo de estos libros secretos.
     La idea de representar a la Deidad oculta por la circunferencia de un círculo, y al Poder Creador (macho y hembra o el Verbo Andrógino), por el diámetro que lo cruza, es uno de los símbolos más antiguos. Sobre este concepto han sido construidas todas las grandes cosmogonías. Para los antiguos arios, y para los egipcios y caldeos, el símbolo era completo; pues encerraba la idea del Pensamiento Divino eterno e inmutable en su absolutividad totalmente separado del estado incipiente de la llamada “creación”, y comprendía la evolución psicológica y hasta espiritual, así como su obra mecánica, o construcción cosmogónica. Para los hebreos, sin embargo, aunque el primer concepto se encuentra claramente en el Zohar, y en el Sepher Yetzirah, o lo que queda de este último; lo que ha sido después encerrado en el Pentateuco propiamente dicho, y especialmente en el Génesis, es sólo esta etapa secundaria, a saber: la ley mecánica de la creación, o más bien de la construcción; mientras que la Teogonía apenas se halla bosquejada, si es que lo está.
    Solamente en los seis primeros capítulos del Génesis, en el rechazado Libro de Enoch, y en el poema mal comprendido y erróneamente interpretado de Job, es donde pueden encontrarse ahora ecos verdaderos de la Doctrina Arcaica. La clave de ésta se ha perdido ahora, hasta entre los Rabinos más instruidos, cuyos predecesores en los tiempos primitivos de las Edades Medievales, a causa de su exclusivismo nacional y de su orgullo, y especialmente por su odio profundo al Cristianismo, prefirieron arrojarla en el profundo mar del olvido, antes que compartir su conocimiento con sus implacables y fieros perseguidores. Jehovah era la propiedad de su tribu, inseparable de la Ley Mosaica, e incapaz de figurar en ninguna otra. Arrancado violentamente de su marco original, al que se ajustaba, y que estaba ajustado a él, el “Señor Dios de Abraham y de Jacob” no podía ser introducido sin daño ni rompimiento en el nuevo Canon cristiano. Siendo los judíos los más débiles, no pudieron evitar la profanación. Guardaron, sin embargo, el secreto del origen de su Adam Kadmon, o Jehovah macho y hembra; y el nuevo tabernáculo resultó ser por completo inadecuado para el antiguo Dios. ¡Verdaderamente, quedaron vengados!
    La afirmación de que Jehovah era el Dios de tribu de los judíos y ningún otro superior, será negada como otras muchas cosas. Sin embargo, los teólogos no están en disposición de decirnos, en ese caso, el significado de los versículos del Deuteronomio, que dicen con toda claridad:

     Cuando el Altísimo (no el “Señor”, ni tampoco “Jehovah”) repartió la herencia de las naciones, cuando separó los hijos de Adán, estableció los límites... con arreglo al número de los hijos de Israel... La parte del Señor (de Jehovah) es su pueblo; Jacob es el lote de su herencia (1).

    Esto fija la cuestión. tan descarados han sido los traductores modernos de las Biblias y Escrituras, y tanto daño hacen estos versículos, que siguiendo el camino que le han trazado sus dignos Padres de la Iglesia, cada traductor ha interpretado estas líneas a su modo. Al paso que la cita anterior está tomada al pie de la letra de la Versión Autorizada inglesa, en la Biblia francesa (2) vemos el “Altísimo” traducido por “Souverain” (¡Soberano!); los “hijos de Adán”, traducido los “hijos de los hombres”, y el “Señor” cambiado en el “Eterno”. En lo que se refiere, pues, a juego de manos descarado, la Iglesia Protestante francesa parece así sobrepujar a la inglesa misma.

    Sin embargo, una cosa es patente: la “parte del Señor (de Jehovah)”, es su “pueblo escogido” y ningún otro, pues, sólo Jacob es el lote de su herencia. ¿Qué tienen, pues, que ver otras naciones que se llaman arias, con esta Deidad semítica, el Dios de la tribu de Israel? Astronómicamente, el “Altísimo” es el Sol, y el “Señor” es uno de sus siete planetas, ya sea el Iao (el Genio de la Luna), o Ildabaoth-Jehovah (el Genio de Saturno), según Orígenes y los gnósticos egipcios (3). Que el “Ángel Gabriel”, el “Señor” del Irán vele por su pueblo, y Miguel-Jehovah, por sus hebreos. Estos no son los Dioses de otras naciones, ni jamás fueron los de Jesús. Así como cada Deva persa está encadenado a su planeta (4), así también cada Deva indo (un “Señor”) tiene su parte destinada, un mundo, un planeta, una nación o una raza. La pluralidad de mundos implica la pluralidad de Dioses. Creemos en la primera, y podemos reconocer la segunda, aunque nunca rendirle culto (5).
    Se ha declarado repetidamente en esta obra que todos los símbolos religiosos filosóficos tenían siete significados propios, perteneciendo cada uno a su legítimo plano de pensamiento, sea puramente metafísico o astronómico, psíquico o fisiológico, etc. Estos siete significados y sus aplicaciones son bastante difíciles de aprender cuando se consideran por sí mismos; pero la interpretación y comprensión verdadera de ellos se hace diez veces más enigmática cuando, en lugar de relacionarlos o hacer surgir uno de otro y seguirse, se acepta cada uno o cualquiera de ellos como la sola y única explicación de toda la idea simbólica. Puede darse un  ejemplo que ilustra admirablemente la afirmación. He aquí dos interpretaciones que dan dos sabios cabalistas y eruditos, de un mismo versículo del Éxodo. Moisés ruega al Señor que le muestre su “gloria”. Es evidente que no es la fraseología cruda de la letra muerta, tal como se encuentra en la Biblia, lo que hay que aceptar. En la Kabalah hay siete significados, de los cuales podemos exponer dos interpretados por los referidos eruditos. Uno de ellos traduce, a la par que explica:

    “Tú no puedes ver Mi faz;... Yo te pondré en una grieta de la roca y te cubriré con Mi mano al pasar por tu lado. Y luego retiraré Mi mano y verás Mi a’hoor”, esto  es, Mi dorso (6).

    Y luego el traductor añade en una glosa:

    Esto es: Yo te mostraré “Mi dorso”, o sea Mi universo visible, Mis manifestaciones inferiores; pero, como hombre aún en la carne, no puedes ver Mi naturaleza invisible. Así procede la Qabbalah (7).

    Esto es correcto, y es la explicación cosmometafísica. Y ahora habla el otro kabalista, dando el significado numérico. Como él envuelve muchísimas ideas sugestivas, está expuesto de un modo mucho más completo y le podemos conceder más espacio. Esta sinopsis procede de un manuscrito inédito, y explica más completamente lo que se expuso en la Sección III, sobre el “Santo de los Santos” (9).
    Los números del nombre de “Moisés” son los de “YO SOY LO QUE SOY”; de modo que los nombres de Moisés y Jehovah están en armonía numérica. La palabra Moisés es ....... (5 + 300 + 40) , y la suma de los valores de sus letras, es 345; Jehovah (el Genio por excelencia del Año Lunar) toma el valor de 543, o sea el reverso de 345.

    En el tercer capítulo del Éxodo, en los versículos 13 y 14, se dice: Y Moisés dijo...: Mira, yo vengo a los hijos de Israel y les diré: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros; y ellos me dirán: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué debo decirles? Y Dios dijo a Moisés:

                Yo soy lo que soy.

Las palabras hebreas de esta expresión son, âhiyé asher âhiye; y el valor de las sumas de sus letras aparece así:

            21                           501                    21

...Siendo el nombre (de su Dios) la suma de los valores que lo componen, 21, 501, 21 es 543, o sencillamente una aplicación de los números dígitos simples del nombre de Moisés... pero arreglados de tal suerte, que el número 345 está invertido y se lee 543.

    De modo que cuando Moisés implora, “Déjame ver Tu faz o gloria”, el otro justa y verdaderamente replica: “Tú no puedes ver mi faz..., pero me verás por detrás”; siendo éste el verdadero sentido, aunque no las palabras precisas; pues el extremo y el detrás de 543 es la faz de 345. esto es

    Para comprobación y para mantener el uso estricto de una serie de números a fin de desarrollar ciertos grandes resultados, para cuyo objeto se emplean específicamente

    Según añade el sabio kabalista:

    En otras aplicaciones de los números, se vieron mutuamente faz a faz. Es extraño que si añadimos 345 a 543, tenemos 888, que era el valor kabalístico gnóstico del nombre de Cristo, que era Jehoshua o Joshua. También la división de las 24 horas del día da tres ochos como cociente... El fin principal de todo este sistema de Comprobación de Números era conservar perpetuamente el valor exacto del Año Lunar, en la medida natural de los Días.

    Estos son los significados astronómico y numérico en la Teogonía Secreta de los Dioses cósmicosiderales, inventada por los caldeo-hebreos; dos significados de los siete. Los otros cinco sorprenderían aún más a los cristianos.
     La serie de Edipos que han tratado de interpretar el enigma de la Esfinge es verdaderamente larga. Durante edades ella ha estado devorando las inteligencias más claras y nobles de la Cristiandad; pero ahora la Esfinge ha sido vencida. en la gran lucha intelectual que ha terminado con la completa victoria de los Edipos del Simbolismo, no ha sido, sin embargo, la Esfinge quien, avergonzada por la vergüenza de la derrota, ha tenido que sepultarse en el mar, sino en verdad, el símbolo multiforme llamado Jehovah, a quien los  cristianos -las naciones civilizadas- han aceptaado por su Dios. El símbolo Jehovah ha fracasado ante un análisis demasiado escrutador, y se ha hundido. Los simbologistas han descubierto con espanto que su aceptada Deidad sólo era una máscara de muchos otros Dioses, un planeta extinguido y enhemerizado, cuando más, el Genio de la Luna y de Saturno para los judíos, del Sol y de Júpiter para los primitivos cristianos; que la Trinidad (a menos de aceptar el insignificado más abstracto y metafísico que le dan los gentiles) era, en verdad, sólo una tríada astronómica, compuesta del Sol (el Padre) y los dos planetas, Mercurio (el Hijo) y Venus (el Espíritu Santo); Sophia, el Espíritu de la Sabiduría, del Amor y de la Verdad, y Lucifer, como Cristo, “estrella resplandeciente de la mañana” (9). Porque si el Padre es el Sol (el “Hermano Mayor”, en la Filosofía Oriental Interna), el planeta más próximo a él es Mercurio (Hermes, Budha, Thot), el nombre de cuya Madre sobre la Tierra era Maia. Ahora bien; este planeta recibe siete veces más luz que cualquier otro; hecho que indujo a los gnósticos a llamar a su Christos, y los kabalistas a su Hermes (en el sentido astronómico), la “Luz Séptuple”. Finalmente, este Dios  era Bel, pues el Sol era Bel para los galos; Helios entre los griegos; Baal entre los fenicios; Él, en caldeo; y de aquí Elohim, Emanuel, y Él, “Dios”, en hebreo. Pero hasta el Dios kabalístico se ha desvanecido en la obra de arte rabínica, y hoy hay que dirigirse al sentido metafísico más profundo del Zohar para ver en él algo que se parezca a Ain Soph, la Deidad Sin-nombre, y lo Absoluto, tan autoritaria y altamente proclamada por los cristianos. Pero ciertamente que no se encuentra en los libros mosaicos, al menos para los que tratan de leer sin la debida clave. Desde que esta clave se perdió, los judíos y cristianos han hecho cuanto han podido para mezclar los dos conceptos, pero en vano. Sólo han conseguido despojar por  fin a la misma Deidad Universal de su carácter majestuoso y de su significado primitivo.
    Según se dijo en Isis sin Velo:

    Parecería, por tanto, natural hacer una distinción entre el dios del misterio I a o, adoptado desde la más remota antigüedad por todos los que participaban de los conocimientos esotéricos de los Sacerdotes, y sus dobles fonéticos, a los que vemos tratados con tan poca reverencia por los ofitas y otros gnósticos (10).
    En las joyas ofitas de King (11) vemos repetido el nombre de Iao y confundido muchas veces con el de Ievo, mientras que éste sólo representa uno de los Genios antagónicos de Abraxas... Pero el nombre Iao ni tuvo su origen entre los judíos, ni era propiedad exclusiva de ellos. Aun cuando Moisés hubiese querido conceder este nombre al “Espíritu” tutelar, la pretendida deidad nacional protectora del “pueblo escogido de Israel”, no hay razón plausible para que otras naciones le recibiesen como el Dios Más Elevado y Único vivo. Pero negamos el aserto en redondo. Además, hay el hecho de que Iaho o Iao fue un “nombre de misterio” desde el principio, pues .... y .... nunca se puso en uso antes del tiempo del rey David. Anteriormente a este tiempo, pocos nombres propios o ninguno fue compuesto con Iha o Jah. Parece más bien como si David, que vivió entre los tirios y filisteos (12), hubiese traído de allí el nombre de Jehovah. Hizo él a Zadok alto sacerdote, de quien proceden los Zadoquitas o Saduceos. Vivió él y gobernó primeramente en Hebrón, Habir-on o ciudad de Kabeir, en donde los ritos de los cuatro (dioses del misterio) se celebraban. Ni David ni Salomón reconocían a Moisés ni a su ley. Aspiraban ellos a construir un templo a ..., como las construcciones erigidas por Hiram a Hércules y Venus, Adon y Astarté.
    Fürst dice: “El nombre muy antiguo de Dios, Yâho, escrito en griego Iaw, parece, aparte de su derivación, haber sido un nombre místico antiguo de la Deidad Suprema de los semitas. De aquí que se le comunicara a Moisés cuando fue iniciado en Hor-eb -la Caverna- bajo la dirección de Jethro, el sacerdote Kenite (o Cainita) de Madián. En una antigua religión de los caldeos, cuyos restos se encuentran entre los neoplatónicos, la Divinidad más elevada, entronizada por encima de los siete Cielos, representando el Principio de la Luz Espiritual... y también concebida como Demiurgo (13), era llamada Iaw, que era semejante al Yâho hebreo misterioso e innombrable, y cuyo nombre se comunicaba a los Iniciados. Los fenicios tenían un Dios Supremo cuyo nombre era triliteral y secreto, y éste era Iaw” (14).

    La cruz, dicen los kabalistas, repitiendo la lección de los Ocultistas, es uno de los símbolos más antiguos; y hasta, quizás, el más antiguo de todos. Esto ha sido demostrado desde el principio mismo del Proemio del volumen I. Los iniciados Orientales la presentan como coeva con el círculo del Infinito Deífico, y con la primera diferenciación de la Esencia, la unión de Espíritu y Materia. Esta interpretación ha sido rechazada, y sólo se ha aceptado la alegoría astronómica adaptada a sucesos terrestres hábilmente inventados.
    Demostremos esta afirmación. En Astronomía, como se ha dicho, Mercurio es el hijo de Coelus y Lux: del Firmamento y de la Luz, o el Sol; en Mitología, él es la progenie de Júpiter y Maia. es el “Mensajero” de su Padre Júpiter, el Mesías del Sol; en Griego, su nombre Hermes significa, entre otras cosas, el “Intérprete”: la Palabra, el LOGOS, o VERBO. Ahora bien; Mercurio nació en el Monte Cyllene, entre pastores, y es el patrón de estos últimos. Como genio psicopómpico, conducía las Almas de los Muertos al Hades y las volvía a traer; cargo que se atribuyó a Jesús después de su muerte y resurrección. Los símbolos de Hermes-Mercurio (Dii Termini) eran colocados en las vueltas de los caminos, lo mismo que se colocan ahora cruces en Italia, y eran cruciformes (15). Cada séptimo día, los sacerdotes ungían con aceite estos Términos, y una vez al año les colgaban guirnaldas; por tanto, eran  los ungidos. Mercurio, al hablar por medio de sus oráculos, dice:

    Yo soy aquel que llamáis el Hijo del Padre (Júpiter) y de Maia. Dejando al Rey del Cielo (el Sol) vengo a ayudaros, mortales.

    Mercurio cura a los ciegos y devuelve la vista mental y física (16). Muchas veces era representado como de tres cabezas y llamado Tricéfalo, Triple, como uno con el Sol y Venus. Finalmente, Mercurio, según muestra Cornutos (17), era algunas veces figurado bajo una forma cúbica, sin brazos, porque “el poder del lenguaje y elocuencia pueden prevalecer sin ayuda de las manos o de los pies”. Esta forma cúbica es la que relaciona directamente los Términos con la Cruz, y la elocuencia o el poder del lenguaje de Mercurio fue lo que hizo decir al astuto Eusebio: “Hermes es el emblema de la Palabra que crea e interpreta todo”, pues es el Verbo Creador; y él muestra a Porfirio enseñando que el Lenguaje de Hermes -interpretado ahora Verbo de Dios (!) en el Pymander-, un Lenguaje (Verbo) Creador, es el Principio Seminal esparcido por todo el Universo (18). En Alquimia, “Mercurio” es el Principio radical Húmedo, el Agua Primitiva o Elementaria, que contiene la Semilla del Universo, fecundada por los Fuegos Solares. Para expresar este principio fecundante, los egipcios añadían muchas veces un falo a la cruz (el macho y la hembra, o la vertical y la horizontal unidas). Los Términos cruciformes representaban también esta idea dual, que se encontró en Egipto en el Hermes cúbico. El autor de The Source of Measures nos dice por qué (19).
    Según él muestra, el cubo desarrollado se convierte en una cruz en forma de Tau, o cruz egipcia; y también “el círculo unido a la Tau da la cruz ansata” de los antiguos faraones. Habían aprendido esto de sus sacerdotes y de sus “Reyes-Iniciados” hacía edades, y también lo que significaba “un hombre unido a la cruz”, cuya idea “se hizo que se relacionase con la del origen de la vida humana, y de aquí la forma fálica”. Sólo que esta última entró en acción evos y edades después de la idea del Carpintero y Artífice de los Dioses, Vishvakarman, crucificando al “Sol-Iniciado” en el torno cruciforme. Según dice el mismo autor:

    El poner un hombre en la cruz... fue usado en esta forma de manifestación por los indos (20).

    Pero era para que se “relacionase” con la idea del nuevo nacimiento del hombre por medio de la regeneración espiritual, no por la física. El Candidato a la Iniciación era atado a la Tau o cruz astronómica, con una idea mucho más grandiosa y noble, que la del origen de la mera vida terrestre.
    Por otra parte, los semitas parece que no tuvieron ningún objeto más elevado en la vida que el de procrear  su especie. Así que, geométricamente, y según lo que se lee en la Biblia por medio del método numérico, el autor de The Source of Measures está en lo firme.

    ...todo el sistema (judío) parece haber sido considerado antiguamente como fundado en la naturaleza, y como adoptado por la naturaleza, o Dios, como la base o ley del ejercicio práctico del poder creador, esto es, era el designio creador, cuya aplicación práctica era la creación. Esto parece establecido por el hecho de que, bajo el sistema empleado, las medidas del tiempo planetario servían coordinadamente como medidas del tamaño de los planetas y de la particularidad de sus estructuras, esto es, de la extensión de sus diámetros polares y ecuatoriales...
este sistema (el del designio creador) parece ser el fundamento de toda la estructura bíblica, como base de su ritualismo, y para manifestación de las obras de la Deidad en lo que se refiere a la arquitectura, por el uso de la unidad sagrada de la medida en el Jardín del Edén, en el Arca de Noé, en el Tabernáculo y en el Templo de Salomón (21).

    Así, pues, por indicación misma de los defensores de este sistema, se prueba que la Deidad judía es, cuando más, tan sólo la Duada manifestada, nunca el TODO absoluto Único. Geométricamente demostrada, es un NÚMERO; simbólicamente, un Priapo enhemerizado; y esto apenas puede satisfacer a una humanidad sedienta de demostraciones de verdades espirituales reales, y de la posesión de un Dios con naturaleza divina, no antropomórfica. Es extraño que los más sabios de los kabalistas modernos no puedan ver en la cruz y el círculo nada más que un símbolo de la Deidad creadora y andrógina, manifestada en su relación e intervención en los fenómenos del mundo (22). Un autor cree que:

    Sea como quiera que el hombre (léase el judío y el rabino) haya obtenido el conocimiento de la medida práctica... por medio de la cual se creía que la naturaleza ajustaba la dimensión de los planetas en armonía con el sentido de sus movimientos, parece que lo obtuvo efectivamente, y que consideraba su posesión como medio de comprender la Deidad; esto es, que se aproximó tanto al concepto de un Ser con una mente semejante a la suya, sólo que infinitamente más poderosa, que llegó a hacerse cargo de la existencia de una ley de creación establecida por aquel Ser, el cual debe haber existido anterior a toda creación (kabalísticamente llamado el Verbo) (23).

    Esto ha podido satisfacer la mente práctica semita; pero el Ocultista oriental tiene que rechazar la oferta de semejante Dios; pues, verdaderamente, una Deidad, un Ser, “con una mente semejante a la del hombre, sólo que infinitamente más poderosa”, no es Dios alguno que trascienda el ciclo de la creación. No tiene nada él que ver con el concepto ideal del Universo Eterno. Es, cuando más, uno de los poderes creadores subordinados, cuya totalidad es llamada los Sephiroth, el Hombre Celeste, y Adam Kadmon, el Segundo Logos de los platónicos.
    Esta misma idea se ve claramente en el fondo de las más hábiles definiciones de la Kabalah y sus misterios, verbigracia, por Juan A. Parker, según está citado en la misma obra:

    (La) clave de la Kabalah se cree que es la relación geométrica del área del círculo inscrito en el cuadrado, o la del cubo en la esfera, dando lugar a la relación del diámetro a la circunferencia de un círculo, con el valor numérico de esta relación expresado en integrales. Siendo la relación del diámetro a la circunferencia una razón suprema relacionada con los nombres de los dioses Elohim y Jehovah (cuyos términos son numéricamente expresiones de estas relaciones, respectivamente; el primero de la circunferencia y el último del diámetro), abraza en sí todas las demás subordinaciones. En la Biblia se emplean dos modos de expresar la razón de la circunferencia al diámetro en integrales: (1) El perfecto y (2) El imperfecto. Una de las relaciones entre estos es tal, que el (2), sustraído del (1), dejará una unidad del valor de un diámetro, o en la denominación del valor de la circunferencia del círculo perfecto, o una unidad línea recta con valor circular perfecto, o un valor circular (24).

    Semejantes cálculos no pueden conducir más allá que a descifrar los misterios de la tercera etapa de la Evolución, o la “tercera Creación de Brahmâ”. Los indos iniciados saben, mucho mejor que cualquier europeo, cómo “cuadrar el círculo”. Pero de esto hablaremos más adelante. El hecho es que los Místicos occidentales principian sus especulaciones sólo en aquel estado en que el Universo “cae en la materia”, como dicen los ocultistas. En todas las series de libros kabalísticos no hemos encontrado una sola sentencia que aludiese, ni aun remotamente, a los secretos psicológicos y espirituales de la “creación” como lo hacen a los mecánicos y fisiológicos. ¿Debemos, pues, considerar la evolución del Universo simplemente como un prototipo en escala gigantesca del acto de la procreación, como falicismo “divino”, y hacer rapsodias sobre ello, como ha hecho el mal inspirado autor de una obra de este nombre? No lo cree así la escritora. Y cree que tiene razón en decir esto al ver que una lectura atenta (tanto esotérica como exotérica) del Antiguo Testamento parece que no ha llevado a los investigadores más entusiastas más que a la certeza basada en fundamentos matemáticos, de que desde el primero al último capítulo del Pentateuco, todas las escenas, todos los caracteres y sucesos se muestran relacionados, directa o indirectamente, con el origen del nacimiento, en su  forma más cruda y brutal. Así, pues, por más interesantes e ingeniosos que sean los métodos rabínicos, la escritora, a la par que otros Ocultistas orientales, tiene que preferir los de los paganos.
    No es, pues, en la Biblia donde tenemos que buscar el origen de la cruz y del círculo, sino más allá del Diluvio. Por tanto, volviendo a Eliphas Lévi y al Zohar, contestamos por los Ocultistas orientales, y decimos que, aplicando la práctica al principio, están completamente de acuerdo con Pascal, que dice que:

    Dios es un círculo, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.

    Mientras los kabalistas dicen lo contrario y lo sostienen, con el solo fin de velar su doctrina. Dicho sea de paso, la definición de la Deidad por un círculo no es en modo alguno de Pascal, como creía Eliphas Lévi. Fue ello tomado por el filósofo francés, bien de Mercurio Trismegisto, o de la obra latina del Cardenal Cusa, De Docta Ignorantia, en la cual la emplea. Por otra parte, Pascal la desfigura al reemplazar las palabras “Círculo Cósmico”, que aparecen simbólicamente en la inscripción original, por la palabra Theos. Para los antiguos, las dos voces eran sinónimas.

A
LA CRUZ Y EL CÍRCULO

    Los antiguos Filósofos han atribuido siempre algo de divino y misterioso a la forma del círculo. El mundo antiguo, consecuente con su simbolismo y sus intuiciones panteísticas, uniendo los dos infinitos, visible e invisible, en uno, representaba a la Deidad, así como a su Velo externo, por un círculo. Esta fusión de los dos en una unidad, y la aplicación del nombre Theos indistintamente a ambos, es explicada, con lo cual se hace más científica y filosófica. La definición etimológica de Platón de la palabra theos, se ha expuesto ya en otra parte. En su Cratylus la deriva del verbo the-ein, “mover”, como sugerida por el movimiento de los cuerpos celestes, a los cuales relaciona con la Deidad. Según la Filosofía Esotérica, esta Deidad, durante sus “Noches” y sus “Días”, o Ciclos de Reposo y Actividad, es el Movimiento Perpetuo, Eterno, el “ETERNO DEVENIR, así como lo siempre universalmente Presente y lo Siempre Existente”. Lo último es la raíz abstracta; lo primero es el único concepto posible para la mente humana, si no relaciona esta Deidad con alguna figura o forma. Es una evolución perpetua e incesante, que dando vuelta al círculo en su progreso constante, torna, después de evos de duración, a su estado original - la UNIDAD ABSOLUTA.
    Sólo los Dioses menores llevaban los atributos simbólicos de los superiores. así, el Dios Shoo, la personificación de Ra, que aparece como el “Gran Gato de la Cuenca de Persea en An” (25), era muchas veces representado en los monumentos egipcios sentado y teniendo una cruz, símbolo de los cuatro Cuadrantes o Elementos, unida a un círculo.
     En la erudita obra de Gerald Massey, The Natural Genesis, bajo el título “Typology of the Cross”, hay más que aprender acerca de la cruz y del círculo, que en ninguna otra obra conocida. El que desee tener pruebas de la antigüedad de la cruz, puede dirigirse a dicho libro. El autor dice:

    El círculo y la cruz son inseparables... La Cruz Ansata une al círculo y la cruz de cuatro extremos. Partiendo de esto, el círculo y la cruz fueron a veces intercambiables. Por ejemplo, el Chakra, o Disco de Vishnu, es un círculo. El nombre denota el círculo, dar vueltas, periodicidad, la rueda del tiempo. Ésta la usa el dios como un arma para lanzar al enemigo. De un modo semejante, Thor arroja su arma, el Fylfot, una forma de la cruz de cuatro pies (la Svastika) y tipo de los cuatro cuadrantes. Así la cruz es equivalente al círculo del año. El emblema de la rueda une la cruz y el círculo en uno, como sucede con el pan jeroglífico y el lazo-Ankh (26).

    No era el doble signo sagrado para el profano, sino sólo para los Iniciados. Raúl Rochette muestra que (27):

    El signo ... se presenta como el reverso de una moneda fenicia, con un morueco como anverso... El mismo signo, llamado algunas veces Espejo de Venus, porque representa la reproducción, fue empleado para marcar las ancas de yeguas de valor de Corinto, y otras hermosas razas de caballos.

    Esto prueba que aun en tiempos tan remotos la cruz se había convertido ya en símbolo de la procreación humana, y que ya había empezado a olvidarse el origen divino de la cruz y el círculo.
    El Journal of the Royal Asiatic Society (28) da otra forma de la cruz:

    En cada uno de los cuatro extremos está colocado un arco de curva oviforme, y cuando se unen los cuatro forman un óvalo; así, la figura combina la cruz con el círculo a su alrededor en cuatro porciones, que corresponden a los cuatro extremos de la cruz. Los cuatro segmentos corresponden a los cuatro pies de la cruz Svástica y al Fylfot de Thor. La flor de loto de cuatro pétalos de Buddha está también figurada en el centro de esta cruz, pues el loto es una representación egipcia e inda de los cuatro cuadrantes. Si se unen los cuatro cuartos de arco, forman una elipse, y la elipse está igualmente figurada en cada brazo de la cruz. esta elipse, por tanto, denota la órbita de la tierra... Sir J. Y. Simpson copió el siguiente ejemplar ......... que se presenta aquí como la cruz de los dos equinoccios y de los dos solsticios colocada dentro de la figura de la órbita de la tierra. La misma figura ovoide, o en figura de bote, se ve algunas veces en los dibujos indos con siete escalones en cada extremo, como la  forma o modalidad de Meru.

    Éste es el aspecto astronómico del doble signo. Pero hay seis aspectos más, y podemos intentar la interpretación de algunos de estos. El asunto es tan vasto, que por sí solo requeriría muchos volúmenes.
    El más curioso de estos símbolos egipcios de la cruz y el círculo, que menciona la obra antes citada, es uno que obtiene toda su explicación y colorido final de los símbolos arios de la misma naturaleza. Dice el autor:

    La cruz de cuatro brazos es simplemente la cruz de los cuatro cuadrantes, pero el signo de la cruz no es siempre sencillo (29). Éste fue un tipo que se desarrolló de un principio identificable, y que fue después adaptado a la expresión de varias ideas. La cruz más sagrada de Egipto, que llevaban en las manos los Dioses, los  Faraones y los muertos momificados, es el Ankh ......., el signo de la vida, lo vivo, un roble, la alianza... El extremo superior es el jeroglífico Ru ........ puesto sobre la cruz Tau. El Ru es la puerta, la entrada, la boca, el sitio de salida. Esto denota el lugar de nacimiento en el cuadrante norte de los cielos, de donde renace el Sol. De aquí que el Ru del signo Ankh sea el tipo femenino del lugar del nacimiento, que representa el norte. En el cuadrante del norte fue donde la Diosa de las Siete Estrellas, llamada la “Madre de las Revoluciones”, dio a luz al tiempo, en el primer ciclo del año. El primer signo de este círculo y ciclo primordiales hechos en el cielo, es la forma más primitiva de la cruz-Ankh ........ un simple lazo que contiene a la vez en una imagen el círculo y la cruz. Este ojal o lazo está puesto enfrente del más antiguo generador, el Tifón de la Osa Mayor, como su Ark, ideografía de un período, de una terminación, de un tiempo, como mostrando el significado de una revolución. Esto, pues, representa el círculo descripto en el cielo del norte por la Osa Mayor, el cual constituía el año más primitivo del tiempo; de cuyo hecho inferimos que el ojal o Ru del norte representa ese cuadrante, el lugar del nacimiento del tiempo, cuando se figura como el Ru del símbolo Ankh. Ciertamente, esto puede probarse. El lazo es un tipo de Ark o Rek, para cálculo. El Ru de la cruz Ankh fue continuado en R cipriota, ............, y en el Ro, ...........(30) copto. El Ro se llevaba en la cruz griega ............. la cual está formada del Ro y Chi, o R-k... El Rek, o Ark, era el signo de todo principio (Arche) en este punto, y el lazo-Ark es la cruz del norte, la parte de atrás del cielo (31).

    Ahora bien; esto es, igualmente, astronómico y fálico por completo. La versión Puránica en la India da a todo el asunto otro colorido. Sin destruir la anterior interpretaciòn, revela una parte de sus misterios con ayuda de la clave astronómica, ofreciendo así una interpretación más metafísica. El lazo Ankh ........... no pertenece solamente a Egipto. Existe con el nombre de pâsha, una cuerda que el Shiva de cuatro brazos tiene en la mano del ...........brazo derecho posterior (32). Mahâdeva es representado en la postura de un asceta, como Mahâyogi, con su tercer ojo ............, que es en otra forma “el Ru ............, puesto sobre la cruz Tau”. El pâsha está cogido de tal modo, que el primer dedo y la mano cerca del pulgar hacen la cruz, u ojal y cruzamiento. ¡Nuestros orientalistas quieren que represente una cuerda para atar a criminales refractarios, en vista de que Kâlî, consorte de Shiva, la tiene como atributo!
     El pâsha tiene aquí un doble significado, como lo tiene el trishûla de Shiva y todos los demás atributos divinos. Este doble significado radica en Shiva, pues Rudra tiene seguramente la misma significación que la Cruz Ansata egipcia, en su sentido cósmico y místico. En manos de Shiva, el pâsha se convierte en lingyónico. Shiva, como ya se dicho, es un nombre desconocido en los Vedas. En el Yajur Veda Blanco es donde Rudra aparece por primera vez como el gran Dios, Mahâdeva, cuyo símbolo es el Lingam. En el Rig Veda se le llama Rudra, el “aullador”, la Deidad benéfica y maléfica a la vez, el Sanador y el Destructor. En el Vishnu Purâna, él es el Dios que surge de la frente de Brahmâ, que se separa en macho y hembra, y es el padre de los Rudras o Maruts, la mitad de los cuales son brillantes y bondadosos, y la otra mitad negros y feroces. En los Vedas, él es el Ego Divino aspirando a volver a su puro estado deífico; y, al mismo tiempo, es ese Ego Divino aprisionado en una forma terrestre, cuyas fieras pasiones hacen de él el “rugiente”, el “terrible”. Esto se ve bien en el Brihadâranyaka Upanishad, en donde los Rudras, la progenie de Rudra, Dios del Fuego, es llamada “los diez alientos vitales (prâna, la vida), con el corazón (manas) como onceno” (33); mientas que como Shiva, es el destructor de esa vida. Brahmâ le llama Rudra, y le da, además, otros siete nombres, que significan siete formas de manifestación y también los siete poderes de la naturaleza, que destruye, sólo para volver a crear o regenerar.
     De aquí que el lazo cruciforme, o pâsha, en mano de Shiva, cuando se le representa como un asceta, Mahâyogin, no tenga significación fálica; y verdaderamente, se necesita una imaginación muy inclinada en este sentido para ver tal significado hasta en un símbolo astronómico. Como emblema de “puerta, entrada, boca, lugar de salida”, significa la “puerta estrecha” que conduce al Reino de los Cielos, mucho más que el “sitio de nacimiento” en sentido fisiológico.
     Es una Cruz en un Círculo y Cruz Ansata, verdaderamente; pero es una cruz sobre la cual tienen que ser sacrificadas todas las pasiones humanas, antes de que el Yogi pase por la “puerta estrecha”, el círculo estrecho que se convierte en uno infinito, tan pronto como el Hombre Interno ha pasado el umbral.
    Respecto de los siete Rishis misteriosos de la constelación de la Osa Mayor, si Egipto los consagró a “Tifón, el generador más antiguo”, la India ha relacionado estos símbolos, edades hace, con el Tiempo o revoluciones del Yuga; y los Saptarishis están íntimamente relacionados con nuestra edad presente: el tenebroso Kali Yuga (34). El gran Círculo del Tiempo, sobre cuya faz la imaginación india ha representado el Puerco Marino, o Shishumâra, tiene la cruz implantada en él por la naturaleza, en sus divisiones y localización de estrellas, planetas y constelaciones. En el Bhâgavata Purâna (35), se dice:

     A la extremidad de la cola de aquel animal cuya cabeza se dirige hacia el Sur, y cuyo cuerpo tiene forma de anillo (círculo), se encuentra a Dhruva (la ex estrella polar); a lo largo de su cola están Prajâpati, Agni, Indra, Dharma, etc., y a través de sus lomos los siete Rishis (36).

    Ésta es, pues, la primera y más primitiva cruz y círculo formada por la Deidad, simbolizada por Vishnu, el Círculo Eterno del Tiempo Ilimitado, Kâla, en cuyo plano se hallan atravesados todos los Dioses, criaturas y creaciones nacidas en el Espacio y el Tiempo; todos los cuales, según expresa la Filosofía mueren en el Mahâpralaya.
    Mientras tanto, los siete Rishis son los que marcan el tiempo y la duración de los sucesos en nuestro Ciclo de Vida septenario. Son ellos tan misteriosos como sus supuestas esposas, las Pléyades, de las cuales sólo una (la que se oculta) ha resultado virtuosa. Las Pléyades, o Krittikâs, son las nodrizas de Kârtikeya, el Dios de la Guerra (el Marte de los paganos occidentales), llamado el Jefe de los Ejércitos Celestes, o más bien de los Siddhas -Siddha-sena (traducido Yogis en el Cielo, y santos Sabios en la Tierra)-, lo cual haría a Kârtikeya idéntico a Miguel, el “Jefe de las Huestes Celestiales”; y como él un Kumâra virgen (37). En verdad, él es el Guha, el Misterioso, tanto como lo son los Saptarishis  las Krittikâs, los siete Rishis y las Pléyades, pues la interpretación de todos estos combinados revela al Adepto los misterios más grandes de la Naturaleza Oculta. Un punto es digno de mencionarse en esta cuestión de la cruz y el círculo, por hallarse muy relacionado con los elementos del Fuego y del Agua, que representan un papel tan importante en el simbolismo de la cruz y del círculo. Lo mismo que Marte, el cual supone Ovidio que nació solamente de su madre Juno, sin participación de padre alguno, o como los Avatâras (Krishna, por ejemplo) -tanto en Occidente como en Oriente-, Kârtikeya nació, aunque de un modo más milagroso, sin ser engendrado por padre ni madre, sino de una semilla de Rudra-Shiva, que fue arrojada al Fuego (Agni) y recibida después por el agua (el Ganges). Así, pues, nació del Fuego y del Agua: un “niño resplandeciente como el Sol y hermoso como la Luna”. De aquí que sea llamado Agnibhû (hijo de Agni) y Gangâputra (hijo del Ganges). Añádase a esto el hecho de que el Krittikâ y sus nodrizas, como muestra el Matsya Purâna, son presididos por Agni, o usando las palabras auténticas, “los siete Rishis están en la misma línea que el brillante Agni”; y de aquí que “Krittikâ tenga por sinónimo Âgneya” (38), siendo la consecuencia fácil de deducir.
    Los Rishis son, pues, los que marcan el tiempo y los períodos del Kali Yuga, la edad del pecado y de la aflicción. Según nos dice el Bhâgavata Purâna:

    Cuando el esplendor de Vishnu, llamado Krishna, se fue al cielo, entonces la edad Kali, durante la cual los hombres gozan en el pecado, invadió el mundo...
    Cuando los siete Rishis estaban en Maghâ, principió la edad Kali, que  comprende 1.200 años (divinos, o 432.000 años comunes); y cuando desde Maghâ llegan a Pûrvâsh^dhâ, entonces alcanzará su desarrollo esta edad Kali, bajo Nanda y sus sucesores (39).

    Ésta es la revolución de los Rishis -

    Cuando las dos primeras estrellas de los siete Rishis (la Osa Mayor) se levantan en el cielo, y se ve por la noche algún asterismo lunar, a igual distancia entre ellas, entonces los siete Rishis continúan estacionados en esa conjunción durante cien años,
   
- como hace decir a Parâshara, uno que odiaba a Nanda. Según Bentley, esta noción se originó entre los astrónomos, a fin de mostrar el valor de la precisión de los equinoccios.

    Esto se hizo ideando una línea imaginaria o gran círculo, que pasaba por los polos de la eclíptica y por el principio del Maghâ fijo, cuyo círculo se suponía que cortaba algunas de las estrellas de la Osa Mayor... Las siete estrellas de la Osa Mayor se llamaban los Rishis, y el círculo así ideado se llamó la línea de los Rishis; y estando invariablemente fijo al principio del asterismo lunar Maghâ, la precisión se anotaría estableciendo el grado, etc. de cualquier mansión lunar movible cortada por aquella línea o círculo, como un índice (40).

    Ha habido y hay todavía una controversia al parecer interminable acerca de la cronología de los indos. Aquí hay, sin embargo, un punto que podía ayudar a determinar, aproximadamente por lo menos, la época en que principió el simbolismo de los Rishis, y su relación con las Pléyades. Cuando Kârtikeya fue entregado por los Dioses a las Kreittikâs para que éstas lo criasen, ellas sólo eran seis, por lo cual Kârtikeya es representado con seis cabezas; pero cuando la fantasía poética de los simbologistas arios primitivos hizo de ellas las consortes de los siete Rishis, fueron siete. Sus nombres se dan, y son Ambâ, Dulâ, Nitatui, Abrayanti, Mighâyanti, Varshayanti y Chupunikâ. Hay otras series de nombres, pero difieren. Sea como quiera, a los Rishis se les supuso casados con las siete Krittikâs, antes de la desaparición de la séptima Pléyade. De otro modo, ¿cómo podían los astrónomos indos hablar de una estrella que nadie puede ver sin la ayuda de telescopios de la mayor potencia?  Ésta es quizás la razón, por la que se ha resuelto que en todos estos casos, la mayor parte de los sucesos descritos en las alegorías indas son “una invención muy reciente, ciertamente dentro de la Era cristiana”.
    Los manuscritos sánscritos más antiguos sobre Astronomía principian sus series de Nakshatras, los veintisiete asterismos lunares, con el signo de Krittikâ, y esto puede apenas remontar su antigüedad más allá de 2.780 años antes de Cristo. Esto es con arreglo al “Calendario Védico”, aceptado hasta por los orientalistas, aun cuando resuelven la dificultad diciendo que el referido Calendario no prueba que los indos supieran nada de Astronomía en aquella fecha; y aseguran a sus lectores que, a pesar de los Calendarios, los Pandits indos han podido adquirir sus conocimientos de las casas lunares encabezadas por Krittikâ, de los fenicios, etc. Como quiera que esto sea, las Pléyades constituyen el grupo central del sistema de la simbología sideral. Están situadas en el cuello de la constelación de Tauro, considerada por Mädler y otros, en Astronomía, como el grupo central del sistema de la Vía Láctea; y en la Kabalah y en el Esoterismo Oriental, como el septenario sideral nacido del primer lado manifestado del triángulo superior, el ....... oculto. Este lado manifestado es Tauro, el símbolo del UNO (el número 1), o de la primera letra del alfabeto hebreo, Aleph, “toro” o “buey” cuya síntesis es Diez (10) o Yod, la letra y número perfectos. Las Pléyades (especialmente Alcione) son, pues, consideradas, hasta en Astronomía, como el punto central a cuyo alrededor da vueltas nuestro universo de estrellas fijas, el foco desde el cual y en el cual trabaja incesantemente el Aliento divino,  el Movimiento, durante el Manvántara. De aquí que, en los símbolos siderales de la  Filosofía Oculta, este círculo, con la cruz de estrellas sobre su faz, sea el que represente el papel principal.
    La Doctrina Secreta nos enseña que todo en el Universo, así como el Universo mismo, se forma (se “crea”), durante sus manifestaciones periódicas, por el MOVIMIENTO acelerado puesto en actividad por el ALIENTO del Poder por Siempre desconocido  -desconocido para la humanidad presente, en todo caso- dentro del mundo fenomenal. El Espíritu de la Vida y de la Inmortalidad era simbolizado en todas partes por un círculo; de aquí que la serpiente mordiéndose la cola represente el Círculo de la Sabiduría en el Infinito; como sucede con la cruz astronómica, la cruz dentro del círculo, y el globo con el aditamento de dos alas, el cual se convertía entonces en el Escarabajo sagrado de los egipcios, siendo su mismo nombre una indicación de la idea secreta que representaba. Pues el Escarabajo es llamado en los papiros egipcios, Khopirron y Khorpi; del verbo khopron, “devenir”; y por esto se ha hecho de él un símbolo y un emblema de la vida humana y de los sucesivos “devenires” del hombre a través de las diversas peregrinaciones y metempsícosis, o reencarnaciones, del alma libertada. Este símbolo místico muestra claramente que los egipcios creían en la reencarnación, y en las vidas y existencias sucesivas de la Entidad Inmortal. Como ésta, sin embargo, era una Doctrina Esotérica, revelada solamente en los Misterios por los Sacerdotes-hierofantes y los Reyes-iniciados a los Candidatos, era conservada secreta. Las inteligencias Incorpóreas (los Espíritus Planetarios, o Poderes Creadores) eran siempre representados bajo la forma de círculos. En la primitiva Filosofía de los Hierofantes, estos círculos invisibles eran las causas prototípicas y constructores de todos los orbes celestes, que eran sus cuerpos visibles o cubiertas, cuyas almas eran ellos. Ésta era, ciertamente, una enseñanza universal en la antigüedad (41). Según dice Proclo:        

    Antes de los números matemáticos, hay números animados; antes que las cifras aparentes, las cifras vitales, y antes de producir los mundos materiales que se mueven en un círculo, el Poder Creador produjo los círculos invisibles (42).

    “Deus enim et circulus est”, dice Ferecides en su Himno a Júpiter. Éste era un axioma hermético, y Pitágoras prescribía esta postración y colocación circular, durante las horas de contemplación. “El devoto debe imitar tan bien como le sea posible la forma de un círculo perfecto”, prescribe el Libro Secreto. Numa intentó vulgarizar la misma costumbre entre la gente, dice Pierius a sus lectores; y Plinio dice:

    Durante nuestro culto, arrollamos nuestros cuerpos, por decirlo así, formando un anillo - totum corpus circumaginur (43).   

    La Visión del profeta Ezequiel hace recordar forzosamente este misticismo del círculo, cuando contempló un “torbellino” del que salió “una rueda sobre la tierra”, cuyo trabajo “ era, como si dijéramos, una rueda en medio de una rueda”; “pues el espíritu de la criatura viviente estaba en las ruedas” (44).
     “(El Espíritu) da vueltas continuamente, y... retorna otra vez con arreglo a su circuito”, dice Salomón (45), a quien se hace en la traducción inglesa hablar del “viento”, y en el texto original se refiere tanto al espíritu como al sol. Pero el Zohar, la única glosa verdadera del predicador kabalista -explicando este versículo, que es quizás algún tanto oscuro y difícil de comprender- dice:

    Parece decir que el sol se mueve en circuitos, mientras que se refiere al Espíritu bajo el sol, llamado el Espíritu Santo, que se mueve en sentido circular, hacia ambos lados, a fin de unirse (Él y el sol) en la misma Esencia (46).

    El “Huevo de Oro” brahmínico, del cual surge, Brahmâ, la Deidad creadora, es el “Círculo con el Punto Central” de Pitágoras, y su símbolo apropiado. en la Doctrina Secreta, la Unidad oculta (ya la represente Parabrahman, o el “Gran Extremo” de Confucio, o la Deidad oculta por Phtah, la Luz Eterna, o hasta el Ain Soph judío), se ve siempre simbolizada por un círculo o el “cero”, (la No-Cosa y Nada absolutos, porque es lo Infinito y el TODO), mientras que el Dios-manifestado (por sus obras) se menciona como el Diámetro de ese Círculo. Esto hace evidente el simbolismo de la idea subyacente: la línea recta que pasa por el centro de un círculo tiene longitud en el sentido geométrico, pero no tiene ancho ni espesor; es un símbolo imaginario y femenino, que cruza la eternidad, y hecho para descansar sobre el plano de existencia del mundo fenomenal. Tiene dimensiones, mientras que su círculo no tiene ninguna; o, usando un término algebraico, él es la dimensión de una ecuación. Otro modo de simbolizar la idea se ve en la Década sagrada Pitagórica, que sintetiza en el número dual Diez (el uno y un círculo o cero), el TODO Absoluto, manifestándose en el verbo o Poder Generador de la Creación.

B
LA CAÍDA DE LA CRUZ EN LA MATERIA


    Los que se sientan inclinados a argüir sobre este símbolo Pitagórico, objetando que hasta ahora no ha sido confirmado en qué época de la antigüedad el cero se representó por vez primera, especialmente en la India, pueden dirigirse a Isis sin Velo (47).
    Admitiendo en gracia del argumento que el mundo antiguo no conociese nuestra manera de calcular, o los números arábigos -aunque en realidad sabemos que sí-, sin embargo, la idea del círculo y del diámetro está ahí para mostrar que ella fue el primer símbolo de la Cosmogonía. Antes de los Trigramas de Fo-hi, Yang, la unidad, y  Yin, el

 binario, explicados bastante hábilmente por Eliphas Lévi (48), China tuvo su Confucio, y sus Taoístas. El primero circunscribe el “Gran Extremo” dentro de un círculo atravesado por una línea horizontal; los segundos colocan tres círculos concéntricos bajo el gran círculo, al paso de los Sabios Sung mostraban el “Gran Extremo” en un círculo superior, y el cielo y la Tierra en dos Círculos inferiores más pequeños.  Los Yangs y los Yins son una invención muy posterior. Platón y su escuela nunca comprendieron la Deidad de otro modo, no obstante los muchos epítetos aplicados por él al “Dios sobre todo”. Como Platón había sido iniciado no podía creer en un Dios personal, la sombra gigantesca del hombre. Sus epítetos de “Monarca” y “Hacedor de las leyes del Universo” tienen un sentido abstracto, que comprenden muy bien todos los Ocultistas, quienes, no menos que cualquier cristiano, creen en la Ley Una que gobierna el Universo, y la reconocen al mismo tiempo como inmutable. Según dice Platón:

    Más allá de todas las existencias finitas y causas secundarias, todas las leyes, ideas y principios, hay una Inteligencia o Mente, el primer principio de todos los principios, la Suprema  Idea sobre la cual se fundan todas las demás ideas..., la substancia última, de la cual derivan su ser y esencia todas las cosas, la Causa Primera y eficiente de todo el orden, armonía, belleza, excelencia y bondad que impregnan el Universo.

    Esta Mente es llamada, por preeminencia y excelencia, el Bien Supremo (49). “El Dios” y el “Dios sobre todo”. Estas palabras no se aplican, como el mismo Platón lo indica, ni al “Creador” ni al “Padre” de nuestros monoteístas modernos, sino a la causa Abstracta e Ideal. Pues, según él dice: “Este ....., el Dios sobre todo, no es la  verdad o la inteligencia, sino el PADRE de ella”, y su Causa Primaria. ¿Podía creer Platón (el discípulo más grande de los Sabios arcaicos, Sabio él mismo, para quien no había en la vida más que un objeto que anhelar: el CONOCIMIENTO VERDADERO) en una Deidad que maldice y condena a los hombres para siempre, por la menor ofensa? (50). Seguramente no sería él, que consideraba Filósofos genuinos y estudiantes de la  verdad sólo a aquellos que poseían el conocimiento de lo realmente existente, en oposición a la mera apariencia; de lo siempre-existente en oposición a lo transitorio; y de lo que existe permanentemente en oposicón a lo que crece, mengua y se desarrolla y destruye alternativamente (51). Espeusipo y Xenócrates siguieron sus pasos. El UNO, el original, no tenía existencia, en el sentido que le dan los hombres mortales. El ...... (el honrado) mora en el centro como en la circunferencia, pero es sólo la reflexión de la Deidad - el  Alma del Mundo (52)-, el plano de la superficie del círculo. La cruz y el círculo son un concepto universal tan antiguo como la misma mente humana. Preséntanse ellos en primera línea en la lista de la larga serie de los símbolos, por decirlo así internacionales, que muchas veces expresan grandes verdades científicas, además de su directa relación con misterios psicológicos, y hasta fisiológicos.
    El decir, como Eliphas Lévi, que Dios, el Amor universal, al hacer que la Unidad masculina excavase un abismo en el Binario femenino, o Caos, produjo con ello el mundo, no es explicación alguna. Además de lo grosero del concepto, ello no hace desaparecer la dificultad de concebirlo sin que pierda la veneración por el Comportamiento demasiado humano de la Deidad. Para evitar tales conceptos antropomórficos, los Iniciados no usaban nunca el epíteto “Dios” para designar el Principio Uno Sin-segundo del Universo; y fieles en esto a las más antiguas tradiciones de la Doctrina Secreta en todo el mundo, niegan que una obra tan imperfecta y muchas veces no muy pura pudiera ser jamás producida por la Perfección Absoluta. No hay necesidad de mencionar aquí otras dificultades metafísicas mayores. Entre el Ateísmo especulativo y el Antropomorfismo idiota, debe haber un término medio y una reconciliación. La Presencia del Principio Invisible en toda la Naturaleza y su más alta manifestación sobre la Tierra es un problema que sólo el hombre puede resolver; problema que es una x de los matemáticos que eludirá siempre las reglas de nuestra álgebra terrestre. Los hindúes han tratado de resolverlo por medio de sus Avatâras; los cristanos creen que lo han conseguido, con su Encarnación divina y única. Exotéricamente, ambos se equivocan; esotéricamente, unos y otros están muy cerca de la verdad. Sólo Pablo, entre los Apóstoles de la religión occidental, parece haber profundizado -si no totalmente revelado- el misterio arcaico de la cruz. En cuanto a los demás que, unificando e individualizando la Presencia Universal, la han sintetizado en un solo símbolo (el punto central en el crucifijo), muestran con ello que nunca se han penetrado del verdadero espíritu de la enseñanza de Cristo, sino que antes bien la han degradado en más de una manera, con sus interpretaciones erróneas. ellos han olvidado el espíritu de este símbolo universal y lo han monopolizado egoístamente; ¡como si lo Sin-límites y lo infinito pudiera jamás limitarse y condicionarse a una manifestación individualizada en un hombre, ni aun en una nación!
    Los cuatro brazos de la X, o cruz decusada, y de la cruz hermética, indicando los cuatro puntos cardinales, eran bien comprendidos por las mentes místicas de los indos, brahmanes y buddhistas, siglos antes de que se oyese hablar de ello en Europa, pues ese símbolo se encontraba y se encuentra en todo el mundo. Doblaron ellos los extremos de la cruz e hicieron de ella su Svastika, ............, ahora el Wan de los buddhistas mogoles (53). Implica ella que el “punto central” no está limitado a un individuo por muy perfecto que sea; que el Principio (Dios) está en la Humanidad, y que la Humanidad, como todo lo demás, está en Él, como las gotas de agua en el Océano, estando los cuatro extremos dirigidos hacia los cuatro puntos cardinales, y por tanto, perdiéndose en el infinito.
    Isarim, un Iniciado, se dice que encontró en Hebrón, sobre el cadáver de Hermes, la bien conocida Tabla Esmeraldina, que, se dice, contenía la esencia de la Sabiduría Hermética. Entre otras sentencias, veíanse trazadas en ella las siguientes:

    Separa la tierra del fuego, lo sutil de lo grosero...
    Asciende ... de la tierra al cielo y luego vuelve a descender a la tierra.

    El enigma de la cruz está contenido en estas palabras, y su doble misterio queda aclarado - para el Ocultista.

    La cruz filosófica, o sea las dos líneas trazadas en opuestas direcciones, la horizontal y la perpendicular, la altura y el ancho que la Deidad geometrizadora divide en el punto de intersección, y que forma el cuaternario, tanto mágico como científico, cuando está inscrita dentro del cuadrado perfecto es la base del Ocultista. Dentro de su recinto místico está la llave maestra que abre la puerta de todas las ciencias, tanto físicas como espirituales. Simboliza ella nuestra existencia humana, pues el círculo de la vida circunscribe los cuatro puntos de la cruz, que representan en sucesión, el nacimiento, la vida, la muerte y la inmortalidad (54).
     “Apégate”, dice el alquimista, “a las cuatro letras del tetragrama dispuestas de la manera siguiente. Las letras del nombre inefable están allí, aun cuando al principio no puedas dsitinguirlas. El axioma incomunicable está allí cabalísticamente contenido, y esto es lo que  llaman los maestros el arcano mágico” (55).

    Además:

    La Tao, ........., y la cruz astronómica de Egipto, ........ se ven claramente en algunas excavaciones de las ruinas de Palenque. En uno de los bajos relieves del Palacio de Palenque, al lado Oeste, esculpido como un jeroglífico, directamente bajo la figura sentada, hay una au. La figura en pie que se inclina sobre la primera está en el acto de cubrir su cabeza con el velo de la iniciación, que tiene en la mano izquierda, al paso que extiende la derecha con el dedo índice y el de en medio señalando al cielo. La postura es precisamente la de un obispo cristiano dando su bendición, o aquella en que se representa a menudo a Jesús en la Última Cena (56).

    El Hierofante egipcio usaba un tocado cuadrado que tenía siempre que llevar durante sus funciones. Estos sombreros cuadrados son los que usan aún los sacerdotes armenios. La Tau perfecta, formada por la línea perpendicular (rayo descendente masculino) y la horizontal (la Materia, el principio femenino) - y el círculo del mundo, eran atributos de Isis, y sólo después de la muerte era puesta la cruz egipcia sobre el pecho de la momia. La pretensión de que la cruz es puramente un símbolo cristiano, introducido después de nuestra Era, es en verdad extraño, cuando vemos a Ezequiel marcando la frente de los hombres de Judá que temían al Señor (57), con el signum Thau, según está traducido en la Vulgata. En el antiguo hebreo este signo estaba formado así ........, pero en los jeroglíficos egipcios originales era como perfecta cruz cristiana ........ (Tat, el emblema de la estabilidad). También el Apocalipsis, el “Alfa y Omega” -Espíritu y Materia-, lo primero y lo último,  estampa el nombre de su Padre en la frente de los elegidos. Moisés (58) ordena a su pueblo marcar sus puertas y dinteles con sangre, no fuera que el “Señor Dios” cometiera una equivocación y afligiese a alguno de sus elegidos, en lugar de los egipcios condenados. Y esta señal es una Tau - la misma cruz egipcia con mango, con la mitad de cuyo talismán Horus resucitaba a los muertos, como se muestra en unas ruinas de esculturas en Philae.
    Ya se ha dicho bastante en el texto acerca de la Svastika y la Tau. ¡En verdad que la cruz puede buscarse en las profundidades mismas de las insondables edades arcaicas! Su misterio se hace más oscuro en lugar de aclararse, cuando la vemos en las estatuas de la Isla de Pascua, en el antiguo Egipto, en el Asia Central, grabada en las rocas como la Tau y la Svastika, en la Escandinavia precristiana, en todas partes. El autor de The Source of Measure encuéntrase perplejo ante la sombra sin fin que arroja sobre la antigüedad, y no puede hallar su origen en ninguna nación ni hombre particular. Muestra él los Targumes conservados por los hebreos, oscurecidos por la traducción. En Josué (59), leído en árabe y en el Targum de Jonatan, se dice: “Él crucificó en un árbol al rey de Ai”.

    La versión de los Setenta dice, la suspensión de una palabra doble o cruz (valor de las palabras en Josué)... La expresión más extraña de esta clase está en los Números (XXV, 4) en donde se lee por Onkelos (?): “Crucificadlos ante el Señor (Jehovah) contra el sol”. La palabra aquí es ......, clavar, debidamente traducida (Fuerst) por la Vulgata, crucificar. La construcción misma de esta sentencia es mística (60).

    Así es, pero su espíritu ha sido siempre mal comprendido. “Crucificar ante (no contra) el Sol”, es una frase usada en la Iniciación. Viene de Egipto, y originariamente de la India. El enigma sólo puede ser descifrado buscando su clave en los Misterios de la Iniciación. El adepto Iniciado, que había pasado con fortuna por todas sus pruebas, era atado, no clavado, simplemente atado en un lecho en forma de Tau, ........., en Egipto; en forma de Svastika, sin las cuatro prolongaciones adicionales (+ no .......) en la India; sumergido en un sueño profundo - el “Sueño de Siloam”, como se llama aún hoy entre los Iniciados del Asia Menor, de Siria y aun en el Alto Egipto. Se le dejaba en este estado durante tres días y tres noches, durante cuyo tiempo su Ego Espiritual se decía que se “confabulaba” con los “Dioses”; descendía al Hades, al Amenti o Pâtâla, según el país, y hacía obras de caridad a los Seres invisibles, ya fueran Almas de hombres o Espíritus Elementales; permaneciendo su cuerpo durante todo el tiempo en una cripta o cueva subterránea del templo. En Egipto era colocado en el Sarcófago en la Cámara del Rey de la Pirámide de Cheops, y llevado durante la noche del próximo tercer día a la entrada de una galería, en donde a cierta hora los rayos del sol naciente daban de lleno en la cara del Candidato en estado de “trance” el cual se despertaba para ser iniciado por Osiris y Thoth, el Dios de la Sabiduría.
        El lector que dude de esta afirmación debe consultar los originales hebreos antes de negar. Que examine algunos de los bajos relieves egipcios más sugestivos. Especialmente, uno del templo de Philae representa una escena de la iniciación. Dos Hierofantes-Dioses, uno con cabeza de halcón (el Sol), y el otro con cabeza de ibis (Mercurio, Thoth, el Dios de la Sabiduría y el Saber Secreto, el asesor del Sol-Osiris), se inclinan sobre el cuerpo de un candidato acabado de iniciar. Están en el acto de derramar sobre su cabeza un doble chorro de “agua” (Agua de la Vida y del Renacimiento), estando los chorros entrelazados en forma de cruz y llenos de pequeñas cruces ansatas. Esto es alegórico del despertar del Candidato, ahora Iniciado, cuando los rayos del Sol de la mañana, Osiris, dan en la corona de su cabeza; siendo colocado su cuerpo, en estado de “trance”, en su Tau de madera, de modo que pueda recibir los rayos. Entonces aparecían los Hierofantes-Iniciadores, y las palabras sacramentales eran pronunciadas ostensiblemente al Sol-Osiris, en realidad al Espíritu-Sol interno, que iluminaba al hombre recién nacido.
    Que el lector medite sobre la relación del Sol con la cruz, desde la antigüedad más remota, tanto en su capacidad generativa como en la espiritual regeneradora. Que examine la tumba de Bait-Oxly, en el reinado de Ramsés II, en donde encontrará cruces de todas formas y en todas posiciones; así como también el trono de este soberano, y finalmente un fragmento que representa la adoración de Bakhan-Alearé, del Palacio de los antecesores de Totmes III, conservado ahora en la Biblioteca Nacional de París. En esta escultura y pintura extraordinaria se ve el disco del Sol lanzando sus rayos sobre una cruz ansata, colocada sobre otra cruz, de la cual las del Calvario son copias exactas. Los antiguos manuscritos mencionan estas cruces como los “duros lechos de los que pasaban por el parto (espiritual), el acto de darse nacimiento a sí mismos”. En salas subterráneas de los templos egipcios, se encontraron, al ser destruidos, cierto número de estos “lechos” cruciformes, sobre los cuales eran extendidos y asegurados los Candidatos en estado de profundo trance, al final de la suprema Iniciación. Los santos y dignos Padres del tipo de Cirilo y Teófilo los usaron libremente, creyendo que habían sido llevados y ocultos allí por algunos nuevos conversos. Solamente Orígenes, y después de él Clemente de Alejandría y otros ex iniciados, sabían a qué atenerse en este punto. Pero prefirieron guardar silencio.
    Que el lector lea también las “fábulas” indas, como las llaman los orientalistas, y que tenga presente la alegoría de Vishvakarman, el Poder Creador, el Gran Arquitecto del Mundo, llamado en el Rig Veda el “Dios que todo lo ve”, que “se sacrifica a sí mismo”. Los Egos Espirituales de los hombres son su esencia propia; unos con él, por lo tanto. Recuérdese que él es llamado Deva-vardhika, el “Constructor de los Dioses”, y que él es el que ata al Sol, Sûrya, su yerno, sobre su torno -(en la alegoría exotérica; sobre la Svastika, en la tradición Esotérica, pues en la Tierra es el Hierofante-Iniciador)- y le quita una parte de su resplandor. Téngase también presente que Vishvakarman es el hijo de Yoga-siddhâ, esto es, el santo poder de Yoga, y el fabricante del “arma ígnea”, el Agneyastra mágico (61). En otra parte exponemos por completo esta narración.
    El autor de la obra kabalística que tanto hemos citado, pregunta:

    El uso teórico de la crucifixión, pues, tiene que haber estado relacionado de algún modo con la personificación de este símbolo (la estructura del Jardín del Paraíso simbolizada por un hombre crucificado). ¿Pero cómo? ¿Y qué muestra? El símbolo fue del origen de las medidas, representando la ley creadora o designio. ¿Qué es lo que podía significar respecto de la humanidad, la crucifixión real? Sin embargo, que se mantenía como la efigie de alguna obra misteriosa de la misma clase, lo muestra el hecho mismo de su uso. Parece que hay profundidades bajo otras profundidades respecto a la obra misteriosa de estos valores numéricos (el símbolo de la relación de 113:335 con 20.612:6.561, por un hombre crucificado). No tan sólo se indica que obran en el Cosmos, sino que... por simpatía, parece que construyen estados relacionados con un mundo espiritual invisible, y los profetas parece que han conocido los eslabones de unión. La reflexión se complica más cuando se considera que el poder de expresar la ley, de un modo exacto, por números que definan claramente un sistema, no fue un accidente del lenguaje, sino que era su esencia misma, y la de su construcción orgánica primaria; por tanto, ni el lenguaje ni el sistema matemático a él unido podían ser invención del hombre, a menos que ambos se fundasen en un lenguaje anterior que luego se hizo anticuado (62).

    El autor prueba estos puntos con otras explicaciones, y revela el sentido secreto de la letra muerta de más de un relato, indicando que probablemente ........, el hombre, fue la palabra primordial:

    ...la primera palabra misma que poseyeron los hebreos, quienesquiera que fuesen, para expresar la idea de un hombre, por medio del sonido. Lo esencial de esta palabra era 113 (el valor numérico de esa palabra) desde el principio, y encerraba en sí los elementos del sistema cósmico expuesto (63).

    Esto se demuestra por el Vithoba indo, una forma de Vishnu, como ya se ha dicho. La figura de Vithoba, y hasta las señales de los clavos en sus pies (64), es la de Jesús crucificado, en todos sus detalles, excepto en la cruz. Que se quería significar al HOMBRE, está probado, además, por el hecho de que el Iniciado volvía a nacer después de su crucifixión en el ÁRBOL DE LA VIDA. Este “Árbol” se ha convertido ahora exotéricamente en el árbol de la muerte, a causa de su uso por los romanos como instrumento de tortura, y de la ignorancia de los primitivos cristianos que planearon el esquema.
    De este modo se descubre en los símbolos geométricos que contienen la historia de la evolución del hombre, uno de los siete significados Esotéricos encerrados en este misterio de la crucifixión, por los inventores místicos del sistema cuya elaboración original y adopción data desde el tiempo mismo del establecimiento de los MISTERIOS. Los hebreos -cuyo profeta Moisés estaba tan instruido en la Sabiduría Esotérica de Egipto, y que adoptaron el sistema numérico de los fenicios, y después de los gentiles, de los cuales tomaron la mayor parte de su misticismo kabalístico- adaptaron del modo más ingenioso los símbolos cósmicos y antroplógicos de las naciones “paganas” a sus peculiares anales secretos. Si el clero cristiano ha perdido hoy la clave de esto, los primitivos compiladores de los Misterios Cristianos estaban bien versados en la Filosofía Esotérica y en la Metrología hebrea Oculta, y la usaban hábilmente. Así fue como tomaron la palabra Aish, una de las palabras hebreas para expresar el HOMBRE, y la usaron en conjunción con la de Shânâh o año lunar, tan místicamente relacionada con el nombre de Jehovah, el supuesto “Padre” de Jesús, y encerraron la idea mística en un valor y fórmula astronómicos.
    La idea original del “hombre crucificado”, en el espacio, ciertamente pertenece a los indos antiguos. Moor muestra esto en su Hindu Pantheon, en el grabado que representa a Vithoba. Platón la adoptó en su cruz decusada en el espacio, la X, el “segundo Dios que se imprimía en el universo en forma de cruz”; a Krishna se le representa también “crucificado” (65). También está repetida en el Antiguo Testamento, en la extraña recomendación de crucificar hombres ante el Señor, el Sol, lo cual no es ninguna profecía, sino que tiene un significado fálico directo. En esta misma obra, de las más sugestivas de los significados kabalísticos, leemos también:

    En símbolo, los clavos de la cruz tienen como forma de las cabezas una pirámide sólida, y una punta piramidal cuadrada, obelisco o emblema fálico del clavo. Considerando la posición de los tres clavos en las extremidades del hombre y sobre la cruz, forman o marcan la figura de un triángulo, hallándose un clavo en cada extremo del triángulo. Las heridas o stigmata de las extremidades son precisamente cuatro, signifcativas del cuadrado... Los tres clavos con las tres heridas dan el número 6, que denota las seis caras del cubo desarrollado (que constituye la cruz o la forma del hombre, o 7, contando tres cuadrados horizontales y cuatro verticales) sobre el cual se coloca al hombre; y éste, a su vez, señala la medida circular transferida a las aristas del cubo. La herida única de los pies se convierte en dos cuando los pies se separan, haciendo tres entre todas cuando están juntos y cuatro cuando separados, o 7 en total - otro número fundamental femenino de los más santos (entre los judíos) (66).

    Así, al paso que el significado fálico o sexual de los “clavos de la crucifixión” está probado por la lectura geométrica y numérica, su significado místico es indicado por las cortas observaciones hechas anteriormente sobre el particular, en su relación y situación, respecto de Prometeo. Éste es otra víctima, pues es crucificado sobre la Cruz del Amor, en la roca de las pasiones humanas; un sacrificio, por su devoción a la causa del elemento espiritual de la Humanidad.
    Ahora bien; el sistema primordial, el doble signo que se halla bajo la idea de la cruz, no es “invención humana”; pues la Ideación Cósmica y la representación espiritual del Ego-hombre Divino están en su base. Más adelante se desarrolló en la hermosa idea adoptada por los Misterios y representada en ellos, la del hombre regenerado, el mortal que, crucificando al hombre de carne y sus pasiones en el lecho procústeo de tortura, renace como Inmortal. Dejando al cuerpo, el hombre animal tras él, atado a la Cruz de la Iniciación, como una crisálida vacía, el Ego-Alma se hizo tan libre como una mariposa. Sin embargo, más tarde, debido a la pérdida gradual de la espiritualidad, la cruz se convirtió, en Cosmogonía y en Antropología, nada más que en un símbolo fálico.
    Para los esoteristas, desde los tiempos más remotos, el Alma Universal o Anima Mundi, la reflexión material del Ideal Inmaterial, era la Fuente de la Vida de todos los seres, y del Principio de Vida de los reinos. Éste era septenario para los filósofos herméticos, así como para todos los antiguos. Pues él es representado como una cruz séptuple, cuyos brazos son respectivamente luz, calor, electricidad, magnetismo terrestre, radiación astral, movimiento e inteligencia, o lo que algunos llaman conciencia propia.
     Como hemos dicho en otra parte, mucho antes de que la cruz o su signo fuesen adoptados como símbolos del cristianismo, el signo de la cruz era usado como una señal de reconocimiento entre los Adeptos y Neófitos, siendo estos últimos Chrests - de Chrestos, el hombre de penas y tristezas. Eliphas Lévi, dice:

    El signo de la cruz adoptado por los cristianos no les pertenece exclusivamente. Es también kabalístico, y representa la oposición y el equilibrio cuaternario de los elementos. Vemos en el versículo oculto del Paternoster... que había originalmente dos modos de hacerlo, o, cuando menos, dos fórmulas muy diferentes para expresar su significado: una reservada a los sacerdotes e iniciados; la otra para los neófitos y el profano. Así, por ejemplo, el iniciado, llevando la mano a la frente, decía: a ti; luego añadía, pertenece; y continuaba, llevando la mano al pecho, el reino; luego hacia el hombro izquierdo, la justicia, y al hombro derecho, y la gracia. Luego juntaba las manos y añadía, por todos los cielos generadores. -Tibi sunt Malchut et Geburah et Chesed per AEonas, signo de la cruz magnífico y absolutamente kabalístico, que las profanaciones del gnosticismo hicieron que la Iglesia militante y oficial perdiese completamente (67).

     La “Iglesia militante y oficial” hizo más: habiéndose apropiado de lo que nunca le había pertenecido, tomó solamente lo que el “Profano” tenía, el significado kabalístico de los Sephiroth macho y hembra. Nunca perdió el significado interno y superior puesto que jamás lo poseyó; a pesar de que Eliphas Lévi encubra a Roma. El signo de la cruz adoptado por la Iglesia Latina fue fálico desde el principio, mientras que el de los griegos era la cruz de los Neófitos, los Chrestoi.